|
USA, 1973 : Steve McQueen (Henri
'Papillon' Charriere), Dustin Hoffman (Louis Dega), Victor
Jory (jefe indio), Don Gordon (Julot), Anthony Zerbe (Toussaint),
Robert Deman (Maturette), Woodrow Parfrey (Clusiot), Bill
Mumy (Lariot) Director
- Franklin J. Schaffner, Guión - Dalton Trumbo
& Henri Charrière, basados en la novela homónima
de Charriere, Música - Jerry Goldsmith
TRAMA : Papillón
es el apodo de uno de los tantos criminales que son
enviados a la cárcel de la Isla del Diablo en
la Guayana Francesa a principios del siglo XX. Dicha
prisión es conocida por las durísimas
condiciones de vida y disciplina en la que permanecen
los reclusos, además de que nadie ha podido escaparse
de la isla. Pero Papillón está decidido
a fugarse, y se hace amigo y protector de Louis Dega,
un conocido estafador. Los abundantes fondos que posee
Dega le sirven para sobornar guardias y generar chances
de escape; pero la suerte no siempre está de
su lado y Papillón recibe los más brutales
castigos. Aún así, el recluso está
decidido a escapar de la isla como sea, aún a
riesgo de su propia vida.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
|
Hablemos de directores brillantes que, súbitamente,
entraron en un ocaso irremediable. Franklin J. Schaffner
en este caso. En cinco años, entre 1968 y 1973,
dirigiría un puñado de clásicos como
El Planeta de los Simios,
Patton y Papillon. Después
iría al crepúsculo, con la bizarra Los
Niños del Brasil (1978) y terminando en la
temible Yes, Giorgio (1982). Si, esa comedia mediocre
que fue la única protagonizada por Luciano Pavarotti.
Es posible que Schaffner fuera un símbolo de
sus tiempos. En los setentas los directores americanos
hacían historia - Coppola, Lucas, Spielberg,
Cimino - y creaban nuevos lenguajes cinematográficos.
Pero también es cierto que, hasta aquél
entonces, el cine mainstream tenía otro
cuidado artístico. La gran mayoría de
filmes major estaban basados en novelas. Vino
Star Wars, y Hollywood
perdió los estribos. Abandonó la base
literaria, se dedicó a clonar éxitos y,
básicamente, se abocó a producir películas
serie B con enormes presupuestos. Comenzaría
una lenta pero progresiva decadencia que seguiría
hasta hoy - vean sino la euforia de las remakes
que pueblan ahora las taquillas -.
Pero en los setentas el cine americano era realmente
innovador. Y con Papillon Schaffner se mete en
el género carcelario para transformarlo en pura
aventura. Es una idea muy pequeña - un hombre
que desea su libertad a toda costa -, narrada a través
de una interminable carrera de obstáculos. Está
basada en la autobiografía de Henri Charriere,
aunque muchos coinciden de que el libro ficcionaliza
una enorme cantidad de hechos, si bien la vida de Charriere
merece en sí misma un capítulo aparte
y no estuvo exenta de aventuras. Ex marino, criminal
de poca monta, estuvo recluso en la Guayana Francesa
durante casi quince años. Hizo numerosos intentos
de escape - no tal cual como dice la película
-, a veces siendo arrestado y encarcelado en prisiones
de diferentes países. Recién en 1945 pudo
escapar y asentarse en Venezuela. Su libro sería
publicado en 1969 y en 1973 Charriere fallecería
al poco tiempo de haber trabajado como asesor para la
producción del filme basado en su biografía.
Si uno considera el contexto del filme - principios de
los setentas, comienzo de la liberación de la producción
hollywoodense sobre los tabúes de la censura -,
Papillón cruza unos cuantos límites
prohibidos. Referencias explícitas a la vida clandestina
carcelaria - desde la homosexualidad y la masturbación
hasta los famosos tubitos que hacían de
billeteras -, torturas, muertes en primer plano, y un
criminal que figura como el héroe - si bien aquí
las cosas se han pasteurizado mucho, el Charriere de la
vida real era mucho mas violento -. Cada escena es particularmente
intensa, gracias al tour de force de Steve McQueen
y Dustin Hoffman. En especial McQueen, en la secuencia
del encierro en solitario, se transforma completamente
en un fantasma de sí mismo.
No hay mucho que decir, excepto que es una aventura
que hay que vivirla. Ciertamente cerca del final baja
el ritmo - en la secuencia de las buscadoras de perlas
-, ya que entra en una onda onírica y el espectador
no está seguro si se tratan de alucinaciones
del protagonista. Pero la moraleja final es que el espíritu
del hombre es libre e indomable, y que luchará
con todas sus fuerzas para recuperar lo que ha perdido. |