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Cuando uno habla de cine oriental, lo primero que uno piensa es en
cine de artes marciales, Akira Kurosawa, animé, y Godzila.
Pero existe una vasta filmografía escondida, esperando ser
descubierta, que proviene más allá de Hong Kong y Japón.
No sólo el cine oriental se ha diversificado en cuanto a géneros
- recordemos numerosos filmes policiales y de terror que han accedido
a distribución en estos lares del mundo, gracias a Hollywood
-, sino que ha elevado su calidad notablemente. Esto ha impulsado
que los yanquis - desesperados por ideas frescas - comenzaran a abrir
las puertas al cine asiático, primero para estrenar las obras
originales, después para generar una enorme cantidad de desabridas
remakes americanizadas.
Y si bien se han diversificados los géneros y elevado la
calidad, se han multiplicado tambien los países productores
de cine. Como siempre, basta un buen film para abrir el corral y
provocar la estampida en masa de estrenos ante un público
hambriento de novedades. Posiblemente este desembarco tenga un pie
de playa en la legendaria Operación
Dragón, que pusiera en alerta a los espectadores de todo
el mundo de que existían otras industrias cinematográficas
además de Hollywood. Después vinieron las toneladas
de clones de Bruce Lee, Jackie Chan, los filmes de John Woo, el
terror de Shimizu Takashi y Hideo Nakata, y el último en
llegar a la fiesta fue Stephen Chow con Kung
Fu Hustle. Ahora ha llegado la hora del cine tailandés.
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Ong Bak es definitivamente la mejor carta de presentación
de esta industria. Hay elementos que uno puede comparar con Kung
Fu Hustle : en primer lugar, están los códigos
narrativos. La nueva camada de directores asiáticos se ha
alimentado de sus pares americanos, y han pulido enormemente su
lenguaje cinematográfico. Uno piensa en filmes más
tradicionales como la producción china de Bruce Lee u otros
títulos menores (Cinco dedos de furia, por ejemplo),
y ve en esas películas un enfoque más parecido al
spaghetti western, con poses heroicas, exagerados primeros
planos, y toda un estilo sobreactuado que resulta inconfundible
en el cine de artes marciales oriental. Ahora, gracias a Dios, la
narrativa es mucho más pulida, los directores más
maduros, y los guiones son definitivamente de mejor calidad. Aunque
suene disparatado, posiblemente esto tenga que ver con una suerte
de retroalimentación entre el cine oriental y las obras producidas
por Luc Besson (el mismo de La Femme Nikita, El Transportador,
Danny The Dog, y otros tantos filmes). Besson ha llevado
más allá el concepto de violencia coreografiada que
impuso John Woo; y mientras que Woo se ha especializado en tiroteos,
Besson lo ha hecho con los combates cuerpo a cuerpo. Definitivamente
las peleas de artes marciales nunca volverán a ser las mismas.
En segundo lugar, está la factura técnica. Ya estamos
hablando de producciones de calidad realmente cuidada, que en algunos
casos incluyen CGI (no siempre de buena factura, pero funcionales).
Ya no son obras de dos pesos montados en decorados de cartón,
sino que son filmes de estética impecable, cuando no superproducciones
en su tipo. Uno ve por ejemplo en otro filme de la industria tailandesa
(Thai Thief) aspiraciones épicas (no siempre bien
concretadas), que involucran excelente fotografía, cuidada
construcción de atmósferas, abundante uso de CGI y
empeño por generar producciones impresionantes. Lo que no
siempre son tan potables son los guiones, los actores o las historias.
Pero no es difícil imaginar de que en pocos años el
cine oriental (cuando pula sus errores) pueda competir cara a cara
con la producción americana, al menos en una gran cantidad
de géneros - exceptuando al cine de ciencia ficción,
por una cuestión de supremacía tecnológica
-.
Ong Bak es la última novedad entre esta nueva invasión
oriental; y es un filme muy bueno. Cuando uno ve la película,
piensa en todo la frescura que ha perdido Jackie Chan cuando desembarcó
en Hollywood. Ciertamente el filme no tiene el estilo de comedia descerebrada
de los filmes de Chan - a final de cuentas, las películas de
Jackie tienen una estructura casi pornográfica: hay un montón
de gente hablando idioteces, y uno sólo espera las secuencias
de cinco minutos de exhuberante acción entre las escenas dialogadas
-, pero en el apartado acción se semeja (o incluso, a veces
lo supera). Por el contrario, el tono es serio. En toda la aventura
Ting se encuentra al filo de la muerte, en especial cuando se acerca
el final y las cosas se ponen aún más turbias. Pero
cuando se dispara la acción, el astro Tony Jaa realmente asombra.
Tal como reza el slogan, las acrobacias no cuentan con CGI, cables
u otros aditamentos : es el mismo Jaa cometiendo proezas tales como
saltar autos enteros, subir por muros, brincar a través de
rollos circulares de alambres de púas de menos de un metro
de diámetro, revolcar matones a patada limpia con sus piernas
prendidas fuego, o girar como trompo tres o más veces en el
aire mientras surte de golpes a sus enemigos. Las peleas son brillantes,
y Jaa es un relámpago en la pantalla. Si uno considera que
su papel es serio - no como la comedia de Chan -, no sería
sacrílego decir que es el héroe oriental de acción
con mejor presencia de pantalla desde Bruce Lee. Olvídese de
Jet Li o de otros nombres recientes: Tony Jaa exuda potencia y letalidad
en el celuloide (aunque carece de la sonrisa diabólica de Lee).
Y si bien en el apartado acción es un festival, en cuanto
a trama es pura rutina. Hay algún tufillo que recuerda a
Indiana Jones y el Templo de la Perdición (el héroe
es el elegido para rescatar elementos sagrados que han sido robados
y devolver la armonía al pueblo que se sentía protegido).
También por momentos parece que se va a derivar en una suerte
de Rápido y Furioso, con George y la chica participando
en carreras clandestinas, Pero siempre se acaba en la subrutina
de torneos, que siempre le da buenos réditos al género.
Cuando Ting llega al pub, es cuando el film realmente despega. Es
cierto que los personajes carecen de profundidad, pero al menos
los diálogos están bien escritos y los personajes
actúan con cierto grado de lógica, lo cual es de agradecer.
Ninguno de los intérpretes ganará un Oscar, pero cumplen
con su cometido dentro de su limitado rango expresivo. Los climas
están bien diseñados, y el comienzo de las escaramuzas
es totalmente electrizante. Para un film que no desea construir
nada nuevo, hace un muy eficiente trabajo en contar una historia
que todos sabemos como se desarrollará. Los escasos momentos
de comedia - dados a través del personaje de George - no
son chocantes, y hasta pueden ser efectivos. El villano principal
no es un delirante sobreactuado, sino que se mantiene dentro de
ciertos límites de la coherencia. Y, en todo caso, se le
puede reprochar al director y guionista el último tercio
de la película, donde ya la trama comienza a hilar cada vez
más fino, y a estirar la conclusión con tal de insertar
más escenas de acción (la secuencia de las motonetas
taxi queda descolgada de la historia). Pero Pinkaew compensa esta
artimaña con la gracia acrobática de Jaa, amén
de dar un par de sorpresas (algunos personajes que mueren sorpresivamente;
la secuencia entre Don y la prostituta en el hotel, que está
lograda). Para sus modestos propósitos de deslumbrar y entretener,
el filme está más que correcto.
La dupla creativa de Jaa y Pinkaew regresaría en El Protector,
una cinta con una trama y personajes totalmente diferente pero que
se vendió como Ong Bak II. Estamos esperando ansiosos
poder verla para ver que más pueden brindar como entretenimiento. |
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