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TRAMA : El pueblo de Nong Pradu adora a una
representación de Buda conocida como Ong Bak.
Don, un oportunista de Bangkok, se presenta en la villa
y advierte la presencia de la estatua, por lo que decide
robarle la cabeza para venderla a coleccionistas de
antigüedades. La gente del pueblo se desespera
porque el robo es un mal presagio para sus cosechas,
y el joven Ting se ofrece como voluntario para recuperar
la estatua. Su camino lo lleva a Bangkok, donde contacta
a Humlae - hijo de uno de los pobladores de Nong Pradu
-. Pero Humlae se hace llamar George, reniega de su
pasado, y vive enredado con el bajo mundo de Bangkok.
Humlae acepta la amistad de Ting sólo para robarle
y pagarle a sus deudores. El joven se muestra decidido
a recuperar su dinero, pero se ve accidentalmente envuelto
en una pelea por apuestas ilegal. Mostrando sus dotes
en el arte marcial de boxeo tailandés (Muay Thai),
se vuelve rápidamente el suceso del lugar. Pero
el pub donde se llevan a cabo los enfrentamientos está
regido por un jefe mafioso, a las órdenes del
cual trabaja Don. No pasará mucho tiempo antes
que los caminos de Ting y los criminales se crucen violentamente
en pos de recuperar la antigüedad.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Cuando uno habla de cine oriental, lo primero que uno
piensa es en cine de artes marciales, Akira Kurosawa,
animé, y Godzila.
Pero existe una vasta filmografía escondida, esperando
ser descubierta, que proviene más allá de
Hong Kong y Japón. No sólo el cine oriental
se ha diversificado en cuanto a géneros - recordemos
numerosos filmes policiales y de terror que han accedido
a distribución en estos lares del mundo, gracias
a Hollywood -, sino que ha elevado su calidad notablemente.
Esto ha impulsado que los yanquis - desesperados por ideas
frescas - comenzaran a abrir las puertas al cine asiático,
primero para estrenar las obras originales, después
para generar una enorme cantidad de desabridas remakes
americanizadas.
Y si bien se han diversificados los géneros
y elevado la calidad, se han multiplicado tambien los
países productores de cine. Como siempre, basta
un buen film para abrir el corral y provocar la estampida
en masa de estrenos ante un público hambriento
de novedades. Posiblemente este desembarco tenga un
pie de playa en la legendaria Operación
Dragón, que pusiera en alerta a los espectadores
de todo el mundo de que existían otras industrias
cinematográficas además de Hollywood.
Después vinieron las toneladas de clones de Bruce
Lee, Jackie Chan, los filmes de John Woo, el terror
de Shimizu Takashi y Hideo Nakata, y el último
en llegar a la fiesta fue Stephen Chow con Kung
Fu Hustle. Ahora ha llegado la hora del cine tailandés.
Ong Bak es definitivamente la mejor carta de
presentación de esta industria. Hay elementos
que uno puede comparar con Kung Fu Hustle : en
primer lugar, están los códigos narrativos.
La nueva camada de directores asiáticos se ha
alimentado de sus pares americanos, y han pulido enormemente
su lenguaje cinematográfico. Uno piensa en filmes
más tradicionales como la producción china
de Bruce Lee u otros títulos menores (Cinco
dedos de furia, por ejemplo), y ve en esas películas
un enfoque más parecido al spaghetti western,
con poses heroicas, exagerados primeros planos, y toda
un estilo sobreactuado que resulta inconfundible en
el cine de artes marciales oriental. Ahora, gracias
a Dios, la narrativa es mucho más pulida, los
directores más maduros, y los guiones son definitivamente
de mejor calidad. Aunque suene disparatado, posiblemente
esto tenga que ver con una suerte de retroalimentación
entre el cine oriental y las obras producidas por Luc
Besson (el mismo de La Femme Nikita, El Transportador,
Danny The Dog, y otros tantos filmes). Besson
ha llevado más allá el concepto de violencia
coreografiada que impuso John Woo; y mientras que Woo
se ha especializado en tiroteos, Besson lo ha hecho
con los combates cuerpo a cuerpo. Definitivamente las
peleas de artes marciales nunca volverán a ser
las mismas.
En segundo lugar, está la factura técnica.
Ya estamos hablando de producciones de calidad realmente
cuidada, que en algunos casos incluyen CGI (no siempre
de buena factura, pero funcionales). Ya no son obras de
dos pesos montados en decorados de cartón, sino
que son filmes de estética impecable, cuando no
superproducciones en su tipo. Uno ve por ejemplo en otro
filme de la industria tailandesa (Thai Thief) aspiraciones
épicas (no siempre bien concretadas), que involucran
excelente fotografía, cuidada construcción
de atmósferas, abundante uso de CGI y empeño
por generar producciones impresionantes. Lo que no siempre
son tan potables son los guiones, los actores o las historias.
Pero no es difícil imaginar de que en pocos años
el cine oriental (cuando pula sus errores) pueda competir
cara a cara con la producción americana, al menos
en una gran cantidad de géneros - exceptuando al
cine de ciencia ficción, por una cuestión
de supremacía tecnológica -.
Ong Bak es la última novedad entre esta
nueva invasión oriental; y es un filme muy bueno.
Cuando uno ve la película, piensa en todo la
frescura que ha perdido Jackie Chan cuando desembarcó
en Hollywood. Ciertamente el filme no tiene el estilo
de comedia descerebrada de los filmes de Chan - a final
de cuentas, las películas de Jackie tienen una
estructura casi pornográfica: hay un montón
de gente hablando idioteces, y uno sólo espera
las secuencias de cinco minutos de exhuberante acción
entre las escenas dialogadas -, pero en el apartado
acción se semeja (o incluso, a veces lo supera).
Por el contrario, el tono es serio. En toda la aventura
Ting se encuentra al filo de la muerte, en especial
cuando se acerca el final y las cosas se ponen aún
más turbias. Pero cuando se dispara la acción,
el astro Tony Jaa realmente asombra. Tal como reza el
slogan, las acrobacias no cuentan con CGI, cables u
otros aditamentos : es el mismo Jaa cometiendo proezas
tales como saltar autos enteros, subir por muros, brincar
a través de rollos circulares de alambres de
púas de menos de un metro de diámetro,
revolcar matones a patada limpia con sus piernas prendidas
fuego, o girar como trompo tres o más veces en
el aire mientras surte de golpes a sus enemigos. Las
peleas son brillantes, y Jaa es un relámpago
en la pantalla. Si uno considera que su papel es serio
- no como la comedia de Chan -, no sería sacrílego
decir que es el héroe oriental de acción
con mejor presencia de pantalla desde Bruce Lee. Olvídese
de Jet Li o de otros nombres recientes: Tony Jaa exuda
potencia y letalidad en el celuloide (aunque carece
de la sonrisa diabólica de Lee).
Y si bien en el apartado acción es un festival,
en cuanto a trama es pura rutina. Hay algún tufillo
que recuerda a Indiana
Jones y el Templo de la Perdición (el héroe
es el elegido para rescatar elementos sagrados que han
sido robados y devolver la armonía al pueblo
que se sentía protegido). También por
momentos parece que se va a derivar en una suerte de
Rápido y Furioso, con George y la chica
participando en carreras clandestinas, Pero siempre
se acaba en la subrutina de torneos, que siempre le
da buenos réditos al género. Cuando Ting
llega al pub, es cuando el film realmente despega. Es
cierto que los personajes carecen de profundidad, pero
al menos los diálogos están bien escritos
y los personajes actúan con cierto grado de lógica,
lo cual es de agradecer. Ninguno de los intérpretes
ganará un Oscar, pero cumplen con su cometido
dentro de su limitado rango expresivo. Los climas están
bien diseñados, y el comienzo de las escaramuzas
es totalmente electrizante. Para un film que no desea
construir nada nuevo, hace un muy eficiente trabajo
en contar una historia que todos sabemos como se desarrollará.
Los escasos momentos de comedia - dados a través
del personaje de George - no son chocantes, y hasta
pueden ser efectivos. El villano principal no es un
delirante sobreactuado, sino que se mantiene dentro
de ciertos límites de la coherencia. Y, en todo
caso, se le puede reprochar al director y guionista
el último tercio de la película, donde
ya la trama comienza a hilar cada vez más fino,
y a estirar la conclusión con tal de insertar
más escenas de acción (la secuencia de
las motonetas taxi queda descolgada de la historia).
Pero Pinkaew compensa esta artimaña con la gracia
acrobática de Jaa, amén de dar un par
de sorpresas (algunos personajes que mueren sorpresivamente;
la secuencia entre Don y la prostituta en el hotel,
que está lograda). Para sus modestos propósitos
de deslumbrar y entretener, el filme está más
que correcto.
La dupla creativa de Jaa y Pinkaew regresaría
en El Protector, una cinta con una trama y personajes
totalmente diferente pero que se vendió como
Ong Bak II. Estamos esperando ansiosos poder
verla para ver que más pueden brindar como entretenimiento. |