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Alemania Occidental / España
/ Monaco / Italia, 1967 : Lang Jeffries (Mayor Perry Rhodan),
Essy Persson (Thora), Luis Dávilla (Capitán
Mike Bull), John Karelson (Crest), Gianni Rizzo (Arkin),
Pinkas Braun (General Roon) Director
- Primo Zeglio, Guión - Primo Zeglio, Sergio
Donati & K.H. Vogelman, basados en la serie de novelas
de Perry Rhodan, creada por K. H. Scheer y Clark
Darlton
TRAMA : El mayor Perry Rhodan
lidera una misión hacia la Luna, cuyo propósito
es explotar los minerales preciosos que existen en nuestro
satélite. Pero su cohete espacial es interceptado
por una fuerza invisible, y Rhodan se ve obligado a
aterrizar en un sector desconocido de la Luna. Allí
descubre que los responsables son alienígenas
del del planeta Archon, los cuales han quedado varados
en la Luna a causa de la enfermedad de su líder,
el anciano Crest, y ahora precisan desesperadamente
la ayuda de los terrícolas. Tras un profundo
examen el médico de la misión concluye
que Crest padece Leucemia y deben ir a buscar la cura
a Kenia, ya que allí reside un científico
que ha inventado un tratamiento exitoso para la enfermedad.
Pero el viaje a Africa resultará mucho más
complicado de lo esperado, ya que las fuerzas militares
intentarán apoderarse de la nave archoniana,
amén de que Rhodan descubrirá que miembros
de su equipo trabajan para un líder criminal
que ha estado intentando sabotear la misión.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Es bastante interesante la historia de origen del prócer
de la sci fi alemana Perry Rhodan. Walter
Ernsting había trabajado en la post guerra como
traductor para las fuerzas británicas de ocupación,
y allí tomó contacto con la sci fi inglesa.
El género terminó por seducirlo y en los
años 50 intentó publicar varias novelas
sin éxito comercial, hasta que se dió cuenta
que la causa del fracaso era la pacatería del pueblo
alemán - que no aceptaba ciencia ficción
autóctona - y comenzó a editar sus obras
bajo el seudónimo mucho mas anglosajón de
Clark Darlton. A partir de entonces Ernsting comenzó
a vivir de su arte y, en 1961, se uniría con el
autor K. H. Scheer para desarrollar una corta serie de
novelitas semanales - que estimaban, llegaría
a los 30 números como máximo - utilizando
un modelo de aventurero espacial similar a Flash
Gordon, Dan Dare y Buck Rogers. Lo que
no se imaginaban era que Perry Rhodan llegaría
a ser la obra más popular de ciencia ficción
de todos los tiempos en términos editoriales -
más de un billón de publicaciones
desde 1961 hasta el día de hoy, y aún sigue
-. El enorme éxito de sus novelas cruzaría
el océano, y el mismo editor de Famous Monsters
of Filmland Forrest J. Ackerman desarrollaría
la edición inglesa de sus obras. Con más
de 2.500 libros publicados, Perry Rhodan se ha
convertido en el sinónimo de la ciencia ficción
alemana.
Lo que ahora nos ocupa es una adaptación para
la pantalla grande que surgió a fines de los
60, acá montada como una coproducción
conformada por media Europa. Pero aún con todos
los productores involucrados, Mission Stardust
(Misión: Polvo de Estrellas, traducción
literal) se siente como una típica spaghetti
space opera, similar a las que Mario Bava y Antonio
Margheritti rodaban a lo largo de la década.
El primer tercio del film tiene tal tufillo sicodélico
a la Danger:
Diabolik (incluyendo la música), que termina
por convertirse en un espectáculo visualmente
fascinante, más allá de las falencias
y bondades del guión. De hecho la película
ha sido catalogada por años como un bodrio abominable
- los propios fans del Perry Rhodan literario la han
despreciado, y no hay crítico que no le haya
pegado un cachetazo -, lo cual es bastante injusto.
Ciertamente Mission Stardust no ganará
un Oscar pero está dirigida de manera competente,
y es un descerebre muy entretenido. Los valores de producción
son muy buenos, y las actuaciones están ok. Oh
si, todo es muy pop, pero allí reside gran
parte de su gracia.
En sí la historia es un licuado de géneros.
El filme arranca como una space opera, con la misión
de Rhodan siendo desviada por un rayo invisible y aterrizando
al lado de una nave extraterrestre. Allí lo espera
una hermosa alienígena llamada Thora, la que les
pide ayuda para cuidar a su anciano compañero de
viaje, el que padece una variante de la leucemia. El tema
es que Thora es una especie de extraterrestre-aria-xenófoba
que desprecia a los hombres y a los terrícolas
por considerarlos inferiores (heil!), y
Perry Rhodan (el canadiense Lang Jeffries) tiene la desgracia
de pertenecer a ambas categorías. Como la Thora
está más buena que el dulce de leche,
Rhodan calma sus salvajes impulsos feministas a fuerza
de shockeantes besos.
Ahora bien; el remedio para la leucemia - que para
el guión equivale a una especie de gripe tropical
y se cura con un suero (!) - se encuentra en Kenia,
en donde un buen científico ha desarrollado un
medicamento milagroso e instantáneo. Thora, Rhodan
y compañía parten para Africa (como quien
va de aquí a la esquina), y aterrizan en un desierto.
Hete aquí que los militares han visto el aterrizaje
y deciden expulsar al subversivo invasor alienígena
(heil! 2) de sus tierras, con lo cual
la racista de Thora aprovecha para pulverizarles un
par de tanques y algunos Land Rovers en mal estado.
Mientras tanto Rhodan va a buscar al científico
de marras, pero en el camino se entera que hay un genio
criminal (el que posee todo el equipamento standard
de supervillano, incluyendo a una franeleada mascota
que tiene en su mano todo el tiempo) que ha infiltrado
su equipo, ya que quiere apoderarse de las riquezas
que el astronauta descubra en la Luna. Y, ahora que
se toparon con la curvilínea alienígena,
también quiere quedarse con la nave y los chiches
extraterrestres.
A partir de allí Mission Stardust pasa
a ser la típica película de matinée
con gente persiguiendo gente, trompeándose y
baleándose sin cesar. Hay unas cuantas escenas
divertidas - Thora prepoteando al general africano;
un enfrentamiento entre robots y enfermeras a bordo
de la nave alienígena - que están bastante
bien montadas, teniendo en cuenta la modestia del presupuesto
de producción. Por supuesto una excusa lleva
de una situación a la otra, sin pensar demasiado
si todo esto es muy coherente - ¿por qué
los astronautas no llevaron a Crest directamente con
sus superiores, en vez de andar robando coches en Africa
y escapando a los secuaces del villano?; ¿cómo
va a operar el médico sin saber siquiera dónde
los alienígenas tienen los órganos o siquiera
cúal es su grado de compatibilidad con la sangre
humana? -. Pero como al final el resultado es muy
entretenido (y mucho mejor a lo esperado), termina siendo
un espectáculo más que recomendable.
El que merece un capítulo aparte es el argentino
Luis Dávila, un ídolo injustamente
olvidado. Dávila pertenece a una troupe
de talentos argentinos que se fueron a probar suerte
a Europa en la década del 60, tal como Alberto
de Mendoza, Luis Bacalov y Jorge Rigaud. Terminaría
por desembarcar en Italia, en donde obtendría
el protagónico de numerosos filmes - desde
westerns hasta películas de euroespias -.
Tal como pasaría con un montón de talentos
extranjeros, terminaría por pegarse la vuelta
en algún momento - en su caso, seducido ante
la inminente democracia que surgiría brevemente
en Argentina a mediados de los años 70 -, y rodaría
unas cuantas telenovelas hasta mediados de los ochenta.
Luego caería enfermo y moriría - olvidado
y pobre - en 1998. Aquí Dávila (haciendo
del capitán Mike Bull, el compañero de
aventuras de Perry Rhodan) estaba en su momento de gloria
- venía de rodar Agente Logan, Mision Ypotron
y Doc, Manos de Acero, dos clones continentales
de 007 -, y todavía tendría unos cuantos
éxitos más en el viejo continente. Pero
el caso del actor sería otro triste ejemplo de
la idiosincracia argentina, en donde la gente carece
de memoria y sepulta en el anonimato a aquellos ídolos
cuya época de fama ya ha pasado. |