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Star Wars de George Lucas es considerada
como la madre de la ciencia ficción moderna. Tanto en el aspecto
visual como narrativo, impuso nuevos códigos en el lenguaje
cinematográfico, dotando a la ciencia ficción de respeto,
reconocimiento popular y éxito en la taquilla, y rescatándola
de la serie B o del nicho intelectual que había obtenido con
títulos como La Naranja Mecanica o 2001.
Sin desmerecer los méritos de La
Guerra de las Galaxias, no deja de ser un pastiche entre comic
y aventura adolescente. Un pastiche muy bien hecho, por cierto.
Pero le faltaba cierto trasfondo de mayor densidad. Comparada con
otras sagas más centradas en explorar las posibilidades a
nivel sci fi que le brindan la creación de nuevos
mundos - como, por ejemplo, Star Trek
-, Star Wars no deja de ser una aventura de fantasía
- al estilo El Señor
de los Anillos - con adornos de ciencia ficción. La ciencia
ficción de calidad - en especial, la literaria - funciona
a un nivel más cerebral y menos como vehículo de acción.
Crean mundos, desarrollan utopías y funcionan como alegorías
y experimentos sobre la realidad actual. Es obvio que sin el impulso
de Star Wars, no se habrían concretado muchos filmes
de sci fi - buenos y malos - que hemos conocido en los últimos
30 años (la ciencia ficción siempre resultó
un género demasiado caro para llevar a la pantalla). Pero
muy pocas de esas obras - Blade Runner,
Star Trek I, Dark
City, por ejemplo - desarrollaron ideas originales, brillantes,
ingeniosas, que impacten al espectador. Espectáculos buenos
han habido muchos; pero conceptos originales y bien desarrollados,
muy pocos.
Precisamente en 1998 se estrenó Ciudad
en Tinieblas (Dark City) de Alex Proyas, la cual es una verdadera
obra maestra que pasó totalmente desapercibida. Dark City
planteaba la idea de un mundo artificial, construido por extraterestres
para experimentar con las emociones humanas y descubrir la naturaleza
del alma - que entendían, podría remediar el problema
de su propia mortalidad -. Es posible que este argumento, dicho
en frio, resulte algo cursi o demasiado intelectual, pero era un
film realizado de manera impecable. Y si bien uno no tiene la certeza
del tiempo de incubación que debe haber llevado el guión
de los hermanos Wachowski, es innegable que Matrix le debe
un montón de ideas a Dark City.
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Pero Matrix - al igual que Star
Wars y muchos grandes films del cine - es un pastiche de influencias.
Se puede mencionar a Philip K. Dick (el autor de Blade
Runner) y su visión de las realidades alteradas, del
engaño a la percepción del cerebro, de las memorias
borradas. El cine de Hong Kong, la misma Star Wars, el cyberpunk
... y la lista sigue. Pero este conglomerado de ideas termina por
cohesionarse y formar un nuevo concepto totalmente original, que
se mantiene dignamente frente a sus fuentes intelectuales. Como
Lucas, los hnos. Wachowski crean algo nuevo y popular, con la diferencia
que Matrix es mucho más inteligente en cuanto a la
densidad y reto de las ideas que presenta.
Una de las cosas más sorprendentes del film es el equilibrio
con que dosifica la entrega de tantas ideas (y, a veces, tan densas).
La labor de Fishburne en introducir a Neo (y al espectador) a toda
la teoría de la Matriz es brillante, ya que es pausado, coherente
y didáctico. Ciertamente no todos los conceptos son captados
de entrada - una segunda visión del film amplifica mucho
de lo que quiere explicar -; en casos como el mío, que poseo
algunos conocimientos de informática, las teorías
me resultan muy plausibles y digeribles en cómo están
presentadas, excelentes paralelismos de cómo funciona una
computadora o un software. Para espectadores ajenos a la computación,
esto ya no es tan claro, y posiblemente le queden bastantes baches.
Para esos casos, el film funciona a un segundo nivel parecido a
Star Wars, donde la platea entiende que hay un héroe
que es un elegido, que hay un proceso de descubrimiento y que hay
una fuerza malévola y dominante a destruir. Lo que el film
no se preocupa en explicar es por qué, en un mundo tan racionalmente
concebido, existen profecías, adivinadores y seres sobrenaturales.
Ese es un agujero narrativo que el guión compensa con la
inercia de hechos e ideas.
Básicamente en la realidad virtual que supone Matrix,
los humanos desarrollan sus personalidades a nivel inconsciente. Matrix
es un mundo regulado por computadoras. Hay programas que funcionan
como monitores de las personalidades que pululan en la Matriz (los
agentes). El forzar los hechos en la Matriz implica que los humanos
de la resistencia pueden alterar el código de la realidad virtual,
así como los agentes. Lo que no se entiende, en términos
informáticos, es si el Oráculo es una persona real,
o un bug (defecto en el código del programa), un software
que puede anticipar las rutinas de la realidad virtual y que colabora
con los humanos. Tampoco resulta claro por qué los humanos
pueden aparecer en la Matrix de la nada, pero precisan un teléfono
para regresar al mundo real. Ni por qué los agentes, que pueden
distorsionar a la Matriz, no se reproducen en masa cuando se encuentran
con la resistencia. Hay bastantes agujeros de lógica interna
- por ejemplo, el agente Smith que se queda sin balas en medio de
una pelea -, que se notan a la distancia, cuando uno ha visto varias
veces el film y después de horas de pensar en aspectos de la
película. Pero en el momento, gracias a la buena dirección,
permanecen camuflados en medio de todo el movimiento general.
El comienzo es sorprendente, con Trinity desarrollando toda una
serie de piruetas absolutamente increíbles frente al ataque
de los policías. Es algo nunca visto (que ahora conocemos
como Bullet Time - una cámara lenta tridimensional
que permite el seguimiento pormenorizado del movimiento de todos
los objetos -, y que se logra sincronizando cámaras a altísimas
velocidades de filmación), fascinante, intrigante, que se
encuentra muy bien dosificado - el film no satura hasta el cansancio
con el efecto, ni liquida la curiosidad del espectador; por el contrario,
la va incrementando -. Es un in crescendo de extravaganzas
muy bien nivelado. Todo es muy racional, a la vez que se encuentra
plagado de acción. Es un raro caso de un film de culto que
reta al espectador a un nivel intelectual al estilo del cine arte,
y que a su vez resulta popular en la platea.
Un gran comienzo para lo que terminará por desarrollarse
como una trilogía. Lamentablemente las entregas siguientes
no resultarían tan efectivas como ésta, por una serie
de problemas a nivel conceptual. Comenzando por una demora de 4
años en concretar las secuelas, la falta (o imposibilidad)
de desarrollo de algún prólogo medianamente explicativo
como para que el espectador pudiera retomar el hilo de las ideas
después de semejante intervalo - ¿pero cómo
resumir tantas en tan poco tiempo? -, y por una sobreabundancia
de conceptos que terminan mareando tanto al espectador como a los
guionistas / directores. Mientras que Matrix
Recargado es una secuela digna - aunque lastrada por la mencionada
falta de prólogo, imprescindible para una trama tan densa
-, Matrix Revoluciones resulta
ser un fiasco, donde lo que venía bien desarrollado culmina
por desmoronarse en los minutos finales y los guionistas se terminan
enredando en sus propios cables. Esto no quita merito a la trilogía,
que se erige como uno de los mejores intentos de realizar ciencia
ficción seria en los tiempos que corren. Lo que no es poco.
La saga de Matrix se compone de : Matrix,
Matrix Recargado, y Matrix
Revoluciones |
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