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El
Planeta de los Simios es un gran clásico.
Por supuesto tiene su porción de problemas,
pero está saturada de grandes ideas y tiene
un puñado de grandes escenas. Tuvo un éxito
arrollador en su época, y fue el suceso comercial
más grande - cinematográficamente
hablando - en la era pre Star
Wars y cuando la palabra blockbuster aún
no existía. Debido a su impacto disparó
una parva de secuelas, merchandising, dibujos
animados y series de TV. Luego vino George Lucas
y terminó por sepultarla con su propia oda
espacial, dejando a la franquicia de los simios
en estado criogénico. Pasarían más
de 30 años hasta que apareció alguna
mente calenturrienta de Hollywood - algunos dicen
que fue Arnold Schwarzenegger, quien quería
revivir su alicaída carrera cinematográfica
- a la cual se le ocurrió resucitar la saga.
A partir de allí el relanzamiento entró
en el development
hell durante años, y pasaron infinidad
de directores por el proyecto. Desde Ridley Scott
(Alien) hasta Oliver Stone
(Pelotón), pasando por Chris Columbus
(Harry
Potter y la Piedra Filosofal) y el amigote
de Schwarzenegger, James Cameron (Avatar).
Cuando Cameron se fué el austríaco
quedó solito y quiso remontar la cuesta por
su cuenta, pero la cantidad de trabas impuestas
por los popes de los estudios terminaron por sepultar
toda sus esperanzas. Y, en el 2001, a alguien se
le ocurrió llamar a Tim Burton. Una decisión
en principio acertada, ya que todo el mundo sabe
que Burton es un genio y tiene buena mano para el
cine fantástico.
Y yo también compartía
ese optimismo hasta que vi el producto terminado.
Podría calificarlo como decepcionante,
pero creo que hay una palabra más adecuada
para definirlo, y es banal. Atrás,
enterradas en el tiempo, quedaron las sublecturas
raciales, sociales y políticas del original
de 1968 - uno puede entender que las épocas
evolucionaron y hasta podría aceptar que
la versión 2001 de El Planeta de los
Simios carezca de subtexto, siendo reimaginada
como una aventura en el sentido puro de la palabra
-. Pero eso no le da el derecho a convertirse
en una pavada. Comencemos con una: simios
entrenados para comandar naves espaciales.
¿Para qué?. ¿Por qué
no mandan sondas con un mono atado a una silla,
por si quieren ver si una anomalía espacial
le hace algo a un ser vivo?. Segundo punto:
Mark Wahlberg llegando a un planeta en donde
los humanos hablan, son cultos, están depilados,
teñidos de rubio y tienen extensiones en
el pelo. Al diablo se fueron los humanos brutos,
mudos e incivilizados al estilo de Linda Harrison
en el original. ¿Por qué hacerlos
hablar y que sean cultos e inteligentes?.
Simplemente porque el libreto lo escribieron una
sarta de guionistas vagos, que decidieron no matarse
pensando como cacso hacer para que el protagonista
pase 90 minutos hablando solo o por señas
con otros.
Y la lista sigue. Tercero: ¿por
qué las simias se ven como muñecas
inflables maquilladas?. Tienen pelos lacios
y teñidos, usan pelucas y baby dolls...
mientras que los monos se ven como monos!. Es
absurdo, una pésima decisión creativa
que lastima la credibilidad. Cuarto: ¿por
qué el planeta está habitado por
super monos capaces de volar 10 metros en el aire?.
La acción es tan exagerada y poco creíble
que parece una película dirigida por Barry
Sonnenfeld (¿se acuerdan de Los Locos
Adams??). Todo se lanza contra la cámara,
hay exceso de efectos especiales. La aproximación
minimalista de 1968 era mucho más efectiva.
Quinto: ¿por qué poner chistes
anacrónicos?. Monos con peluca y dentadura
postiza, o drogándose, o escuchando música
moderna. Lo que podría ser la intención
de satirizar costumbres de la cultura humana termina
por convertirse en algo anacrónico, aberrante
y que no se condice con el seteo de la historia.
En un momento Tim Burton inserta tantos chistes
que parece una mala comedia: ¿organizaciones
de Derechos Humanos? (en el climax) ¿monos
vendiendo aspirinas, algo de lo cual no sabían
ni su existencia ni su utilidad 5 minutos antes
de esa escena?.
Y sexto (y no menos importante):
¿por qué montar toda la historia
sobre un héroe completamente egoísta,
un tipo al que le importa un pito la suerte de
los monos y de los humanos, y que solo piensa
en rajarse del planeta en donde cayó?.
Si le sumamos a esto un séptimo detalle
- el estúpido Deus Ex Machina del
final - y un octavo - la última
escena que, si uno la analiza en retrospectiva,
carece de sentido (¿cómo
evolucionó la Tierra para convertirse en
otro planeta de los simios?) -, verá que
El Planeta de los Simios 2001 es un compendio
de absurdos y pésimas decisiones creativas.
Sin duda hay aciertos - los maquillajes de
los simios machos son muy buenos; hay algunos
diálogos con chispa; el villano de Tim
Roth es realmente siniestro - pero los errores
de criterio abundan y abruman. Y aún cuando
uno se desprenda de la memoria del clásico
de 1968, podrá ver que la versión
2001 es una aventura hueca, que desperdicia
las posibilidades de una premisa tan rica y la
banaliza en un show de efectos especiales y maquillaje
sofisticado.
¿Hace falta aclarar
que no me gustó ni medio? |