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USA, 1988 : Anthony Edwards
(Harry Washello), Mare Winningham (Julie Peters), John
Agar (Ivan Peters), Lou Hancock (Lucy Peters), Denise
Crosby (Landa), Brian Thompson (fisico culturista)
Director - Steve De Jarnatt,
Guión - Steve De Jarnatt
TRAMA : Harry Washello acuerda
su primera cita con Julie Peters en una cafetería
de Los Angeles a las nueve de la noche de ese mismo
día. Pero Harry se queda dormido y llega a la
reunión con varias horas de retraso. Al intentar
llamar a la chica para disculparse, Harry intercepta
un llamado en el teléfono público de la
cafetería, en donde un hombre descontrolado lo
confunde con su padre e intenta advertirle que los rusos
han lanzado un masivo ataque nuclear a Norteamérica,
y que los misiles harán impacto en 70 minutos.
Harry queda profundamente schockeado y empieza a gritarle
a todos los asistentes de la cafetería sobre
la inminencia del bombardeo. Precisamente una de las
comensales es la secretaria de un senador asignado a
la comisión de defensa y, al intentar comunicarse
con su jefe descubre que éste ha partido de improviso
a Sudamérica. El pánico se extiende entre
la gente de la cafetería, y la secretaria del
político arregla un vuelo privado hacia el aeropuerto,
el cual partirá desde la terraza de un edificio
cercano en cincuenta minutos. Pero Harry se niega a
irse sin Julie y se lanza a buscarla desesperadamente
por las calles de Los Angeles. Y mientras tanto, el
tiempo corre en su contra.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Setenta Minutos para Huir / La Noche del Holocausto
se basa en una idea de Steve De Jarnatt. Originalmente
era un segmento escrito para la versión para la
pantalla grande de The Twilight
Zone (aquella producida por Steven Spielberg), y terminó
siendo descartado por el estudio; luego el libreto quedó
en el limbo y comenzó a circular por Hollywood
durante casi 10 años. Los que tuvieron oportunidad
de leer el guión terminaban por adorarlo, pero
nadie se animaba a producirlo, e incluso la revista American
Film lo ubicó en su lista de los 10 mejores
libretos que jamás se filmaron. De Jarnatt
persistió con su script, recomprándolo al
estudio, expandiéndolo al formato de largometraje
y negándose a volver a venderlo a la Warner
Brothers, los que querían encararlo como una
superproducción pero con otro director y guionista.
Finalmente un estudio menor - Hemdale Films - accedió
a financiarlo y le dió libertad creativa a De Jarnatt.
Y si bien las críticas fueron muy buenas, Miracle
Mile se hundió en la taquilla, recaudando sólo
el 50% de su pequeño presupuesto. Por suerte la
era del video ayudó a redescubrirlo y terminaría
por transformarse en un filme de culto.
Uno puede percibir cúal era el núcleo
original del relato, que se ciñe a la escena
de la cafetería y que sobresale en intensidad
por encima del resto de la historia. Y ese núcleo
es muy propio de los episodios de La
Dimensión Desconocida - shock inicial,
seguido de tensión y un giro final que bordea
el humor negro -, algo que hubiera hecho las delicias
de Rod Serling (de hecho, Miracle Mile hubiera
sido mucho más efectivo que el insufrible segmento
"Patea la Lata" que Spielberg metió
con calzador en la versión filmica de The
Twilight Zone). Si bien cuando aranca la película
tiene todas las señales de ser una típica
comedia romántica ochentosa, cuando Anthony Edwards
levanta el teléfono y se entera de la shockeante
verdad el filme se transforma en una montaña
rusa cargada de adrenalina. Lo primero que uno ve son
las reacciones de la gente cuando se entera de la noticia,
que van del descreimiento a la pura violencia (es como
si uno se liberara de las restricciones morales de la
sociedad); pero el otro punto importante es que el descubrimiento
de Edwards no tiene una confirmación oficial
válida, sólo sospechas más o menos
fundadas. Nadie en la TV ni en la radio confirma el
ataque; la secretaria del senador descubre que su jefe
y otros políticos salieron pitando de
viaje... pero no hay mucho más. Anthony Edwards
empieza a meterse en líos cada vez más
espesos - robar autos, escapar de la policía,
secuestrar personas - con tal de llegar a donde está
su novia... pero tampoco está muy convencido
de que eso esté sucediendo o de que la noticia
que escuchó sea verdad. Entre el descreimiento
sobre el suceso y la inminencia del mismo, es donde
se encuentran las mejores bazas del filme.
El tema está en que, sacando la escena de la cafetería,
el resto es bastante dispar. No está mal, pero
se alterna entre la comedia y el drama y no siempre de
manera muy bien definida. Queda en evidencia que De Jarnatt
es mejor guionista que director, y acá decidió
hacer una especie de Después de Hora (1985),
con otro tipo perdido en la gran ciudad en plena medianoche
y topándose con gente estrafalaria, pero sin el
talento de Martin Scorsese. El punto es que De Jarnatt
se maneja con una premisa tan a prueba de balas que resiste
aún las escenas más fallidas como la secuencia
de la gasolinera. Hay una tremenda sensación de
urgencia y hay un margen de credibilidad en duda - no
sabemos si el ataque es real o no -, que es lo que
sobrevuela todo el relato. Pero lo que sigue después
- las desventuras de Edwards para buscar a la chica y
encontrar un piloto de helicóptero en plena madrugada
- es pintoresco y no siempre efectivo.
El otro punto destacable es el final, que es inesperado.
Allí uno entiende las reservas que tenían
los estudios para financiar al libreto. No estoy muy
seguro de que sea un climax efectivo, pero los problemas
hay que achacarlos a De Jarnatt como director. Con otro
cineasta esta historia podría haberse transformado
en una obra maestra.
(En nota para la trivia John Agar, el ídolo
de las películas serie B de los años cincuenta,
figura como el abuelo de Mare Winningham).
Setenta Minutos para Huir vale la pena. Es intensa,
está bien actuada, y se escapa completamente
a la rutina. Le faltaba un pulso más firme en
la dirección como para transformarla en una experiencia
completamente paranoica, pero así como está
no está tan mal. Y definitivamente es recomendable. |