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GB, 1959 : Peter Cushing (John
Banning), Christopher Lee ( Kharis, la momia), Yvonne
Furneaux (Isabel Banning / princesa Ananka), Eddie Byrne
(inspector Mulrooney), Felix Aylmer (Stephen Banning),
Raymond Huntley (Joseph Whemple), George Pastell (Mehemet
Bey) Director - Terence Fisher, Guión
- Jimmy Sangster, basado en los guiones de The Mummy's
Hand y The Mummy's Tomb. |
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TRAMA : Stepeh Banning conduce una expedición
arqueológica en Egipto en 1895. La misión
resulta un éxito, consiguiendo encontrar la tumba
perdida de la princesa Ananka. Pero Banning sufre un
shock al ingresar al mausoleo, y debe ser internado
en un hospital siquiátrico. Tres años
más tarde, su hijo John recibe la llamada del
hospital, de que su padre ha recuperado momentáneamente
su lucidez y desea hablarle. Stephen advierte a John
sobre la maldición de la momia - el sacerdote
kharis y guardián de los restos de la princesa
Ananka -, quien vendrá a castigar a aquellos
que profanaron la tumba. El egipcio Mehemet Bey - testigo
de la excavación - ha llegado a Inglaterra con
los restos de Kharis, y revive a la momia a través
del Rollo de la Vida, un antiguo manuscripto que le
otorga el control de la misma. Pronto Kharis desatará
su venganza sobre los arqueólogos que profanaron
la tumba de su amada.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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A fines de los 50 la Hammer había descubierto
una rica veta comercial con el cine fantástico,
especialmente después del éxito de The
Quatermass Xperiment. Pero no sería hasta que
pusiera su pie en el terreno del horror, en donde los
estudios se llenarían los bolsillos y dejarían
una huella indeleble. Los primeros escarceos de la Hammer
con el género fueron dados con adaptaciones libres
de clásicos de la Universal, como The
Curse of Frankenstein (1957) y Dracula
(1958). Para 1959 los estudios ya habían atraído
la atención de Hollywood e incluso llegaron a un
acuerdo oficial con la Universal - antes, sus libretos
seguían elípticamente las premisas de las
historias de los filmes del estudio americano para evitar
posibles juicios por plagio -. Siguiendo con las adaptaciones
del escaparate de monstruos clásicos, en dicho
año vendría su propia versión de
La Momia (1932).
Pero la versión de 1959 de la Hammer,
en realidad, sigue con fidelidad de remake a
otros títulos posteriores de la saga de la Universal
y no al clásico protagonizado por Boris Karloff.
Aquí lo que se adaptan son las premisas de The
Mummy's Hand y The Mummy's Tomb, que son
entregas menores de la serie y datan de 1940. Aún
así, The Mummy´s Hand sienta una
gran cantidad de estándares para el sub género
- los sacerdotes modernos que controlan a la momia,
las hojas de tana, la princesa reencarnada -, aunque
la factura original no era demasiado brillante. The
Mummy (1959) fusiona ambos libretos, elimina algunos
detalles, y procede como una historia habitual de venganza.
Es interesante observar cuáles pueden haber
sido los orígenes del mito. En 1931 Carl Laemmle
Jr. se sintió fascinado acerca de las leyendas
urbanas respecto a la apertura de la tumba de Tutankhamon
- cuyos arquéologos y expedicionarios sufrieron
extrañas muertes en el curso de pocos años
-, y le encomendó una obra de horror sobre el
tema a su editor de historias Richard Shayer. Shayer
terminaría desarrollando un borrador básico
sobre el conde Alessandro Cagliostro, inventando que
se trataba de un alquimista del siglo XVIII y que había
obtenido la inmortalidad gracias a la inyección
de un suero especial. A pesar de que no era específicamente
lo que buscaba, a Laemmle Jr. le gustó la historia
y procuró que el libretista John L. Balderston
la adaptara como obra seteada en el antiguo Egipto.
El resultado fue La Momia (1932), otro clásico
de la Universal. Si bien Balderston tomó
la premisa del alquimista inmortal, pronto le fusionó
otros aspectos que vienen de influencias muy dispares.
El tema de la amante reencarnada es propio de Dracula,
mientras que el control de la momia está tomado
de la leyenda hebrea del Golem - el ser de arcilla
al que se le da vida susurrándole en el oído
el nombre secreto de Dios, y desata su venganza sobre
los perseguidores de sus amos -.
Aquí al mando está Terence Fisher, el
director habitué de la Hammer. Posiblemente
Fisher haya creado un nombre para la Hammer en
el terreno del terror en su época, pero para
las audiencias de hoy sus obras son prolijas pero chatas.
Y La Momia (1959) es otra muestra de ellas. Eso
no significa que todos los antiguos filmes de horror
sean sosos o malos (fíjense, sino, la versión
de 1931 de Frankenstein).
El problema con Fisher es que resulta excesivamente
teatral en cuanto a sus parlamentos. Sus filmes son
muy dialogados, redundantes en lo obvio, floridos en
sus palabras, y estoicos a la hora de definir sus personajes.
No hay demasiado suspenso o impacto al momento de ver
las criaturas. Todo es ok, correcto y prolijito, pero
incapaz de generar amenaza.
Regresa la pareja protagónica de Peter Cushing
y Christopher Lee luego de Dracula (1958) y The
Curse of Frankenstein (1957). Por lo menos son dos
actores capaces y carismáticos. Lee tiene oportunidad
de actuar un poco y sin vendas, al momento de reconstruir
la historia inicial en el antiguo Egipto, pero el resto
del tiempo se la pasa maquillado y cojeando - algo que
tiene que ver con la realidad tras bambalinas, ya que
Lee la pasó mal durante el rodaje, con muchos accidentes
y heridas -. Por lo menos esta momia es un poco más
activa que las clásicas de la Universal,
y el hecho de que el personaje de Peter Cushing sea cojo
podría haber dado lugar a algún tipo de
persecución, pero aquí el detalle termina
siendo desperdiciado por el guión. El libreto tampoco
es demasiado brillante en algunas escenas - en un momento
Cushing convence al inspector de policía de que
la momia "ha vivido en un estado comatoso de muerto
viviente" (!?) - y el clímax en el pantano
es realmente tonto. Si la criatura era inmortal, decide
simplemente hundirse en la misma ciénaga por la
que había estado paseando minutos antes y cargando
a la chica - la pétrea Yvonne Furneaux -. Incluso
la investigación del inspector que encarna Eddie
Byrne es algo traída de los pelos, encajando hechos
muy disímiles hasta finalmente comprarle la idea
de la momia viviente a Peter Cushing. Y para postre, el
villano que interpreta George Pastell es muy estandar,
sin visos de amenaza.
Como otros títulos famosos de la Hammer,
esta versión de La Momia ha envejecido
mal. No tiene shock, es algo larga, y carece de suspenso.
Es correcta rutina teatral dirigida por alguien sin
gran talento para el horror. |