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USA, 1976 : John Amplas (Martin
Matthias), Lincoln Maazel (Tati Cuda), Christine Forrest
(Christina), Elyane Nadeau (Sra Santini), Sarah Venable
(victima), Al Levitsky (Lewis) Director
- George A. Romero, Guión - George A. Romero
TRAMA : Martin Mathias es un
adolescente perturbado que debe permanecer en la custodia
de su primo, un anciano con fuertes convicciones religiosas.
Lo que ocurre en realidad es que Martin es un vampiro
con 84 años de edad, que con regularidad sale
a matar mujeres para saciar su sed de sangre. Tati Cuda
sabe de su naturaleza, y está dispuesto a dominarla,
aunque para ello deba matar al muchacho.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Si hay un maestro del terror con mala suerte, ese ha sido
George A. Romero. El tipo se despachó con un clásico
enorme como La Noche de los Muertos Vivos en 1968,
pero omitió registrar los derechos de autor y el
filme pasó al dominio público (con lo cual
no vió ni un peso). En los setentas le costó
conseguir trabajo, y sólo lo obtuvo gracias a secuelas
de Night of the Living Dead, ninguna de las cuales
tuvo la repercusión de la primera. Y cuando los
zombies volvieron a ponerse de moda cerca del nuevo milenio
- con un montón de directores retomando y reciclando
ideas de Romero -, el cineasta tuvo que esperar a una
segunda tanda (la de imitadores de éxitos del momento)
para poder levantar alguno de sus proyectos como Diary
of the Dead. Vale decir, hay miles de directores mediocres
de horror que han hecho millones con películas
terribles, mientras que George Romero - un auteur
del cine de terror - siempre tuvo que andar suplicando
para que le financiaran sus proyectos que, en su mayoría,
son mucho más inteligentes y originales que la
media del género.
Para mediados de los setenta Romero conseguía
éxitos de crítica y fracasos de taquilla.
Pasó con Jack’s Wife (1972), con
The Crazies (1973) y pasó lo mismo con
Martin. Sin embargo la sombra de Martin
ha sido mucho más influencial que la de otros
filmes de Romero - con excepción de los zombies
-. El tema está en que el terror estaba sufriendo
transformaciones en los años 70, dejando de lado
el seteo gótico para adaptarse al paisaje urbano
moderno. Los estudios Hammer no entendieron esto
(o no lo supieron manejar) y se fundieron; el público
había cambiado, las rutinas góticas se
habían desgastado, y ahora la audiencia precisa
sentir que el horror estaba a la vuelta de la esquina
de su casa en vez de en un pueblito rumano a mediados
del siglo XV. En el caso del vampirismo, el primero
que entendió esto fue Richard Matheson con su
adaptación televisiva para Kolchak:
The Night Stalker (amén de su fallida primera
versión de Soy Leyenda en El
Ultimo Hombre Vivo - 1964). Y siguiendo en la misma
vena, Romero despojó de capas, acentos europeos
y colmillos a los vampiros, y los trajo al mundo moderno
con Martin.
Martin es un argumento que bien podría
haber desarrollado el mismo Matheson, tan afecto a encontrarle
causas mundanas a los fenómenos sobrenaturales.
Aquí el vampirismo es una deformación
genética, con lo cual surge un especimen al cabo
de determinado número de generaciones. La familia
de Martin es europea, y como tal trae ciertas costumbres
- como la que los miembros más antiguos de la
misma deben hacerse cargo de los parientes que poseen
esa patología -. Pero este vampiro adolescente
es muy distinto a lo tradicional: las cruces no le hacen
nada, el sol tampoco, no posee poderes mentales, y en
realidad es un individuo patético víctima
de sus adicciones. Es particularmente brillante la elección
de John Amplas para el papel, ya que destila ambigüedad
de manera constante: uno no sabe si sentir pena por
él, pero por otro lado tiene un costado salvaje
permanentemente reprimido. Uno no puede anticipar si
se va a comportar de manera tierna, o va a explotar
en un frenesí de violencia en cualquier momento.
Es una película de terror inteligente. Más
allá de los diálogos, uno puede presumir
que se trata de una familia de supersticiosos en donde
Martin es simplemente un esquizofrénico con un
claro fetichismo sexual con la sangre. El hecho de que
sólo mantenga relaciones con sus víctimas
(muertas o inconscientes) indican una disfunción
sexual; y que sus ansias disminuyan cuando empieza a mantener
una relación estable con la milf del barrio,
podrían mostrar que todo pasa por un desorden sicológico.
Es un individuo aislado por su propia condición,
lo cual lo convierte en una figura trágica.
El tema con Martin es que Romero escribe mejor
que como la dirige. Hay algunas buenas escenas - como
el ataque a la casa de la cuarentona que se ve con su
amante -, pero nunca deja de ser light en el
aspecto de los shocks. La mayor parte del tiempo funciona
como un thriller muy inteligente acerca de un
asesino serial adolescente con fetichismo por la sangre,
pero jamás levanta vuelo como para provocar un
susto de aquellos que no nos dejan dormir. La platea
no termina de horrorizarse por los actos de Martin,
y eso la empaña un poco. El otro punto es lo
abrupto del final, que uno asume que que era el gran
impacto que Romero tenía preparado para hacer
saltar la platea, pero a uno lo deja rascándose
la cabeza. Uno esperaba algún tipo de largo duelo
entre los personajes, no que en dos minutos se terminara
la película.
Martin es un aggiornamiento más
que inteligente de la mitología del vampiro,
adaptándola a los tiempos que corren. Uno admira
la inteligencia de Romero en la elaboración de
ideas, pero echa de menos un poco más de pimienta
a la hora del terror. |