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TRAMA : Los niños Banks continuamente
viven escapándose de su casa y haciendo travesuras,
lo que provoca la rotación continua de las niñeras
de la casa. En un momento determinado, deciden escribir
una carta con las condiciones de la que sería
la niñera ideal. Pero el padre destruye la carta
y arroja los pedazos a la chimenea. Pronto los trozos
del papel se los llevará una ráfaga de
viento hasta llevarlos a manos de Mary Poppins, una
niñera que vive en las nubes. Descendiendo del
cielo con su paraguas y un viejo maletín, llegará
a la casa de los Banks, disciplinando y fascinando a
los chicos (y al resto de la familia) con sus poderes
mágicos.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Hay muchos temas que se pueden destilar de Mary Poppins,
y es difícil determinar por donde empezar. Para
elegir uno por dónde iniciar la reseña,
la temática del film se circunscribe a las clásicas
historias de nanas inglesas, lo que mucho tiene que ver
con la educación infantil británica y, por
qué no, con la flema sajona. Esto ha sido un tema
recurrente en el cine, en donde los adultos viven en mundos
de rígida moralidad (o amoralidad) y los niños
/ adolescentes terminan por darles una lección
y humanizarlos, o aparece un personaje catalizador que
desencadena un cambio. En la filmografía inglesa,
es recurrente encontrar este tipo de crítica hacia
sus costumbrismos, en especial hacia el conservadorismo
de la educación tradicional, como se ve en filmes
como Melody, la reciente Nanny McPhee (que
toma muchos elementos de Mary Poppins en clave
más bizarra), El Jardín Secreto,
Las Crónicas de Narnia, o en versiones americanizadas
como Matilda.
A juzgar por la filmografía, la noción
general es que ser niño en Gran Bretaña
debe ser terrible. Si bien Mary Poppins es una
versión infinitamente más light
que otros títulos más pesados y dramáticos,
ciertos comentarios de Mr. Banks suelen ser sombríos,
en especial para quienes tenemos alguna cultura cinematográfica
y vimos lo mismo en peores circunstancias. Quizás
el molde del género venga del clásico
Peter Pan, donde los chicos reciben una educación
severa y precisan de un catalizador (una persona con
poderes mágicos, un pasaje secreto, etc.) que
les permita escapar de la realidad y desarrollar toda
su felicidad escapando a la rigidez y el drama de su
vida presente. Esto ya podría irse a extremos
de análisis sicológicos varios, presumiendo
si dichos personajes / situaciones son reales o fantasías
inventadas para escapar mentalmente de su realidad,
lo cual excede en mucho las pretensiones de esta reseña.
La otra punta del comentario es la evolución, precisamente,
de la Disney. Bajo la férrea batuta del
tío Walt, la Disney desarrolló su
momento de máxima expansión, basándose
en la animación, en los años 40. Pero para
mediados de los 50, el estudio tentaría suertes
en la cinematografía tradicional, siempre orientado
al público infantil. No es sacrílego afirmar
que el Imperio Disney se construyó sobre una filmografía
basada en el melodrama y golpes de efecto : Bambi,
Blancanieves y los Siete Enanos, Pinocho,
La Bella Durmiente, etc. solían contener
tanto un exceso de melosidad como entuertos propios de
un culebrón, por no mencionar golpes bajos. Al
tío Walt la receta le dió buen resultado,
pero al ampliar horizontes trabajando con actores decidió
un enfoque menos efectista y, si se quiere, más
maduro. De la factoría Disney surgieron clásicos
como 20.000
Leguas de Viaje Submarino o Mary Poppins, además
de toda una sarta de comedias idiotas pero ideales para
consumo masivo como El Profesor Distraído,
Cupido Motorizado o Viernes Alocado. El
modelo se agotaría en los 80, la peor época
para el estudio, y no sería hasta la llegada de
Michael Eisner y Jeffrey Katzenberg (después socio
fundador de DreamWorks) que generarían la
segunda época de oro para el estudio con La
Sirenita (1989) y agotándose tras la partida
de Katzenberg para unirse con David Geffen y Steven Spielberg
en la creación de su propio estudio cinematográfico.
Después de lo cual, Disney entraría
nuevamente en la decadencia - sus últimos filmes
fueron un fracaso, dejaría ir a Pixar, se
dedicaría a canibalizar salvajemente sus clásicos
con segundas y terceras partes hechas directa a video,
etc. -.
Pero en los 60 la Disney estaba en su apogeo,
y bien podía despacharse con un título
como Mary Poppins. Es ciertamente un enfoque
más propio de los musicales de la MGM
que de un entretenimiento infantil - hay muchas partes
iniciales que escapan a la comprensión de los
pequeños, demasiados diálogos iniciales
poco atractivos o francamente aburridos, trazos de la
época como el sufragio femenino, etc -, pero
ni bien aterriza Julie Andrews en el hogar de los Banks,
el film realmente despega. No hay demasiada historia
en sí, salvo una serie de sketches interconectados
por los personajes, la buena onda y las canciones. No
todos los números musicales funcionan - suele
pasar en todas las obras musicales, incluso las más
éxitosas -, pero cuando lo hacen resultan memorables.
Chim Chim Chimenea o Supercalifragilisticoespialidoso
son clásicos instantáneos, y el film no
sería el éxito que fue sin la presencia
y carisma de Julie Andrews y Dick Van Dyke.
Mary Poppins fue el personaje protagonista de
una serie de novelas escritas entre 1934 y 1988 por
Pamela Lyndon Travers, de inusual irregularidad (en
algunos casos, hay 20 años de diferencia entre
un libro y otro). La adaptación Disney
toma elementos de las publicadas hasta 1964 (Mary
Poppins, Mary Poppins Regresa, Mary Poppins
en el Parque, Mary Poppins Abre la Puerta
y Mary Poppins de la A a la Z), uniendo varios
personajes secundarios en la figura única del
deshollinador Bert, eterno enamorado de la niñera.
Así mismo fusiona pasajes de distintos libros,
combinándolos como escenarios para números
musicales. Mas allá de cierta falta de argumento
o de detalles bizarros (Mr. Banks hace morir de risa
al dueño del banco donde trabaja y es promovido;
el libreto arma un escenario dramático criticando
a la rutina y el materialismo de la burguesía
de Mr. Banks, pero lo premia - en el momento en que
acepta las ideas de Poppins de abandonar los formalismos
y la rigidez - regresándolo a la forma de vida
que lo llevó a ser un padre conservador), son
las melodías y la buena onda lo que termina por
superar (y obviar) las flaquezas del guión. Como
todo producto Disney, no deja de lanzar cierto
discurso moralista ni de dar algún golpe bajo
(la partida de la niñera), pero sin el tremendismo
de otras producciones de la misma época deñ
estudio.
Andrews se haría de un nicho cinematográfico
en los 60, como esta película o La Novicia
Rebelde, y después de casarse con Blake Edwards,
frecuentaría cada vez menos los sets. Parodiaría
su imagen en SOB (Se Acabó el Mundo) donde
interpreta a una actriz de comedias infantiles que pasa
a desnudarse en cámaras. En cambio, Dick Van
Dyke no prosperaría en su carrera cinematográfica
- lamentablemente, pues las virtudes exhibidas en Mary
Poppins le deberían haber asegurado el estrellato
- y hallaría refugio en la TV con el legendario
El Show de Dick Van Dyke. |