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TRAMA : Max Cohen es un genio matemático
que vive recluído en su departamento, y padece
frecuentes ataques de fobia. Reconocido su talento para
las estadísticas, Max es asediado por los cazadores
de talento de Wall Street para contratarlo y conseguir
sus servicios como previsor de las tendencias del mercado.
Pero Max se encuentra obsesionado con una teoría
que él ha elaborado: de que todo lo que existe
en el universo se encuentra regido por leyes matemáticas,
y de que él puede encontrar el patrón
que devela el comportamiento a futuro de todas las cosas.
Cuando un día se topa con un judío cabalista,
éste le explica casualmente que existe la teoría
de que el Torah, escrito en hebreo original, oculta
un código secreto - un número de 216 dígitos
- que Dios nos ha legado. Utilizando la tecnología,
Max comienza a creer que ha encontrado el patrón
secreto del Torah y, coincidente con su teoría,
se trataría del nombre secreto de Dios, el que
permite predecir el funcionamiento exacto del Universo.
Muy pronto el joven se verá asediado por religiosos
judíos y oscuros operadores de Wall Street, quienes
lo presionarán para que revele dicho número
místico.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Pi es el filme de culto que puso al nombre de Darren
Aronofsky entre la lista de genios del cine. Generalmente
esas calificaciones suelen ser apresuradas, y se necesita
una sólida carrera artística para demostrar
que un éxito de crítica no ha sido un golpe
de suerte (o inspiración) pasajero. Con lo visto
en su último filme The
Fountain, a mi juicio Aronofsky posee cualidades de
sobra.
Pero a su vez Pi es una obra excesivamente alabada
por sus cualidades formales - ambientación, estética,
clima, actuaciones - pero no por sus verdaderos quilates,
que son intelectuales. Es una prueba más de lo
superficial que suele ser la gente de la crítica
- si ganó un premio y no entendieron la película,
se dedican a repetir como loros alabanzas a méritos
que ellos ni han apreciado, o se dedican a elogiar los
aspectos superficiales de la obra -. Ciertamente Pi
no es para cualquiera, y dudo que alguien pueda demostrar
a ciencia cierta si todas las elaboraciones matemáticas
que muestra el film son reales o son una sanata inteligentemente
construída. De acuerdo a la Wikipedia,
las teorías de la película no son nuevas,
e incluso el nombre de Dios ya está develado
en el Torah - lo que se conoce como Tetragrammaton
(nombre que Kurt Wimmer se robó para su film
Equilibrium) y que responde
a las siglas YHWH o YHVH -; lo que se
ha perdido no es en sí el nombre de Dios sino
la pronunciación, ya que en hebreo antiguo no
existen las vocales; y la sigla consta de puros consonantes,
con lo cual las variaciones de pronunciación
son enormes.
Pero dejando de lado si Aronofsky es original, un brillante
mentiroso o un simple reciclador de teorías intelectuales
que siempre existieron y ahora las pone a la luz del público,
lo cierto es que PI es un experimento que funciona
a base de pura inteligencia. Es ciencia ficción
intelectual, basada en la creencia que existe un universo
paralelo al nuestro (las matemáticas) que permiten
explicar todo lo que sucede ahora y a futuro. Lo único
que se precisa es encontrar la matriz universal que rige
a todas las cosas. Con ese enfoque lo que propone Aronofsky
es un thriller matemático. Lenta pero constantemente
empieza a volcarnos ideas y teorías, y las hace
de manera que uno vaya digiriendo los conceptos. No importa
si entendemos todas las tesis matemáticas que se
explican en el film; lo que importa es que tengamos las
nociones básicas de lo que está sucediendo
en la trama.
Definitivamente no es una película para cualquiera.
Es una cinta que requiere nuestra atención y
nuestro poder de deducción. Mas allá de
que el patrón matemático pueda ser o no
la esencia del comportamiento del universo (y la llave
de acceso a Dios), Aronofsky lo condimenta con la inestable
condición mental del protagonista, con lo cual
no sabemos si su descubrimiento es verdad o una simple
fantasía paranoica. Como le explica su amigo
Sol, cuando uno se obsesiona con una idea, comienza
a descubrir pistas de ella en todos lados. Y debido
al cuadro de alucinaciones, extrema ansiedad y rasgos
paranoides, las crisis de Max dan a pensar que se trata
de una teoría elaborada por una mente perturbada.
Los matones de Wall Street, la persecución de
los judíos religiosos, el acoso de los vecinos...
todo puede interpretarse como síntomas de una
mente al borde de la locura.
El clima que crea Aronofsky para el film es eminentemente
Lynchiano. Fotografía en blanco y negro
brillante, imágenes oníricas, gente que
habla con sus propios códigos. Mientras que David
Lynch suele obsesionarse con la imaginería sexual,
aquí es un mundo de imaginería puramente
intelectual - números, símbolos, gráficas,
tecnología -. Y por momentos pareciera que Darren
Aronofsky sintoniza a David Cronenberg - cuando el mainframe
que Max posee en su departamento se funde (a causa del
infinito cálculo de Pi), destila un líquido
orgánico que bajo el microscopio revela la misma
estructura de espiral similar a la gráfica que
tiene obsesionado al matemático (¿el
número se ha transformado en algo material?)
-. En la construcción del clima de suspenso y la
escalada de revelaciones, el director es brillante.
El final es abierto. (alerta:
spoilers). El espectador puede deducir lo que
desee. Se puede interpretar que Max se ha practicado
una lobotomía casera, y por fín ha acallado
las voces de su interior - como Icaro, se ha acercado
tanto a la verdad que se ha quemado -; o bien, que Max
realmente ha accedido a otra dimensión tras su
contacto con Dios, y ahora vive en una réplica
del mundo actual (el brillo excesivo del cielo da que
pensar de que Max se encuentra en una especie de realidad
virtual). En todo caso, elaborar una conclusión
adecuada para una historia tan intrincada es imposible,
y es preferible dejarlo en el terreno de la incognita.
Prefiero los finales abiertos de Aronofsky antes que
el cachetazo en la cara de la soberbia de Kubrick en
el clímax de 2001, Odisea
del Espacio. (fin de spoilers).
En cualquier caso, Pi es una experiencia desafiante.
Si usted se engancha con la historia, es una teoría
fascinante. Si no lo hace, es un entretejido intelectual
imposible de digerir. Si hay algo que reprocharle a
Aronofsky es que la historia se acelera súbitamente
al momento de que Max descubre el número secreto,
y comienzan las persecuciones de todo tipo - es como
si el film entrara a repetir los clisés más
usuales del género de conspiraciones -. Pero
es un detalle menor; es una muestra de talento brillante
tanto en lo argumental como en la ejecución.
Y definitivamente es un film que merece ser visto. |