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En los años 70 hacer cine extremo era rentable. Los primeros
pasos datan de la época del seudo documental Salvaje Mondo
Cane, donde aparecían falsas muertes y accidentes; después
llegaría toda la oleada del hiper sangriento cine de horror
italiano, con Zombie y Holocausto Canibal entre otros
títulos. Una mala prensa, la prohibición en varios países
o una poda salvaje de la censura aseguraban un status de culto
automático y la circulación clandestina de dichas películas
de mano en mano. Y donde se podían estrenar, la gente acudía
en masa a ver la curiosidad (el por qué habían sido
prohibidas).
No hay mejor mecanismo publicitario que la censura. En una gran
cantidad de países que, en aquella época, vivían
bajo el dominio de las dictaduras de turno, la existencia de una
lista negra de filmes terminaba por ser una inversión a largo
plazo. Caídos los régimenes de facto, los estrenos
en masa de filmes prohibidos aseguraban enormes recaudaciones de
taquilla. La época del destape - algo que comenzó
con la caída de los regímenes militares sudamericanos
o la muerte de Franco en España y el regreso a la democracia
- generó una industria de corto plazo enormemente lucrativa.
La gente acudía en masa a ver películas que, si
no hubieran estado prohibidas, jamás las hubieran visto.
Algunas muestras gruesas del terror italiano, el cine político
y por supuesto la pornografía.
Nekromantik es una entrada tarde a la larga lista de filmes
prohibidos, del cuales todo el mundo habla y se moviliza por verlo
(o saber de qué trata). Es bastante difícil calificar
a Nekromantik, aunque una definición bastante acertada
sería la de ser cine exploitation con ideas. Existen
momentos en que pareciera un film de David Cronenberg con un guión
escrito por el John Waters de los inicios. Algunas ideas del film
son bastante inteligentes pero la mayor parte del tiempo está
filmado con extremo mal gusto. Si bien el tema central de la película
- la necrofilia - es tabu (ahora y siempre), creo que el mismo guión
podría haberse filmado con trazos mas finos y menos explícitos.
Existen momentos en que la película muestra tener algunos
vuelos artísticos - sin ir más lejos, el clímax
parece un paralelo a El Imperio de los Sentidos de Nagisa
Oshima, otro film prohibido por la censura -, pero la gran mayoría
de las escenas parece ser pornografía extrema.
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Obviamente la calidad del film es extremadamente amateur. La fotografía
es oscura, las actuaciones blandas, y el presupuesto cero se nota.
Los efectos especiales de accidentes y cadaveres lucen terriblemente
falsos y exagerados, aunque para su época debieron resultar
impresionantes. La mayor parte del tiempo la dirección es
correcta, aunque haya un par de secuencias en las que a Buttgereit
se le dispara el delirio.
Robert y Betty son una pareja de individuos enfermos, obsesionados
con coleccionar partes humanas de los cadaveres que él recoge
en su trabajo diario. Como figura en el documental que Robert ve
en la TV, cuando uno se acerca demasiado a algo que le produce fobia,
la mente humana puede reaccionar de modo totalmente opuesto y terminar
de abrazarla hasta convertirse en obsesión. En este caso
la repulsión de Robert hacia los muertos se transforma en
fetichismo. El paso siguiente es la comunión carnal con los
cadáveres. Robert roba uno de ellos, le fabrican un miembro
de madera y pronto se encuentran teniendo un menage a trois
con Betty.
La escena en que los tres hacen el amor está bastante bien
filmada, con imagenes ralentizadas y un buen juego de sombras. Hay
momentos de trazo realmente grueso, como Robert chupeteando el ojo
del cadáver, que no eran necesarios. Después en la
escena siguiente ellos comen plácidamente un grueso bife
(de carne común, aclaremos) mientras desangran al cadáver
en la pared de la pieza - esta escena me resulta más chocante
que cuando hacen el amor -. Aclaremos que el cuerpo está
en un avanzado estado de putrefacción.
Donde comienza el espiral dramático descendente es con la pérdida
del trabajo de Robert. Betty se va y se lleva el cadaver (debía
ser parte de sus bienes gananciales!), y Robert comienza un declive
autodestructivo. La secuencia en que agarra al gato de Betty, lo mete
en una bolsa y lo destroza contra la pared como venganza no sólo
es gratuita sino patética. Mucho mejor desarrollada está
la escena siguiente, donde Robert va a ver un film de terror slasher
(que para él, sería el equivalente de ver una película
pornográfica). Ese es un momento realmente inteligente del
film, en donde el necrofílico se aburre a todas luces con el
patetismo de las muertes que muestran en la pantalla, mientras que
en la platea la gente lo disfruta o se pone cachonda (en el
caso de las parejas). Como en Crash de Cronenberg, el punto
es que la muerte termina siendo afrodisíaca. Para Robert es
el contacto directo - la necrofilia -; para el resto de los humanos
normales, su rechazo y el horror que provoca nos hace buscar lo inmediatamente
opuesto - el contacto fisico con humanos ... vivos -. Quizás
sea un clisé pero ¿cuantas parejas adolescentes han
ido a ver filmes de terror y han terminado más ocupados en
sus butacas que atendiendo el desarrollo de la película?.
Lo que sigue es bastante obvio. Robert sale a buscar una prostituta
y sólo puede mantener relaciones con ella cuando la mata.
Y en la búsqueda del mayor placer termina por matarse con
un cuchillo mientras tiene su último y máximo orgasmo
- aquí viene la referencia a Oshima -. La idea de la escena
está bien, pero está filmada del modo más grueso
posible, con un pene obviamente falso y toneladas de jugo de tomate
salpicando las paredes. El minuto final, en que Betty llega al cementerio
para robarse el cadáver de Robert redondea el concepto del
film de modo brillante.
No es un film para estómagos sensibles. Tampoco es una película
que volvería a ver. Algunas ideas del guión redimen
al film de ser una basura completa, y la mayor parte del tiempo
me sentí encontrando mensajes que el director transmitía
con la película. Sorprendentemente he sentido que, como espectador,
Buttgereit me manejaba los tiempos y las sensaciones: aquí
un momento de comedia, otro allá para pensar, acá
un momento para horrorizarse y asquearse. No es cine arte del mal
gusto pero por momentos se le aproxima. |
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