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USA, 2011: Johnny Depp (Capitán
Jack Sparrow), Penelope Cruz (Angelica), Geoffrey Rush
(Capitán Hector Barbossa), Ian McShane (Edward
‘Barbanegra’ Teach), Kevin McNally (Joshamee
Gibbs), Sam Claflin (Philip Swift), Astrid Berges-Frisbey
(Sirena)
Director
- Rob Marshall, Guión - Ted Elliott & Terry
Rossio
TRAMA : El pirata Jack Sparrow
descubre que alguien está usando su nombre para
enrolar marineros y lanzarse a la búsqueda de
la mítica Fuente de la Eterna Juventud. El impostor
resulta ser Angélica, un antiguo amor de Sparrow,
y quien resulta ser la hija del pirata Barbanegra. Como
pesa una letal profecía sobre Barbanegra - que
morirá en menos de 15 días a manos de
un hombre con una pata de palo -, Angélica quiere
llevar a su padre a beber el agua del manantial mágico
para reestablecer su salud y hacerlo inmortal. Pero
ya hay varias facciones lanzadas en la búsqueda
de la fuente, incluyendo a la Armada Española
y al antiguo némesis de Sparrow, Hector Barbossa,
quien ha sido enrolado como corsario para la corona
británica. Y aunque todos han obtenido - de un
modo u otro - una copia del mapa que señala la
localización de la fuente, se les avecina una
competencia despiadada por apoderarse de los elementos
necesarios para completar con éxito el rito de
la eterna juventud, lo que incluye apoderarse de un
par de cálices mágicos y y capturar alguna
de las letales sirenas que habitan las zonas más
peligrosas y prohibidas del planeta.
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Piratas
del Caribe: La Maldición del Perla Negra (2003)
es un clásico que la Disney sacó
de la galera y terminó por devenir en una trilogía
multimillonaria. Era obvio que el estudio del ratón
no se iba a quedar de brazos cruzados si veía la
oportunidad de exprimirle unos dólares más
a la franquicia, y así es como se aventuró
con esta nueva secuela. Todo parece indicar que a Hollywood
le quedan cada vez menos pudores con tal de seguir recaudando
monedas, y la última moda es la de las cuartas
partes. Los intentos de revivir franquicias veneradas
y archivadas como Duro de Matar,
Rambo, Indiana
Jones, Scream y un largo
etcétera han culminado en una serie de resultados
mixtos, que van de lo delicioso a lo execrable. Piratas
del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas es la última
incorporación a dicho grupo, y se la podría
resumir en tres palabras: "larga" y "poco
inspirada".
La secuela viene con unos cuantos cambios. No está
Orlando Bloom ni Keira Knightley, ni tampoco ha regresado
el director Gore Verbinski, ni la tripulación
del Perla Negra (a excepción de Geoffrey Rush
y Kevin McNally). Para compensar esto trajeron a Rob
Marshall, un tipo especializado en musicales como Nine
o Chicago (pero que jamás rodó
un filme de aventuras), y sumaron a un par de intérpretes
de renombre como Penelope Cruz e Ian McShane. Pero aún
con semejantes refuerzos, el resultado final no termina
de convencerme.
Hay varios detalles que juegan en contra. La primera
es reducir el cast, lo cual le da mayor protagonismo
a Johnny Depp pero borra de un plumazo a toda una troupe
de personajes que eran realmente graciosos. A mi juicio
la función de Depp en la saga siempre ha sido
la de ser un comic
relief secundario y extravagante (que se la
pasaba robando escenas), y así era como todo
funcionaba mejor. La cuota de aventuras la ponía
Bloom, y el romance lo ponía Knightley, pero
la chica siempre estaba enamorada del héroe y
no del comic relief. Acá los guionistas
se sintieron con la obligación de darle un romance
válido a Jack Sparrow, pero la química
con el personaje de Penélope Cruz se ve forzada.
Y ninguno de los recién llegados logra compensar
la ausencia del mono de mal carácter, el mudo
que hablaba por su loro, o el dúo del pelado
y el flaco con el ojo de madera. Ian McShane es
algo estoico, pero en su defensa diré que el
libreto no le da las líneas que el papel precisaba
para brillar; Penélope Cruz es gélida;
y, de los nuevos, los que mejor funcionan son dos desconocidos
- Sam Claflin y Astrid Berges-Frisbey -, que
componen a un sacerdote y a una sirena, y que le dan
la cuota de calidez que la trama precisaba. Lástima
que sus papeles son demasiado pequeños...
La primera hora se hace tediosa debido a que el director
y el protagonista se pasan todo el tiempo intentando
repetir - sin éxito - la magia de la primera
trilogía. Las escenas de acción se ven
repetidas, lentas y recargadas de efectos especiales,
y son una clara señal de desesperación
de un director que no sabe cómo inyectarle adrenalina
al relato. Hasta los diálogos son chatos. Por
suerte el que ha conservado su talento intacto ha sido
Geoffrey Rush, el que resulta un deleite en cada una
de sus intervenciones; pero Depp está demasiado
tiempo en pantalla, y hay momentos en que se lo ve cansado
y sin carisma.
Donde Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas
logra repuntar un poco, es al momento del encuentro con
las sirenas. Estas hermosas criaturitas marinas
se transforman, de un momento a otro, en una horda de
horrendos depredadores, y es el único momento del
filme que funciona como debería. Lo que le sigue
tiene algo más de empuje, aunque la gracia llega
en telegramas; es como si el libreto se tomara muy en
serio a sí mismo y quisiera poner el acento en
la aventura en vez de la comedia, sin terminar de ser
satisfactorio en alguno de los dos terrenos. Como película
para pasar el rato, Piratas del Caribe: Navegando
Aguas Misteriosas llega al status de ok con
lo justo. Tiene algo de decepcionante, ya que a esta
fiesta del reencuentro faltaron la mitad de los amigos
y, los que vinieron, no se encontraban en sus días
más graciosos. Y aunque el filme viene recaudando
bien en los mercados internacionales - aunque en
USA le está costando recuperar los 250 millones
de presupuesto -, la impresión de que se
trata de un paso en falso es extendida entre los fans
de la saga (¿cuatro años de espera
para esto?). Sería cuestión de ver,
en una futura instancia, si los responsables han atinado
a reconocer las fallas de esta entrega como para poder
corregirlas antes de terminar de hundir a una saga amada
por mucha gente (entre los cuales me incluyo).
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