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USA / Italia, 1965
: Barry Sullivan (Capitan Mark Markay), Norma Bengell (Sanya),
Angel Aranda (Wess), Fernando Villena (Karan), Evi Marandi (Tiona)
Director - Mario Bava, Guión - Ib Melchior sobre
el cuento One Night of 21 Hours de Renato Pestriniero, Musica -
Kendall Schmidt |
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TRAMA : Dos naves, Argos y Galliot, acuden
a investigar una extraña señal de auxilio que proviene
de un planeta desolado. Pero al llegar, la potencia de la gravedad
los fuerza a aterrizar. La tripulación de la Argos, comandada
por el Capitan Mark Markay, comienza a luchar entre sí hasta
que son detenidos. Al parecer existe una fuerza misteriosa que los
ha controlado mientras han quedado inconscientes en el descenso. Recuperando
la cordura, van a buscar a la tripulación de la Galliot, que
se ha estrellado en otra parte del planeta, pero descubren que todos
sus miembros están muertos. Markay y su equipo entierran los
cuerpos mientras se dedican a reparar su nave. Pero los cadaveres
cobran vida y pronto atacan a los tripulantes de la Argos, intentando
tomar el control de la misma. Y es que una raza de seres invisibles
permanece prisionera en el planeta, con lo cual la Argos se transforma
en su única vía de escape. |
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Para mediados de los años 60 la AIP (American International
Pictures) se había dado cuenta que los filmes de horror
importados de Italia generaban excelentes resultados en la taquilla.
Títulos como Black Sunday y Black Sabbath (precisamente
de Bava) habían probado ser exitosos y, antes de comprar los
derechos nuevamente de otros títulos, la AIP decidió
intervenir como co-productora. Uno de los primeros filmes fruto de
dicha asociación es precisamente Planet of the Vampires,
dirigido por Mario Bava.
Bava era un prolífico director italiano de cine de terror,
y cuyo trabajo ha sido influencial dentro y fuera de fronteras.
Se le acredita haber dirigido el primer giallo (como se le
llama al violento cine de suspenso italiano) con La Ragazza Che
Sapeva Troppo (1963) así como el primer film de sci fi
italiano (The Day the Sky Exploded) en 1958, y realizar los
primeros pasos del género slasher con Reazione
a Catena (1971). Numerosos directores han reconocido la influencia
de la obra de Bava en sus trabajos, desde Dario Argento hasta Martin
Scorsese.
Aquí Bava queda al mando de una historia de ciencia ficción
y horror, con un presupuesto obviamente risible. Y sale airoso.
Es increíble lo que Bava logra con la imaginación
y efectos ópticos, consiguiendo que el film se vea bastante
más caro de lo que en realidad costó. Una de las anécdotas
que contaba Bava es que la producción sólo contaba
con dos rocas de utilería (sí, dos rocas!)
para hacer de decorado, y que fueron multiplicadas a través
de un complejo sistema de espejos en el set. Sin dinero para efectos
especiales, las naves y los planetas fueron maquetas movidas directamente
frente a la cámara. No serán maravillosas pero sí
funcionales y se ven bien.
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Pero el gran logro de la escenografía pasa por el interior
de las naves y el planeta, que son de un colorido pop fascinante.
No hay sci fi más fashion que la ciencia ficción
italiana (y europea) de los 60, donde los trajes futuristas parecen
el delirio de un diseñador de modas (aquí las mujeres
parecen exhiben una gran sensualidad, envueltas en sus trajes de
latex, aunque la visión de Barry Sullivan en PVC no sea de
lo más apetecible) y los decorados son de un rojo incandescente.
Uno piensa en títulos como Barbarella
o Diabolik e inmediatamente viene a la mente una estética
pulp de ciencia ficción. Son viñetas de comic
de colores recargados y alto delirio visual.
Mario Bava se las arregla aquí para dirigir una película
muy modesta, con presupuesto cero, historia corta y logra obtener
algunos buenos resultados. Ciertamente el comienzo es bastante abominable,
con un montón de actores diciendo todo tipo de disparates
que intentan parecer jerga de vuelo espacial. Pero cuando la nave
llega al planeta, comienza a repuntar puntos. En especial con los
efectos de la niebla, que cubre inmediatamente el piso como si fueran
dedos invisibles. Otras escenas muy bien conseguidas son el despertar
de los muertos de la tripulación (dominados por la raza invisible
que desea escapar del planeta), y la clásica secuencia con
Barry Sullivan y Norma Bengell en el interior de una nave alienígena
estrellada, que muchos la consideran como influencial en una toma
similar de Alien (1979). Los enormes esqueletos de los aliens
y el ambiente sobrenatural de la nave son impactantes, aunque la
secuencia se queda algo corta en relación a todo lo que podría
haber brindado.
Pero, mientras que el director consigue algunas sorpresas y sustos,
no se puede desestimar que es un relato modesto. Al menos los personajes
se comportan con bastante inteligencia, y todo se reduce a una serie
de idas y vueltas entre una nave y la otra. Tampoco el final es
excesivamente sorpresivo, aunque por lo menos intenta zafar de los
rutinarios happy endings del género. Como típico
director italiano Bava suele usar zooms rápidos, pero no
abusa de ello. En todo caso es sci fi pochoclera hecha de manera
competente, que permite pasar el rato, sorprender un poco, y terminar
por dar resultados satisfactorios para el espectador.. |
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