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GB / Canada, 2009 : Heath Ledger
(Tony), Christopher Plummer (Dr Parnassus), Lily Cole
(Valentina Parnassus), Andrew Garfield (Anton), Verne
Troyer (Percy), Tom Waits (Mr Nick), Johnny Depp (Imaginarium
Tony #1), Jude Law (Imaginarium Tony #2), Colin Farrell
(Imaginarium Tony #3) Director
- Terry Gilliam, Guión - Terry Gilliam &
Charles McKeown
TRAMA : El Dr. Parnassus es
un inmortal que vive haciendo giras con su espectáculo
de circo junto a su hija, un muchacho y un enano. Su
show consiste en invitar a las personas a pasar a través
de un espejo magico, el cual resulta ser un portal en
donde pueden materializar todas sus fantasías.
Parnassus ha obtenido la inmortalidad en una apuesta
que le ha ganado a Mr. Nick - el diablo -, y
desde hace cientos de años ambos compiten entre
sí por la obtención de almas. Sin embargo
las cosas cambian cuando la troupe de Parnassus rescata
a Tony, un suicida que ha decidido colgarse de un puente.
Pero Tony no resulta ser el hombre que aparenta, y a
esto se suma que faltan dos días para el cumpleaños
número 16 de la hija del doctor, plazo en el
cual Parnassus deberá ganar la apuesta más
importante de toda su vida.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus es el
último filme del excéntrico Terry Gilliam.
Gilliam comenzó formando parte de la mítica
troupe cómica británica Monty Python,
pero con los años decidió independizarse.
Si bien había llamado la atención con Los
Bandidos del Tiempo en 1981, no sería sino
hasta el estreno de Brazil (1985) - una reimaginación
Gilliamniana del 1984 de George Orwell -
que obtendría reconocimiento internacional.
En general los filmes de Gilliam distan mucho de ser
éxitos comerciales y entran dentro de la categoría
de cine arte, con la diferencia que suele utilizar
astronómicos presupuestos. Si bien es un tipo
de creatividad ilimitada, también es un artista
que termina sucumbiendo a su propio ego, generando costosos
delirios con presupuestos gigantescos y fuera de control.
El caso de Gilliam es el típico ejemplo del sindrome
del director con control total sobre su obra, lo
que termina generando enormes dolores de cabeza a quienes
financian sus filmes. En sí, el control maniático
de Gilliam no difiere mucho del que hacían Kubrick
o Welles, con la diferencia de que el británico
suele revolver cielo y tierra, y siempre termina encontrando
sufridos productores que lo respalden. El otro gran
problema con Gilliam es que es un artista con una impresionante
mala suerte, la cual se ha contagiado a más de
un proyecto que ha empezado y ha terminado dilatado
durante años o directamente terminó en
el basurero. Caprichos del director, productores en
bancarrota, retrasos de producción que se hacen
eternos ... y la muerte de alguno de sus protagonistas.
En el caso de El Imaginario del Doctor Parnassus,
la yeta de Gilliam volvió a demostrar
de que lo seguirá acompañando hasta el
final de sus días; en mitad del rodaje ocurrió
la muerte de Heath Ledger por una sobredosis accidental
de somníferos, y todo pareció indicar
que el proyecto estaba condenado - tal como le ocurrió
en el 2000 con El Hombre que Mató a Don Quijote,
cuya filmación quedó inconclusa -. A esto
se sumaría la muerte de uno de los productores
e incluso un severo accidente automovilístico
que sufrió el propio Gilliam tras el rodaje (si
esa no es mala suerte...). Perjurando de su propio
destino, Gilliam se puso las pilas y se dispuso a concluir
el filme a como fuera lugar. Utilizando el recurso del
espejo mágico que figura en el libreto, pudo
convocar a tres amigos de Ledger - Jude Law, Colin Farrell
y Johnny Deep - y los puso a reemplazar al actor en
su papel, a la vez que realizaba profundos retoques
en el guión. Pero aún con todo el esfuerzo
puesto por el director y los actores, El Imaginario
del Doctor Parnassus no termina de cerrar. Ciertamente
no debe ser la visión original que Gilliam reservaba
para el filme, pero la historia da la impresión
de no tener un propósito definido más
allá de ser un collage de los excesos
visuales que le encantan al director. Si había
algún tipo de mensaje, quedó sepultado
en el cuarto de edición y con la muerte de Ledger.
Los filmes de Gilliam suelen ser el equivalente visual
de un George Melies intoxicado con drogas pesadas. Toda
la estética barroca de la película no
difiere demasiado de otro filme de Gilliam - Las
Aventuras del Baron Munchausen - y que a su vez
pareciera inspirarse en la estética de Melies,
al estilo de Un Viaje a la Luna (1902). Disfraces
recargados de orfebrería, decorados de cartón
pintado, paisajes alucinantes pintados a mano. Aquí
hay un inmortal que viaja con su troupe de actores -
su familia artística - con un espectáculo
barato de feria. Parnassus se pone en trance e invita
a los espectadores a cruzar el espejo mágico,
en donde materializan sus fantasías en el imaginario
del buen doctor. El filme jamás explica cómo
Parnassus obtuvo semejantes poderes - uno deduce que
le debe haber ganado otra apuesta al diablo -, ni cual
es el sentido de poseer semejante habilidad. Durante
la mayor parte del tiempo uno piensa en que Parnassus
termina siendo un esbirro de Mr. Nick, ya que de una
forma u otra termina recolectando almas para el diablo.
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Uno podría pensar que la dimensión fantástica
a la que pasan las victimas de turno terminaría
siendo una especie de purgatorio en donde las personas
son castigadas con sus propios vicios. Pero Gilliam tampoco
pone el empeño por allí, mas allá
de disparar fabulosos efectos visuales. Tampoco la película
se centra en Tony, el recién llegado, ya que termina
siendo el pato de la boda en otra carrera de apuestas
entre Parnassus y el diablo. En un momento uno piensa
que Tony va a terminar siendo el sucesor del ilusionista,
y que Parnassus va a culminar pagando con su alma por
la relación con el diablo - lo que quizás
haya sido la intención original de Gilliam
-. Pero el rearmado del proyecto tras la muerte de Ledger
le termina de sacar filo al personaje, transformándolo
en un accidente del relato. Es un caracter que parece
honesto y después termina por demostrarse que no
lo es, y en el fondo todo eso termina por desvirtuar al
filme.
Como interpretación postuma de Heath Ledger,
no es memorable. Ledger termina siendo molesto en unas
cuantas escenas, como si siguiera sintonizando al Joker
de Batman,
el Caballero de la Noche. Jude Law y Colin Farrell
son flacos reemplazos, y quizás el filme se hubiera
visto mucho más favorecido si Johnny Deep hubiera
tomado el papel desde el vamos, ya que le da un toque
de ingenuidad y cierta manía al rol que era lo
que precisaba. Christopher Plummer y Tom Waits se deleitan
con sus papeles, y el resto de los secundarios está
más que ok, pero el libreto no es consistente.
Siempre uno debe considerar que esto es un emparche
de último momento, pero da la impresión
de que lo más importante se quedó en el
tintero.
Tal como está, El Imaginario del Doctor Parnassus
termina siendo una alegoría autobiográfica
del propio Gilliam. Un veterano showman circense, creador
de fantasías delirantes, que siente que ha debido
pactar con el diablo para materializar sus obras y que
ahora se encuentra pasado de moda. Pero, lamentablemente,
no hay mucho más allá de eso. El destino
amputó el potencial de la obra, y lo que vemos
en pantalla es un pálido reflejo de la visión
original del director. |