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USA, 1951 : Richard
Derr (Dave Randall), Barbara Rush (Joyce Hendron), Larry Keating (Dr
Hendron), Peter Hanson (Tony Drake), John Hoyt (Sydney Stanton)
Director - Rudolf Mate, Guión - Sydney Boehm, basado
en la novela de Edwin Balmer & Philip Wylie, Musica - Leith
Stevens |
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La novela de 1933 Cuando Los Mundos Chocan de Edwin Balmer
y Phillip Wylie resultó de una influencia considerable. Muchas
obras posteriores de la ciencia ficción han tomado ideas del
libro, tanto desde la tira Flash Gordon (con Flash, Zarkov
y Dale Arden fugándose al intinerante planeta Mongo) hasta
Superman (con la explosión de Kripton
y la llegada de Kal El a nuestro planeta). Y esta adaptación
de 1951 producida por el célebre George Pal es considerada
un clásico de la decada, que traslada con bastante fidelidad
la novela a la pantalla.
Si uno analiza un poco la premisa de When Worlds Collide,
no se precisa saber astronomía para saber que suena disparatada.
Que un planeta errante con su luna anden vagando por el sistema
solar, que impacte con la Tierra y, fundamentalmente, que la humanidad
pueda escapar a dicha luna y establecer una nueva civilización
(aceptando que Zyra sigue en movimiento y terminará por alejarse
del Sol) implica aceptar ingenuamente estos postulados para poder
seguir avanzando con la historia. En todo caso otro tipo de teorías
(como el impacto de un asteroide a la Armagedon) resulta
más coherente.
A pesar de ser una producción de George Pal, no es un film
que se apoye demasiado en los efectos especiales. A decir verdad,
de acuerdo a las expectativas de la audiencia, puede resultar un
poco desilusionante. Los FX son más que correctos, pero las
secuencias de efectos son bastante breves, aparecen sobre el último
tercio del film y no duran demasiado. Incluso da la sensación,
por momentos, de que la existencia de Zyra es una excusa para tirar
un poco de acción y FX a una historia bastante dialogada
y estática. Sin duda las imágenes de devastación
masiva son brillantes, pero duran unos escasos minutos. Y la destrucción
final de la Tierra es sencillamente decepcionante: sólo se
ve unos segundos en una pantalla de monitor y nada más que
eso.
Si el film ha tomado el rumbo de mostrar pocos efectos para apoyarse
en el costado dramático de la historia, entonces éste
debería estar desarrollado como corresponde. Pero los momentos
iniciales de Cuando Los Mundos Chocan son francamente bizarros,
donde todo el mundo anda deshinibidamente hablando del tema del
fin del mundo sin pensar seriamente en lo que eso significa. Algunos
personajes como el de Barbara Rush resultan de una superficialidad
sorprendente - la doctora ligera de cascos que decide enamorarse
del piloto recién llegado y abandonar a su prometido
-; y si bien el piloto interpretado por Richard Derr cae en la misma
volteada, al menos Derr le pone energía como para que resulte
simpático. Comparado con el perfil de otros patéticos
comic relief que aparecen en los filmes de Pal, lo de Derr
parece una perfomance candidata al Oscar.
Si se quiere, la única cuota de realismo la aporta el veterano
John Hoyt como el avinagrado millonario que financia la construcción
de la nave. Su visión de lo que sucede es cínica pero
sincera - en especial sobre el levantamiento de masas cuando la
catástrofe esté cerca -. El problema es que el carácter
de Hoyt es una isla en medio de un mar de ingenuidades propias del
género de aquella época, como que las Naciones
Unidas sirven para algo, y que los científicos son una
especie de sabios que deben guiar a la humanidad. Aquí no
existen cuestionamientos sobre que el Dr. Hendron digite quienes
van en el viaje, y defina cómo se hace la loteria para decidir
el resto de la tripulación que irá en el arca espacial.
A pesar de todo, el film se mantiene muy bien especialmente porque
impone el sentido de la urgencia, algo que comienza a incrementarse
a medida que el final se acerca. Es ciertamente naif en la
concepción de los personajes, porque establece ciertas características
de docilidad y nobleza que son obviamente imposibles en una situación
real cuando la desesperación apremia. Al tener un buen ritmo,
uno no piensa demasiado en las faltas de la historia. Pero si hay
algo que realmente le quita puntos al film - y que aparece en otras
películas de Pal, aunque de manera más menguada -
es el tufillo de discurso católico que el productor impone
a la historia, y que aquí resulta vomitivo. Es Pal en su
peor hora, sermoneando la Biblia y los castigos del Señor
a la humanidad corrupta. Intercalando párrafos de la Biblia
al son de coros celestiales a cada rato. Y cuando no son estos inserts,
son escenas aisladas donde los individuos realizan actos de nobleza
que termina por empalagar: que el ex novio de la Dra. Hendron mienta
para que el piloto Randall desista de abandonar el viaje, o la historia
de los jovenes novios que trabajan en la construcción de
la nave - él es elegido por la lotería, pero ella
no - y que el omnipotente Dr. Hendron termina por decidir que ambos
suban a bordo y no se separen, aunque por ello ponga en riesgo toda
la misión. Son personajes que se portan de forma demasiado
correcta en una situación tan desesperante, lo que termina
por hacerlos ridículos al ser tan moralmente perfectos. |
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