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Mexico, 1960 : Lalo Gonzalez
'Piporro' (Lauriano), Ana Bertha Lepe (Gamma), Lorena
Velázquez (Beta), Consuelo Frank (lider venusina)
Director - Rogelio A. González,
Guión - José María Fernández
Unsáin
TRAMA : La civilización
venusina se ha quedado sin hombres y decide mandar a
dos jóvenes exploradoras, Gamma y Beta, a recorrer
el universo y recolectar especímenes masculinos
de cualquier raza con los que puedan reproducirse y
evitar la extinción. Ahora han llegado a la Tierra
y Beta se ha enamorado de Lauriano, un vaquero mexicano
simpático pero algo mentiroso. Pero Gamma no
ha podido evitar tentarse con la sangre humana y se
ha convertido en un vampiro, razón por la cual
el alto mando venusino ordena que sea destruída.
Gamma se rebela y libera a los monstruos de la nave,
con quienes se alía para dominar el mundo, comenzando
por la aniquilación de Beta y Lauriano. Pero
el mexicano charlatán es más habil de
lo que parece y pronto le dará pelea de igual
a igual a los engendros del espacio.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Antes de comenzar con la review, quisiera hacer
una pequeña disgresión. Es interesante notar
que la mayoría de las industrias cinematograficas
del mundo siempre ha hecho lugar a la fantasía
y a la ciencia ficción, aún cuando dispusieran
de recursos paupérrimos. Están los yanquis
con toda su serie B; están los ingleses, que arrancaron
con producciones de la BBC y luego pasaron a la
pantalla grande con la Hammer y la Amicus;
figuran los japoneses, con Godzilla,
la Toho y la industria del animé; están
los mexicanos con sus fabulosos wrestlers peleando
contra amenazas del espacio hechas de papel maché;
y hasta la filmografía turca tiene su cuota de
exponentes, aún cuando robe escenas, personajes
y argumentos de la mayoría de películas
conocidas (el Superman turco, la Star
Wars turca, Star Trek, etc). Todos
los pueblos le han dado lugar a su cuota de delirio, y
hasta en muchos casos podríamos hablar que se tratan
de géneros nacionales. Y con la Argentina, ¿qué?.
Aquí, por el contrario, le hemos dado cabida a
comedias con cómicos y libretos impresentables,
melodramas insufribles con cantantes de moda (algo que
arrancó en la época del tango en los años
40, se adaptó a los nuevos géneros surgidos
y ha llegado hasta no hace mucho, como los filmes con
Sandro o Palito Ortega), y películas recargadas
de pedantería intelectualoide. O hacemos películas
descerebradas o hacemos filmes densos y crípticos.
Es interesante notar que los filmes denotan cualidades
del ser nacional; y quizás por ello se debería
tomar nota que los argentinos no han querido entrar en
el terreno de lo fantástico porque consideran ridículo
al género. Las producciones criollas de sci
fi o terror tan contadas que figuran como espaciados
oasis en medio de un vasto desierto.
En México, por el contrario, se animaban a todo.
Incluso a cosas tan bizarras como La Nave de los
Monstruos. Es una película que lo deja a
uno rascándose la cabeza. ¿A qué
público va dirigido el filme?. ¿Al
infantil?. Tal como pasaba con las aventuras de
El Santo
(otro que parece un ídolo para los más
chicos), abundan las muertes sangrientas y las chanchadas.
Gente empalada en estacas. Ojos que explotan. Personas
desangradas por vampiros. Cadáveres prendidos
fuego. Oh, si; un enorme what the fuck??,
porque el tono gráfico y violento de algunas
escenas no se condice con lo tonto de los diálogos.
Acá han robado secuencias de efectos especiales
a media humanidad, aunque me inclino a que pertenecen
a películas rusas de sci fi. Ya que el metraje
de dichas escenas era limitado, esto redunda en una falta
generalizada de coherencia. En una toma la nave tiene
una forma, y en la siguiente otra. A esto se le suman
los decorados, que son grandes, vistosos y bizarros. Y
la historia, desde luego. Dos chichis en traje
de baño, recorriendo el universo y recogiendo
(perdón la expresión) monstruos que sean
masculinos para reproducirse con ellos. Y no son
bichos humanoides parecidos a un Tom Cruise de piel verde,
sino que son cosas deformes y atroces. Al parecer las
chicas de Venus a) son genéticamente compatibles
con cualquier ser del universo, b) no le hacen
asco a nada, c) tampoco le importan los engendros
que puedan nacer de esas uniones. O sea, son una especie
de ninfómanas espaciales.
Como si ese punto no fuera lo suficientemente atroz,
las chicas llegan a Chihuahua y se topan con Lalo Gonzalez
"Piporro", un tipo simpático, que canta
bien y hace los mismos chistes del Chavo del 8.
Al menos como comic relief Gonzalez es disfrutable,
y eso es lo que hace digerible a La Nave de los Monstruos.
Lo que sigue después es igual de bizarro; un
monstruo succiona a la vaca - mascota del protagonista
(llamada Lolobrígida... ¿por Gina?),
y la deja convertida en puro hueso. El monstruo marciano
(que es cabezón y tiene el cerebro al aire) se
pone cachondo con Gamma. El patético robot
(un tipo en una caja de papel metalizado) se pone ultraviolento.
Al menos Piporro, en vez de llamarlo Tor le dice
Trac-tor, y el hombre de hojalata se enamora
de una fonola. O cuando Piporro va a pelearse con la
venusina, interrumpe todo y le canta "Eso es
el Amor", del argentino Pepe Iglesias (otra
que Bollywood!). Con detalles como éstos últimos,
La Nave de los Monstruos se vuelve tan absurda
que termina por ganar por simpatía.
Si gusta pasar un rato de buen entretenimiento sicotrónico,
le recomiendo La Nave de los Monstruos. Es tan
gloriosamente ridícula que termina siendo simpática,
y uno siempre se divierte, aunque sea sacándole
mano a las terribles ocurrencias del libreto. |