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USA, 1976 : Peter Fonda (Chuck
Browning), Blythe Danner (Tracy Ballard), Stuart Margolin
(Harry Croft), Arthur Hill (Duffy), John Ryan (Dr Schneider)
Director - Richard T. Heffron,
Guión - George Schenck & Mayo Simon
TRAMA : Dos años después
del desastre provocado por los robots fuera de control,
el parque de diversiones de última tecnología
Delos reabre sus puertas. Los periodistas Chuck Browning
y Tracy Ballard forman parte de la comitiva inaugural,
integrada por prestigiosos políticos y empresarios.
Pero Browning, en realidad, intenta investigar cuál
es el secreto que esconde el parque, ya que un informante
que estaba a punto de contactarlo y brindarle datos
reveladores sobre Delos ha aparecido asesinado. Y una
vez en el parque, Browning y Ballard descubrirán
que existe una siniestra conspiración para reemplazar
autoridades mundiales con sus clones robóticos.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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El Mundo del Futuro es una secuela algo tardía
de Oestelandia (1973), la
que estaba basada en una obra (y fuera dirigida en su
momento) por Michael Crichton. En aquella ocasión
un parque de diversiones compuesto por robots se salía
de control y los turistas terminaban siendo masacrados
por los androides. Westworld hizo una buena taquilla,
y cuatro años más tarde se despacharon con
esta continuación, algo mejor producida y bajo
la tutela de la AIP.
Si bien Oestelandia fue popular en su momento,
no dejaba de ser un filme bastante desparejo que desperdiciaba
la oportunidad de explorar sus interesantes ideas -
como el por qué el hombre construye un parque
de diversiones cuyo mayor placer es matar robots -.
Aún así, era original. Pero lo mismo no
se puede decir de El Mundo del Futuro. Es rutina
serie B mejor producida, gracias a que la AIP
consiguió las instalaciones de la NASA
para el rodaje del filme y se ve mucho más caro
de lo que realmente costó.
El problema de El Mundo del Futuro es la dirección
pedestre de Richard T. Heffron, que no tiene la más
mínima idea de cómo crear un clima de
conspiración que es lo que la película
precisa. Casi a los cinco minutos del inicio uno puede
anticipar de qué va la trama, simplemente porque
vemos el proceso de creación del clon de Peter
Fonda. Eso no quita que la película entretenga
y sea pareja, aunque el tema del reemplazo de los líderes
mundiales por los clones no sea nada nuevo.
El pistolero de Oestelandia
regresa, aunque sea para un cameo en una secuencia onírica
de Blythe Danner (y que bordea lo ridículo). Es
la última aparición fílmica de Yul
Brynner y es un desperdicio, ya que el pistolero era lo
que le había dado vida a Westworld. Aquí
los roles principales van a parar a Danner y a un inusual
Peter Fonda, que venía dejando de lado sus aventuras
drogonas con Dennis Hopper. Lo sorprendente es que Danner
- eterna ama de casa, parlanchina y simpática -
y el estoico Fonda hacen una buena pareja. Pero la trama
no hace el más mínimo esfuerzo en intentar
generar algo de suspense, y todo resulta muy lineal.
Una de las cosas más interesantes del filme
es la tecnología computarizada que presenta,
que es notablemente avanzada para la época. Si
Westworld había producido el primer FX
digital - la visión robótica de Yul Brynner
por escasos segundos -, aquí están los
primeros efectos 3D del cine, con una reproducción
computarizada del rostro de Fonda. Pero aparte de eso,
el resto de la tecnología del filme es bastante
dispar. Crichton ubicaba a Westworld en un futuro
real, con naves utópicas surcando los cielos,
mientras que aquí Fonda y Danner llegan a Delos
en vulgares aviones de línea. Hay una máquina
de grabar los sueños que es demasiado fantasiosa,
y la idea de clonar genéticamente a humanos en
cuestión de horas es absurda. Más absurdo
aún es el clímax, donde los mismos clones
deben eliminar a sus originales aún a riesgo
de perecer en el intento y tirar por la borda el inmenso
trabajo que llevó el proceso de crearlos.
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