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Hay muchos temas que se pueden destilar de Mary Poppins, y
es difícil determinar por donde empezar. Para elegir uno por
dónde iniciar la reseña, la temática del film
se circunscribe a las clásicas historias de nanas inglesas,
lo que mucho tiene que ver con la educación infantil británica
y, por qué no, con la flema sajona. Esto ha sido un tema recurrente
en el cine, en donde los adultos viven en mundos de rígida
moralidad (o amoralidad) y los niños / adolescentes terminan
por darles una lección y humanizarlos, o aparece un personaje
catalizador que desencadena un cambio. En la filmografía inglesa,
es recurrente encontrar este tipo de crítica hacia sus costumbrismos,
en especial hacia el conservadorismo de la educación tradicional,
como se ve en filmes como Melody, la reciente Nanny McPhee
(que toma muchos elementos de Mary Poppins en clave más
bizarra), El Jardín Secreto, Las Crónicas
de Narnia, o en versiones americanizadas como Matilda.
A juzgar por la filmografía, la noción general es
que ser niño en Gran Bretaña debe ser terrible. Si
bien Mary Poppins es una versión infinitamente más
light que otros títulos más pesados y dramáticos,
ciertos comentarios de Mr. Banks suelen ser sombríos, en
especial para quienes tenemos alguna cultura cinematográfica
y vimos lo mismo en peores circunstancias. Quizás el molde
del género venga del clásico Peter Pan, donde
los chicos reciben una educación severa y precisan de un
catalizador (una persona con poderes mágicos, un pasaje secreto,
etc.) que les permita escapar de la realidad y desarrollar toda
su felicidad escapando a la rigidez y el drama de su vida presente.
Esto ya podría irse a extremos de análisis sicológicos
varios, presumiendo si dichos personajes / situaciones son reales
o fantasías inventadas para escapar mentalmente de su realidad,
lo cual excede en mucho las pretensiones de esta reseña.
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La otra punta del comentario es la evolución, precisamente,
de la Disney. Bajo la férrea batuta del tío
Walt, la Disney desarrolló su momento de máxima
expansión, basándose en la animación, en los
años 40. Pero para mediados de los 50, el estudio tentaría
suertes en la cinematografía tradicional, siempre orientado
al público infantil. No es sacrílego afirmar que el
Imperio Disney se construyó sobre una filmografía
basada en el melodrama y golpes de efecto : Bambi, Blancanieves
y los Siete Enanos, Pinocho, La Bella Durmiente,
etc. solían contener tanto un exceso de melosidad como entuertos
propios de un culebrón, por no mencionar golpes bajos. Al
tío Walt la receta le dió buen resultado, pero al
ampliar horizontes trabajando con actores decidió un enfoque
menos efectista y, si se quiere, más maduro. De la factoría
Disney surgieron clásicos como 20.000
Leguas de Viaje Submarino o Mary Poppins, además
de toda una sarta de comedias idiotas pero ideales para consumo
masivo como El Profesor Distraído, Cupido Motorizado
o Viernes Alocado. El modelo se agotaría en los 80,
la peor época para el estudio, y no sería hasta la
llegada de Michael Eisner y Jeffrey Katzenberg (después socio
fundador de DreamWorks) que generarían la segunda
época de oro para el estudio con La Sirenita (1989)
y agotándose tras la partida de Katzenberg para unirse con
David Geffen y Steven Spielberg en la creación de su propio
estudio cinematográfico. Después de lo cual, Disney
entraría nuevamente en la decadencia - sus últimos
filmes fueron un fracaso, dejaría ir a Pixar, se dedicaría
a canibalizar salvajemente sus clásicos con segundas y terceras
partes hechas directa a video, etc. -.
Pero en los 60 la Disney estaba en su apogeo, y bien podía
despacharse con un título como Mary Poppins. Es ciertamente
un enfoque más propio de los musicales de la MGM que
de un entretenimiento infantil - hay muchas partes iniciales que
escapan a la comprensión de los pequeños, demasiados
diálogos iniciales poco atractivos o francamente aburridos,
trazos de la época como el sufragio femenino, etc -, pero
ni bien aterriza Julie Andrews en el hogar de los Banks, el film
realmente despega. No hay demasiada historia en sí, salvo
una serie de sketches interconectados por los personajes,
la buena onda y las canciones. No todos los números musicales
funcionan - suele pasar en todas las obras musicales, incluso las
más éxitosas -, pero cuando lo hacen resultan memorables.
Chim Chim Chimenea o Supercalifragilisticoespialidoso
son clásicos instantáneos, y el film no sería
el éxito que fue sin la presencia y carisma de Julie Andrews
y Dick Van Dyke.
Mary Poppins fue el personaje protagonista de una serie de
novelas escritas entre 1934 y 1988 por Pamela Lyndon Travers, de inusual
irregularidad (en algunos casos, hay 20 años de diferencia
entre un libro y otro). La adaptación Disney toma elementos
de las publicadas hasta 1964 (Mary Poppins, Mary Poppins
Regresa, Mary Poppins en el Parque, Mary Poppins Abre
la Puerta y Mary Poppins de la A a la Z), uniendo varios
personajes secundarios en la figura única del deshollinador
Bert, eterno enamorado de la niñera. Así mismo fusiona
pasajes de distintos libros, combinándolos como escenarios
para números musicales. Mas allá de cierta falta de
argumento o de detalles bizarros (Mr. Banks hace morir de risa al
dueño del banco donde trabaja y es promovido; el libreto arma
un escenario dramático criticando a la rutina y el materialismo
de la burguesía de Mr. Banks, pero lo premia - en el momento
en que acepta las ideas de Poppins de abandonar los formalismos y
la rigidez - regresándolo a la forma de vida que lo llevó
a ser un padre conservador), son las melodías y la buena onda
lo que termina por superar (y obviar) las flaquezas del guión.
Como todo producto Disney, no deja de lanzar cierto discurso
moralista ni de dar algún golpe bajo (la partida de la niñera),
pero sin el tremendismo de otras producciones de la misma época
deñ estudio.
Andrews se haría de un nicho cinematográfico en los
60, como esta película o La Novicia Rebelde, y después
de casarse con Blake Edwards, frecuentaría cada vez menos
los sets. Parodiaría su imagen en SOB (Se Acabó
el Mundo) donde interpreta a una actriz de comedias infantiles
que pasa a desnudarse en cámaras. En cambio, Dick Van Dyke
no prosperaría en su carrera cinematográfica - lamentablemente,
pues las virtudes exhibidas en Mary Poppins le deberían
haber asegurado el estrellato - y hallaría refugio en la
TV con el legendario El Show de Dick Van Dyke. |
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