Setenta Minutos para Huir / La Noche del Holocausto (Miracle Mile): un hombre se entera de que la ciudad recibirá un ataque nuclear en 70 minutos, en este filme con Anthony Edwards y Mare Winningham. Critica de la pelicula ofertas software para estudios contables
   

Critica: MIRACLE MILE

una crítica del film, por Alejandro Franco

calificacion 4 atomicos sobre 5: muy buena
USA, 1988 : Anthony Edwards (Harry Washello), Mare Winningham (Julie Peters), John Agar (Ivan Peters), Lou Hancock (Lucy Peters), Denise Crosby (Landa), Brian Thompson (fisico culturista)

Director - Steve De Jarnatt, Guión - Steve De Jarnatt

Trama: Harry Washello acuerda su primera cita con Julie Peters en una cafetería de Los Angeles a las nueve de la noche de ese mismo día. Pero Harry se queda dormido y llega a la reunión con varias horas de retraso. Al intentar llamar a la chica para disculparse, Harry intercepta un llamado en el teléfono público de la cafetería, en donde un hombre descontrolado lo confunde con su padre e intenta advertirle que los rusos han lanzado un masivo ataque nuclear a Norteamérica, y que los misiles harán impacto en 70 minutos. Harry queda profundamente schockeado y empieza a gritarle a todos los asistentes de la cafetería sobre la inminencia del bombardeo. Precisamente una de las comensales es la secretaria de un senador asignado a la comisión de defensa y, al intentar comunicarse con su jefe descubre que éste ha partido de improviso a Sudamérica. El pánico se extiende entre la gente de la cafetería, y la secretaria del político arregla un vuelo privado hacia el aeropuerto, el cual partirá desde la terraza de un edificio cercano en cincuenta minutos. Pero Harry se niega a irse sin Julie y se lanza a buscarla desesperadamente por las calles de Los Angeles. Y mientras tanto, el tiempo corre en su contra.

 
 
trailer de Setenta Minutos para Huir
 
 
Setenta Minutos para Huir (Miracle Mile)
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Setenta Minutos para Huir / La Noche del Holocausto se basa en una idea de Steve De Jarnatt. Originalmente era un segmento escrito para la versión para la pantalla grande de The Twilight Zone (aquella producida por Steven Spielberg), y terminó siendo descartado por el estudio; luego el libreto quedó en el limbo y comenzó a circular por Hollywood durante casi 10 años. Los que tuvieron oportunidad de leer el guión terminaban por adorarlo, pero nadie se animaba a producirlo, e incluso la revista American Film lo ubicó en su lista de los 10 mejores libretos que jamás se filmaron. De Jarnatt persistió con su script, recomprándolo al estudio, expandiéndolo al formato de largometraje y negándose a volver a venderlo a la Warner Brothers, los que querían encararlo como una superproducción pero con otro director y guionista. Finalmente un estudio menor - Hemdale Films - accedió a financiarlo y le dió libertad creativa a De Jarnatt. Y si bien las críticas fueron muy buenas, Miracle Mile se hundió en la taquilla, recaudando sólo el 50% de su pequeño presupuesto. Por suerte la era del video ayudó a redescubrirlo y terminaría por transformarse en un filme de culto.

Uno puede percibir cúal era el núcleo original del relato, que se ciñe a la escena de la cafetería y que sobresale en intensidad por encima del resto de la historia. Y ese núcleo es muy propio de los episodios de La Dimensión Desconocida - shock inicial, seguido de tensión y un giro final que bordea el humor negro -, algo que hubiera hecho las delicias de Rod Serling (de hecho, Miracle Mile hubiera sido mucho más efectivo que el insufrible segmento "Patea la Lata" que Spielberg metió con calzador en la versión filmica de The Twilight Zone). Si bien cuando aranca la película tiene todas las señales de ser una típica comedia romántica ochentosa, cuando Anthony Edwards levanta el teléfono y se entera de la shockeante verdad el filme se transforma en una montaña rusa cargada de adrenalina. Lo primero que uno ve son las reacciones de la gente cuando se entera de la noticia, que van del descreimiento a la pura violencia (es como si uno se liberara de las restricciones morales de la sociedad); pero el otro punto importante es que el descubrimiento de Edwards no tiene una confirmación oficial válida, sólo sospechas más o menos fundadas. Nadie en la TV ni en la radio confirma el ataque; la secretaria del senador descubre que su jefe y otros políticos salieron pitando de viaje... pero no hay mucho más. Anthony Edwards empieza a meterse en líos cada vez más espesos - robar autos, escapar de la policía, secuestrar personas - con tal de llegar a donde está su novia... pero tampoco está muy convencido de que eso esté sucediendo o de que la noticia que escuchó sea verdad. Entre el descreimiento sobre el suceso y la inminencia del mismo, es donde se encuentran las mejores bazas del filme.

El tema está en que, sacando la escena de la cafetería, el resto es bastante dispar. No está mal, pero se alterna entre la comedia y el drama y no siempre de manera muy bien definida. Queda en evidencia que De Jarnatt es mejor guionista que director, y acá decidió hacer una especie de Después de Hora (1985), con otro tipo perdido en la gran ciudad en plena medianoche y topándose con gente estrafalaria, pero sin el talento de Martin Scorsese. El punto es que De Jarnatt se maneja con una premisa tan a prueba de balas que resiste aún las escenas más fallidas como la secuencia de la gasolinera. Hay una tremenda sensación de urgencia y hay un margen de credibilidad en duda - no sabemos si el ataque es real o no -, que es lo que sobrevuela todo el relato. Pero lo que sigue después - las desventuras de Edwards para buscar a la chica y encontrar un piloto de helicóptero en plena madrugada - es pintoresco y no siempre efectivo.

El otro punto destacable es el final, que es inesperado. Allí uno entiende las reservas que tenían los estudios para financiar al libreto. No estoy muy seguro de que sea un climax efectivo, pero los problemas hay que achacarlos a De Jarnatt como director. Con otro cineasta esta historia podría haberse transformado en una obra maestra.

(En nota para la trivia John Agar, el ídolo de las películas serie B de los años cincuenta, figura como el abuelo de Mare Winningham).

Setenta Minutos para Huir vale la pena. Es intensa, está bien actuada, y se escapa completamente a la rutina. Le faltaba un pulso más firme en la dirección como para transformarla en una experiencia completamente paranoica, pero así como está no está tan mal. Y definitivamente es recomendable.

 
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