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USA, 2011 : David Hyde Pierce
(Warwick Wilson), Clayne Crawford (John Taylor), Nathaniel
Parker (detective Morton), Helen Reddy (Cathy Knight),
Megahn Perry (Simone Demarchi)
Director
- Nick Tomnay, Guión - Nick Tomnay
TRAMA : John Taylor acaba de
robar un banco pero los planes no han salido como lo
esperado, y ahora se encuentra herido, sin dinero y
a la fuga. Buscando un lugar en donde esconderse, Taylor
toca a la puerta de una lujosa mansión y -
utilizando la excusa de que lo han asaltado - logra
ser atendido por el dueño de la casa. El refinado
anfitrión - que dice llamarse Warwick y se
encuentra esperando gente a cenar - le ofrece quedarse
a la comida, y Taylor acepta mientras se encuentra midiendo
visualmente en dónde puede haber dinero escondido
en la casa. Pero la cena se interrumpe bruscamente cuando
por la TV pasan la foto de Taylor como hombre buscado
por la policía. Sintiendo que su fachada se ha
desmoronado, el ladrón amenaza a Warwick con
un cuchillo, pero comienza a sentirse súbitamente
mareado y termina por desvanecerse. Y enorme será
su sorpresa cuando se despierte maniatado a la silla
y descubra que Warwick es un peligroso esquizofrénico
que imagina estar en una fiesta rodeado de amigos...
a los cuales les ofrecerá el desmembramiento
del ladrón como el sangriento grand finale
de la noche.
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Construir un villano perfecto es una tarea difícil.
Debe ser ingenioso, carismático, chistoso, agradable
y siniestro. El Perfecto Anfitrión no logra
el cometido en un 100% pero se acerca bastante. El problema
es que el libreto no tiene suficiente nafta para centrarse
por completo en la exploración de la relación
entre asesino y víctima, y decide emparcharlo con
otras subtramas de relleno. Si bien estas subtramas son
bastante ingeniosas de por sí, parecen ajenas y
pertenecientes a otro filme, aunque en si la valoración
final siempre termina resultando satisfactoria.
En sí, la trama no es super original y uno puede
anticipar las vueltas de tuerca de la misma. Esto es
básicamente un escenario hitchcockiano:
violento ladrón irrumpe en una casa y, lo que
parece ser la esperada situación de sometimiento
termina por darse vuelta cuando descubrimos que el dueño
de la casa es un sicótico mucho más peligroso
que el ladroncito que tuvo la mala suerte de
caer en ese domicilio. Hay varios flashbacks
distrayentes - explicando cómo el ladrón
decidió a dar el golpe en el banco; cómo
la fuga le sale mal; cómo irrumpe en la casilla
de correo de una casa para leer las cartas, obtener
info sobre la víctima y hacerse pasar por un
amigo de la familia - hasta que llegamos a la cita
central entre el criminal de poca monta y David Hyde
Pierce, quien monta aquí una versión siniestra
de su Niles Crane de la serie Frasier. El ladrón
se pone violento y parece tener el control de la situación
hasta que... se desvanece por la droga que el anfitrión
de la casa le metió en el vino. Al parecer
el buen hombre contaba con sus propios planes desde
antes que el ladrón pusiera un pie en la puerta
de su mansión.
Lo que sigue es muy interesante y divertido, especialmente
porque la perfomance de Hyde Pierce le pone todo el condimento
que precisa el papel. El tipo es como una especie de
Hannibal Lecter más casero y con mejores
gustos culinarios. Alucina que su casa está
poblada de amigos imaginarios y, mientras el ladrón
está atado, le muestra su album de fotos en donde
se ven las sanguinarias carnicerias a las que suele someter
a las víctimas que tocan a su puerta. A las 12
los tajea por todo el cuerpo; a las 3 comienza a rebanarle
extremidades, y a las 6 de la mañana el grand
finale es degollarlos en una bañera. Esas
sí que son fiestas...
Los problemas del filme pasan por dos aspectos: mientras
David Hyde Pierce y Clayne Crawford están en
la mesa, en medio de un tenso diálogo, la acción
es interrumpida por saltar a otras sub tramas - la
investigación policial del robo, la causa por
la cual el ladrón decidió cometer el atraco
-, lo que arruina el excelente clima. El otro punto
es la resolución de la situación de secuestro,
que bordea lo absurdo y que sirve para una serie de
revelaciones algo traídas de los pelos
(alerta spoilers) como que hubo una traición
totalmente inesperada, y que el villano resulta ser
el jefe de la policía. Lo que sigue es entretenido
pero parece pertenecer a una película diferente,
casi Tarantinesca, y que no cuaja muy bien con
el tenso suspenso sicológico de mitad del filme.
(fin spoilers).
El Perfecto Anfitrión es un producto
muy superior a la media aún cuando tenga su cuota
de desprolijidades. David Hyde Pierce se roba el show,
y hay un puñado de cosas ingeniosas, razón
por la cual uno puede recomendarla tranquilamente.
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