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USA, 1968 : Duane Jones (Ben),
Judith O’Dea (Barbara), Karl Hardman (Harry Cooper),
Keith Wayne (Tom), Marilyn Eastman (Helen Cooper), Julia
Ridley (Judy), John Russo (Johnny)
Director - George A. Romero, Guión
- John A. Russo
TRAMA : Barbara y su hermano
Johnny van al cementerio a dejar flores en la tumba
de su padre; pero en el camino son atacados por un hombre
de apariencia extraña y la chica se ve obligada
a huir. En su fuga logra llegar hasta una casa abandonada,
en donde se topa con un puñado de personas que
han vivido experiencias similares a la suya: estaban
en sus trabajos o manejando en la ruta, y han comenzado
a ser atacados por extraños sin razón
alguna. Ahora el grupo de sobrevivientes debe montar
una defensa de emergencia, tapialando ventanas y puertas
ya que hordas de desconocidos se reunen en las afueras
de la casa y han comenzado a asediarla. Y la única
explicación que logran obtener - a través
de la radio - es que se trata de alguna epidemia de
origen desconocido, que revive a los muertos y los convierte
en criaturas hambrientas de carne humana.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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En los 60 George A. Romero y John A. Russo eran socios
en una empresa dedicada al rodaje de filmes industriales
- esos que sirven para capacitar a obreros en el manejo
de una máquina o que le muestran a los visitantes
los pormenores de una fábrica en actividad
-, y se les ocurrió que podrían hacer fortuna
en la industria del cine, montando una producción
independiente y despachándola al nutrido circuito
de autocines (drive-in theaters). Para que el filme
fuera redituable debía ser de terror, ya que era
el género más popular. Así es como
dieron a luz a La Noche de los Muertos Vivos, una
película que rápidamente se convertiría
en un éxito de público y crítica,
y resultaría enormemente influencial en el género
del horror. La macana era que Romero y Russo pecaron de
ingenuos y los engañaron como carmelitas descalzas:
el distribuidor los estafó y se quedó con
todas las ganancias y, para colmo, hicieron mal el papeleo
sobre los derechos de autor. En poco tiempo la dupla contempló,
espantado, como el filme que tanto esfuerzo les había
costado pasaba a ser de dominio público, con lo
cual no percibieron ni un centavo de regalías.
Algo similar a lo que le pasó a El
Carnaval de las Almas (1962), filme al que Romero
y Russo tomaron como modelo artístico... y al que
terminaron de imitar en todo, incluso en su desgraciada
suerte comercial.
En los 60 el terror era bastante acartonado. Las bases
del género la dio la Universal con su
panteón de monstruos clásicos en los años
40, y dos décadas más tarde la Hammer
hacía exactamente lo mismo, sólo que con
mas color, desnudos y sangre. Hablar de horror era hablar
de escenarios góticos (casi como teatro filmado),
y realmente se hacía muy poco para cambiar esa
tendencia. Sin embargo había gente que estaba
empezando a probar otros caminos. El primer paso lo
dió Alfred Hitchcock con Psicosis (1960),
filme que creó el slasher y puso de moda
a los asesinos seriales. El otro que estaba haciendo
cosas nuevas (o distintas) era Herschell Gordon Lewis,
el maestro del gore. Y, por el sendero del medio,
viene George Romero y La Noche de los Muertos Vivos.
Romero combina cosas de ambos - el escenario contemporáneo
y la falta de reglas de Hitchcock; la violencia gráfica
de Gordon Lewis -, y termina por generar la que
podríamos considerar como la primera película
de terror moderna: algo visceral, ceñido a la
acción en pantalla y a la lucha por la supervivencia
contra la amenaza de turno. La fórmula de Romero
sería imitada hasta la saciedad y llegaría
hasta nuestros días.
Si uno quisiera hacer una teoría disparatada,
podría afirmar que Romero y Russo fueron influenciados
por algo tan bizarro como Plan
9 del Espacio Exterior. La premisa es similar -
revivir a los muertos para usarlos en contra de la
humanidad -, y el libreto se encarga de tirar la
pista de que la epidemia de zombies fué generada
por un virus alienígena que vino de regalo con
una sonda espacial que regresó a la Tierra. Sin
embargo la otra influencia importante - y más
probable - es que la dupla haya abrevado en el clásico
Soy Leyenda de Richard
Matheson, reemplazando vampiros por zombies. El escenario
es idéntico - un mundo dominado por monstruos
-, con la diferencia que a esta historia no le interesa
el conflicto mental del protagonista sino que decide
centrarse en la salvaje pelea por la superviviencia.
Ciertamente los zombies no eran un invento nuevo. Basta
revisar la filmografía clásica de la Universal
como para encontrar algunas cintas sobre el tema, protagonizadas
por Bela Lugosi o Turhan Bey. Los zombies clásicos
eran muertos revividos o individuos hechizados, y actuaban
igual que la momia clásica - eran lentos, poderosos
e indestructibles -, con la única diferencia
que no estaban enfundados en vendas. Lo que nadie había
hecho antes era organizarlos como una horda de monstruos,
lo cual es mucho mas atemorizante que verlos actuar individualmente
- he allí la causa del éxito de Soy
Leyenda -, amén de hacerlos brutales y
caníbales. En uno de los momentos más recordados
de la película, la masa de muertos vivos se abalanza
sobre una pareja de jóvenes y termina por despedazarlos
en primerísimo plano. Definitivamente éste
no es el horror teatral-refinado-cuasi-gay que
solía despachar Vincent Price en aquella época.
Una de las cosas más interesantes de La Noche
de los Muertos Vivos es que la premisa es tan rica
que permite una enorme cantidad de lecturas. Ya de arranque,
la elección de un afro americano como protagonista
(algo novedoso y polémico para la época)
le da una traducción completamente diferente
a si el héroe hubiera sido blanco. Hay varios
episodios violentos en la película - Ben peleando
con Barbara o con Harry Cooper a cachetazo limpio
- que tienen algo de reivindicación racial, más
considerando que a finales de los 60 la lucha por la
igualdad civil estaba lejos de haber llegado a su fin
(un dato anecdótico es que, cuando Romero y Russo
fueron a Nueva York a buscar un distribuidor para el
filme, se desayunaron con la noticia del asesinato de
Martin Luther King Jr). El otro aspecto es el alegórico:
la masa de individuos no pensantes, que acosa a la minoría
pensante (y a la que quiere devorarle sus cerebros!).
Si bien esa reinterpretación es más que
aceptable, lo cierto es que es puramente accidental;
eso no quita que, en los siguientes filmes de Romero,
la masa de zombies fuera escrita expresamente con propósitos
metafóricos.
Si uno se atiene a los detalles, La Noche de los
Muertos Vivos no es un filme que asuste demasiado.
La primera hora es muy hablada y funciona más
como un drama de cabina - gente atrapada en un ambiente
cerrado y esperando una resolución inminente
del drama que se cierne sobre sus vidas -, en donde
la existencia de los zombies está reducida a
cameos. Tampoco es que haya una exploración profunda
de los personajes, pero lo que hay es una serie de viñetas
efectivas. Un dato curioso es que estos caracteres se
salen de lo esperado para sus estereotipos: el héroe
está equivocado, la chica de turno vive catatónica
(en vez de tener un romance con el protagonista o de
gritar como una histérica frente a cada irrupción
en pantalla de la amenaza), y el cobarde del grupo está
en lo cierto. El resto es carne de cañón,
en el sentido literal de la palabra.
Pero en donde La Noche de los Muertos Vivos
se luce de manera excepcional es en su última
media hora. El climax extendido es brillante y shockeante,
y debe ser uno de los mejores finales de la historia
del cine. No sólo por el ataque imparable de
la horda sino por las revelaciones de último
momento - la aparición del hermano de la chica
entre la masa de zombies atacantes; la conversión
de la niña herida del sótano en un monstruo
que devora el cadáver de su padre; y por supuesto
la amarga ironía del último fotograma,
en donde el héroe es confundido con un zombie
y es aniquilado sin miramientos -. Uno podría
traducir que el protagonista quedó condenado
desde el momento en que se transformó en un violento,
golpeando y disparando al resto de los ocupantes de
la casa, y que al final recibe el castigo que merece
por dichas acciones (en ese sentido, el final es extremadamente
conservador y moralista). La otra interpretación
viene por el tema racial: Ben es negro y no es considerado
un humano válido, por lo cual es eliminado.
La Noche de los Muertos Vivos es un formidable
clásico. Con una enorme economía de medios,
George Romero y John A. Russo se despacharon con algo
fresco, revolucionario y potente que conserva su impacto
hasta hoy en día. Es un filme eminentemente pragmático
y directo, y eso es lo que lo hace perenne y memorable.
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