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Los años 50 representan el auge de la cinematografía
norteamericana; es en esa época donde comienza a definirse
las raíces de la gigantesca industria que es hoy. Mientras
que hasta ese entonces, la filmografía americana era comparable
en presupuesto y calidad a la de otros países (Mexico, Argentina,
etc.), con la única diferencia de tener actores más
conocidos, es en la post guerra cuando el cine estadounidense se transforma
en un boom. El motivo es bastante simple : es el inicio de la moda
de los autocines, lo que expande en enormes proporciones la cantidad
de salas instaladas, y se genera un mercado gigante de consumo masivo
de filmes.
No sólo se debía satisfacer semejante demanda, sino
también empieza a surgir el público adolescente como
gran consumidor de cine. Ciertamente salas secundarias y autocines
eran utilizados por la juventud, ejem ... con otros propósitos
más explícitos que ver una película,
pero la realidad es que la venta de tickets crecía a pasos
agigantados. La denominada serie B, la cinematografía
sin estrellas ni presupuesto, acudiría en masa a cubrir las
vacantes cinematográficas del programa. Y, en vista de la
masividad y la urgencia además de los gustos del público
juvenil, devendría todo un boom de cintas musicales, de terror,
ciencia ficción y otros géneros considerados menores
que no tenían cabida en los grandes estudios.
En vista de ese panorama, era bastante fácil (relativamente)
entablar un proyecto cinematográfico, obtener inversores
y conseguir ganancias con casi cualquier tipo de film. Hablando
específicamente de la ciencia ficción, la década
vería obras clásicas como La
Guerra de Los Mundos hasta bazofias como Robot Monster.
A lo que apuntamos es que cualquier emprendimiento podía
obtener dividendos, e incluso gente totalmente incapaz podía
hacer carrera y continuar filmando aunque sus películas fueran
espantosas.
Es en este contexto donde aparece Edward D. Wood Junior, más
conocido como Ed Wood. La historia de Wood es tan bizarra como sus
películas, y todos la hemos conocido en parte gracias al
film homenaje de Tim Burton de 1994, pero ciertamente Wood era un
personaje de culto desde mucho antes. Drogadicto, alcohólico,
de sexualidad no muy definida, fetichista, delirante y rodeado de
un troupe de personajes bizarros en la vida real, cuya vida bien
podría definirse como una obra de John Waters en vivo y directo.
La fama de Wood comienza en 1980, cuando en los premios Golden
Turkey se elige por votación unánime a Plan
9 del Espacio Exterior como el peor film de todos los tiempos.
Pronto la gente comenzaría a desenterrar esta rareza de un
director desconocido como Wood, y se llevaría una (grata)
sorpresa, por lo que se iniciaría todo un movimiento espontáneo
y un boca a boca increíble que llevaría a la demanda
de más filmes de la carrera de Wood, promoviendo que incluso
obras nunca estrenadas vieran la luz y obtuvieran salida a video.
Esto es lo que se dice, un verdadero movimiento de culto.
Ed Wood no es el peor director de la historia, ni Plan 9 del
Espacio Exterior la peor película. Para ejemplos de cine
malo está King Kong Vive, Krull, o buena parte
de la cinematografía de Charles Band (por citar algunos casos).
Son filmes aburridos, chocantes o ridículos que resultan
imposibles terminar de ver. Por el contrario, Plan 9 del Espacio
Exterior y otros filmes de Wood son un placer culpable, ya que
son deliciosamente absurdos y totalmente entretenidos. El nivel
de error e idiotez es tan grande, que es imposible no reírse
a carcajadas.
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Ciertamente calificar con 5 arlequines a una obra de Wood pareciera
un sacrilegio, considerando que a 2001, Odisea
del Espacio le dimos sólo 4. Pero nuestra calificación
se basa en el grado de entretenimiento, y en la ejecución
de ideas. Precisamente Plan 9 del Espacio Exterior carece
totalmente de ideas : es un inmenso collage hecho por falta
de presupuesto, falta de actores, directores y efectos decentes,
de sucesos fortuitos (como la muerte de Lugosi en pleno rodaje,
y sustituirlo con un doble que no se le parece en nada) y de un
guión descerebrado que era modificado en cada escena.
Si bien la obra de Tim Burton tendía a idealizar a Ed Wood,
la realidad es que era una persona con graves problemas. Después
de su apogeo en los 50 con la ciencia ficción (apogeo es un
decir, ya que todas sus obras en vida fueron un fracaso), Wood sobreviviría
escribiendo libretos bajo seudónimo para filmes eróticos
y dirigiendo softcore y cintas de terror clase Z, casi siempre
alcoholizado o bajo el efectos de estimulantes. Su troupe también
se desintegraría, algunos muriendo violentamente como John
Breckinridge, otros terminando en la miseria como Vampira o Tor Johnson,
y otros desapareciendo totalmente del mapa como el falaz Criswell.
Pero dejando de lado mito y realidad, objetivamente Wood era ciertamente
un idealista. Un tipo que ponía extremo empeño en
concretar su visión artística, superando obstáculos
imposibles y plasmándolos en celuloide. En todo caso, sus
obras no dejan de ser visiones infantiles de la ciencia ficción
o del terror. Un chico de 12 años bien podría haber
escrito Plan 9 del Espacio Exterior, y todo da la impresión
de ser obras montadas caseramente con unos amigos, con la fundamental
excepción que para Wood resultaban ser tratamientos artísticos
serios. Lo cual lo termina por hacer más ridículo
y gracioso. Uno no ve en estos filmes a los actores reírse
de lo malo de sus diálogos o lo improvisado de los escenarios,
sino que están interpretados de manera estoica. Existe un
convencimiento general de que están haciendo una buena película,
lo cual es un una diferencia primordial con otros largometrajes
filmados como malos a propósito (como Me desperté
temprano el día que me mataron de 1998, con Billy Zane,
basada en un argumento perdido de Wood), que fallan miserablemente
en capturar el espíritu Woodiano.
Los gafes del film son memorables; no sólo están
los errores de continuidad mencionados por el deceso de Bela Lugosi
durante la filmación; hay escenas filmadas con personajes
dialogando, uno filmado de noche y otro de día; los platos
voladores son redondos pero externamente son rectangulares (en realidad,
el acceso a los mismos parece el galpón del jardín
del vecino); los decorados de la nave son unas cortinas, unas mesas
y sillas y un viejo radio transmisor; la cabina del avion son dos
sillas, un reloj y una cortinita; los actores cierran las puertas
y los decorados se bambolean; los personajes voltean sin querer
las lápidas de cartón del cementerio; los platos voladores
se bambolean sobre sus evidentes hilos y resultan ser tazas de ruedas
de autos; además del pétreo nivel actoral general,
los terribles diálogos y la estupidez crónica de la
historia, que termina transformando al film en una comedia involuntaria
terriblemente graciosa.
Es triste que Ed Wood haya sido descubierto demasiado tarde. El
equivalente moderno bien podría ser John Waters, aunque Waters
últimamente se ha diluído en la maquinaria hollywoodense,
y es mucho más sexista que el naif Wood. Es lamentable,
no porque Wood generara un cine de calidad pero sí porque
hacía involuntariamente un buen cine de entretenimiento,
lo cual supera ampliamente a una inmensa legión de artesanos
comerciales modernos que sólo filman bodrios. Y, por otro
lado, porque hubiera resultado interesante ver qué hubiese
pasado si a Wood le hubieran dado reconocimiento - no en el sentido
serio que él buscaba - y mayor cabida en la industria del
cine. Pero eso, es sólo algo que Criswell puede saber. |
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