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La Pasión de Cristo es una obra monumental. Es un ejemplo
brillante del mejor cine pero, a su vez, es una paradoja viviente
: todo el mundo alaba el film pero nadie se atrevería a volver
a verlo.
Cinematográficamente, la vida de Jesús ha sido, en
el mejor de los casos, mediocremente tratada. En toda la filmografía
previa a la obra de Mel Gibson, la inmensa mayoría de películas
sobre Jesús ha resultado acartonada, cuando no con cierto
ridículo tono de sermón. El problema con los filmes
religiosos es que, a pesar de los millones y de las estrellas, de
los fastuosos decorados y del talento reunido, no dejan de ser obras
de parroquia bien montadas. Rey de Reyes, El Manto Sagrado,
o Los Diez Mandamientos (por nombrar algunos de los más
conocidos films basados en historias de La Biblia) no pueden
dejar de lado cierta pomposidad y actitud reverencial sobre el material
que les atañe, sin producir ningun tipo de análisis
inteligente sobre el tema, o al menos una nueva perspectiva. A mí
no me sirve Jeffrey Hunter como Jesús, recitando en tono
barítono parlamentos de La Biblia, y enfundado en
impecables túnicas recién salidas de la tintorería.
O visiones estilizadas como la de Franco Zeffirelli. Es interesante
al respecto algunas conclusiones de Martin Scorsese, quizás
el único director que se atrevió a darle un nuevo
cariz a una historia por todos conocida, con La Ultima Tentación
de Cristo :"no quería a Jesus o a sus discípulos
limpios ni inmaculados; no quería que hablaran recitando;
quería que se vieran sucios, vulgares y hablando como tú
o como yo". A pesar de su controversia, La Ultima Tentación
de Cristo es un intento muy logrado de actualizar, desacartonar
y y acercar la historia de Jesús al gran público,
desde un punto de vista inteligente.
Pero si la obra de Scorsese fué considerada controversial,
parece un grano de arena en el desierto comparado con la polvareda
que levantó La Pasión de Cristo. Como siempre,
las polémicas siempre se desatan sobre aspectos secundarios
y no se vé el bosque, sólo el arbol. Primero, porque
se dijo que había un tono antisemita muy pronunciado en el
film, cosa que no es cierta. Uno puede decir que los judíos
condenan a Jesús, forzando la mano de Pilatos... pero en
realidad, es una conjunción de situaciones e intereses que
llevan a esa situación. La sensación que me da el
film es que todos estos actores históricos están involucrados
en una serie de mecanismos que deben cumplirse porque así
Dios lo ha definido. Están predestinados a jugar esa suerte
de papeles para que el destino natural de Jesús - inmolarse
por la humanidad - se ejecute. Es como si actuaran por los sentimientos
del momento, para después poder recibir el mensaje y la moraleja.
Es obvio en Judas, pero en otras figuras sucede lo mismo, aunque
posiblemente más subliminalmente. Judas, Caifás, Pilatos...
no dejan de ser marionetas manejadas por el desarrollo de los hechos
y por la mano de Dios. Son figuras ejemplares, porque después
tendrán su juicio de conciencia.
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El segundo aspecto controversial es el gore. Lisa y llanamente,
la tortura y la crucifixión de Jesús están
filmadas con un detalle de violencia gráfica propio de filmes
como Martes 13. Pero mientras que habitualmente la violencia
gráfica se da en filmes de horror en circunstancias irreales,
con malos guiones, con personajes ridículos, cuando el gore
se traslada a un relato realista y bien narrado resulta insoportable.
Ahí está el quid de la cuestión : ¿era
necesario mostrar la carnicería?. Y yo creo que la respuesta
es sí : si usted no quiere ver a un Jesús impecablemente
peinado y envuelto en una túnica pristina, sino que quiere
experimentar lo que pasó realmente hace 2000 años
- a final de cuentas, un film religioso debe movilizar pero fundamentalmente,
debe identificarnos con la historia y los personajes -, era necesario
mostrar el sacrificio de Jesús con el mayor detalle. Quizás
Gibson estire demasiado la secuencia de la tortura - uno ha visto
muchísimos filmes de horror, pero cuando el personaje que
torturan es alguien como Jesús, íntimamente vinculado
a quienes somos cristianos... la secuencia resulta casi imposible
de ver entera -, pero ahí radica su punto de vista. Lo que
Gibson entiende es que si vamos a hablar de guerra, es ridículo
no ver sangre, tripas y espantosas mutilaciones. No le gustan las
medias tintas; no es aséptico diciendo que Jesús "se
sacrificó por nosotros" sino que lo hace de forma explícita.
Es el mayor logro de la obra de Gibson, porque despierta la piedad
y el horror en toda la platea. Es una jugada muy audaz, la mayor
virtud y también el peor defecto de la obra. Los latigazos,
lastimando (y sacando jirones de la carne) es un secuencia terrible,
donde normalmente la gente llora. Es un logro enorme del director
(¿cuando usted lloró con una película de
Jesús? ¿lo hizo con Jesus de Nazareth o
con El Evangelio Según San Mateo - de Zeffirelli
y de Pasolini respectivamente -?).
Pero además, la película en sí no es solamente
la escena de la tortura. Hay muchos otros detalles. Hay una estilización
de los ambientes. Está el detalle de que hablan en lenguas
originales de la época de Jesús como el Arameo y el
Latin. Está la presencia del Demonio - algo nunca antes visto
de ese modo, que posiblemente venga de otras fuentes que ha tomado
Gibson para el guión como las visiones de las monjas María
de Agreda y Ana Catalina Emmerich (del siglo XVII y XVIII respectivamente)
-, que añade otro tinte al relato. Hay una confrontación
y un dilema moral en Jesús; existe una salida alternativa,
pero decide cumplir con los designios de su padre. La presencia del
Demonio es realmente fascinante, es un aspecto sobrenatural del film
que funciona muy bien. Y, por supuesto, está el final. Es breve,
es poderoso y es catártico. Uno ya sabe la historia, ya conoce
como termina. Pero, aunque suene estúpido lo que diga, ver
a Jesús reincorporarse - la cámara se posa en en su
mano, visiblemente perforada por los clavos de la cruz, pudiendo ver
a través de ella - es emocionante. Es la primera vez en mi
vida en que siento a Jesús como un héroe. Un héroe
que, a pesar de las contrariedades, triunfa y sigue adelante. Es en
esos escasos segundos de la secuencia de la resurrección, que
la platea siente que debe levantarse y aplaudir de pie. Es un film
plagado de fuertes emociones y de imágenes muy poderosas.
La Pasión de Cristo es un film brillante. Es inteligente,
es novedoso, es poderoso, emociona. Y es a la vez un film muy chocante,
demasiado fuerte. Pero, si usted se decide a verlo, es un tour
de force que le desgarrará el corazón para reconstruirlo
sobre el final y dejarle una poderosa sensación de esperanza.
No es un film con moralina, ni en ningún momento sentimos
que Gibson está sermoneando. Es una película narrada
con naturalidad, concebida de modo impecable, porque su propósito
es provocar - pero en un buen sentido -. Para entender a Jesús
debemos sentir lo que El sintió, y lo hace de modo explícito.
Es una película enorme, que altera totalmente el concepto
que uno tenía sobre Jesús, sobre su sacrificio, que
despierta los sentimientos religiosos que todos teníamos
escondidos. Cualquier otro film anterior sobre Jesús parece
ridículo. Solo La Pasión de Cristo tiene la
potencia para erigirse como la mejor película de todos los
tiempos sobre la vida de El Hijo de Dios. |
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