|
USA, 1966 : Hal Warren (Mike),
Diane Mahree (Margaret), John Reynolds (Torgo), Tom Neyman
(el Maestro), Jackie Neyman (Debbie) Director
- Harold P. Warren, Guión - Harold P. Warren
TRAMA : Mike y su familia salen
de vacaciones, pero terminan por extraviarse al elegir
mal las rutas. Perdidos en un paraje desolado, acuden
a la única casa del lugar para pedirle hospedaje
ya que ha caído la noche cerrada. Pero son recibidos
por el criado del dueño, quien les advierte de
los peligros del lugar. Y es que Mike y su familia han
llegado a la casa del Maestro, una siniestra figura
que regentea un culto satánico y que desea quedarse
con su esposa y su hija.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
|
Hablemos de películas incompetentes. Manos:
The Hands of Fate (literalmente: Manos: Las Manos
del Destino) es uno de los mejores ejemplos del género.
La historia de origen es similar a la de otros clásicos
(en el buen o mal sentido de la palabra) del cine fantástico,
como Plan 9 del Espacio Exterior,
La Noche de los Muertos Vivos o El Carnaval
de las Almas: un grupo de individuos se reúne
con la idea de hacer plata rodando un filme de terror;
desarrollan un argumento pomposo, se ilusionan con desembarcar
en Hollywood, son estafados por la distribuidora y el
filme termina en el dominio público (sin derechos
de autor). A su vez muchísimos de estos proyectos
(usualmente bizarros) culminaron siendo redescubiertos
por el público, décadas después y
a través de emisiones televisivas como la serie
Mystery Science Theater 3000,
tras lo cual obtuvieron status de culto como comedias
inintencionales.
El génesis de Manos: The Hands of Fate
es bien conocido. Harold P. Warren era un vendedor de
fertilizantes que entabló amistad con Stirling
Silliphant (un guionista que terminaría por dar
a luz títulos recordados como El
Pueblo de los Malditos, Marlowe, La Guerra
de Murphy, Infierno
en la Torre, la tercer aventura de Harry el Sucio
The Enforcer, o el vehículo de Charles
Bronson Operacion Telefon) a mediados de los
años sesenta, y terminarían haciendo una
apuesta sobre si Warren sería capaz o no de generar
un filme enteramente desde cero, sin el apoyo de los
estudios de Hollywood. Warren comenzó a recaudar
dinero de posibles inversores (unos 19.000 dólares),
contrató a un puñado de locales y actores
amateurs, y les prometió porcentajes sobre la
recaudación de la película a cambio de
sus honorarios. Con un rodaje extremadamente rápido,
el iluso Warren arregló un espectacular estreno
en el cine de El Paso, Texas (su pueblo natal), el cual
incluyó reflectores nocturnos y limusinas (una
sola, bah, que iba y venía para cargar
por tandas a los miembros del cast). Con el auditorio
lleno y todas las autoridades locales presentes, comenzó
la exhibición. Pero a mitad de la proyección
Warren y el elenco debieron salir por la puerta trasera,
ya que entre las risas y los abucheos de la platea la
situación se había vuelto insostenible
- el filme era abismalmente ridículo -. Demás
está decir que apenas logró obtener distribución
para la película, y Manos: The Hands of Fate
cayó en el olvido hasta que en 1993 Mystery
Science Theater 3000 lo rescató y lo convirtió
en objeto de culto. Desde entonces ha estado poblando
la listas de las 10 peores películas de la historia
de la mayoría de los medios especializados (en
la IMDB figuran en el bottom ten desde
hace años).
La idea de Warren era la de rodar la historia de una familia
extraviada en los caminos de Texas, la que termina por
toparse con un culto satánico liderado por un siniestro
maestro y su secuaz (el cual debería ser un sátiro);
pero es tan monumental la inexperiencia de Warren como
cineasta y guionista que la experiencia termina resultando
un disparate filmado. Comenzando con la cámara
utilizada para el rodaje, que es posiblemente el problema
principal de la película (y el que da pie a la
mayoría de ridiculeces que ocurren en pantalla).
Warren filmó todo con una cámara 16 mm Bell
& Howell, la cual sólo podía rodar
un máximo de treinta segundos y sin siquiera sonido.
La brevedad de los planos redunda en que la película
sea relativamente ágil, aunque uno puede ver que
los actores están disparando sus líneas
de apuro ya que se les termina el celuloide; y cuando
empalman segmentos relativamente largos, la luz cambia
sorpresivamente de un fotograma a otro. Para colmo, el
hecho de no tener sonido implicó que la película
tuviera que ser doblada en post producción... con
sólo tres hombres y una mujer para hacer todas
las voces. Por eso es que cada vez que habla la niña
del filme suena como Chucky imitando a Lisa Simpson.
El nivel de actuación es uniformemente malo.
Pero quien se lleva las palmas sin lugar a dudas es
John Reynolds, quien hace del sátiro y ayudante
del maestro. El tipo se puso unas pesas de metal en
las rodillas (para simular las patas de macho cabrío
que tienen los satiros), pero termina caminando todo
el tiempo como si pisara huevos (imaginen a Tandarica
en una película de terror!). A esto se suma
de que Reynolds tenía serios problemas de drogadicción
(de hecho, terminaría suicidándose al
poco tiempo de finalizado el rodaje), y acá pasa
todo el tiempo en una nube de pedos siderales
a años luz de cualquier galaxia conocida (perdón
el francés). Su perfomance como Torgo es tan
sideralmente bizarra - se bambolea todo el tiempo como
una gelatina y se nota que está duro como
una puerta - que hay que verla para creerla.
Por si fueran pocos los problemas del filme, Warren
es también muy malo con el argumento y la dirección.
En un momento la niña se escapa (sale por la
única puerta de uno de los decorados), y los
padres empiezan a gritar durante cinco minutos, preguntándose
por donde pudo haber salido y buscando detrás
de los sillones o los jarrones (!); el maestro va a
buscar a Torgo - quien está tirado, hundido en
una reposera - y la secuencia se toma dos minutos enteros
(e hilarantes) para mostrar cómo el pobre Reynolds
intenta pararse como puede debido a las incómodas
protesis que se puso; el personaje de Warren (ni bien
llegan a la casa) empieza a prepotear a Torgo como si
fuera su sirviente de toda la vida; las escenas nocturnas
están rodadas realmente de noche (y no de día
con un filtro de color, que es la técnica habitual),
por lo cual las secuencias son muy oscuras y los actores
no pueden caminar más de dos pasos sin quedarse
sin luz, amén de tener encima un constante enjambre
de mosquitos; y la claqueta del rodaje aparece en cámara
varias veces. Y sin dudas las mejores escenas son las
del acoso sexual de Torgo a la mujer de Warren, en las
cuales Reynolds pasa por todo tipo de estadíos
y morisquetas en cuestión de segundos, siempre
con los ojos como dos huevos duros.
Manos: The Hands of Fate es monumentalmente
incompetente. Es malísima en todos los sentidos
habidos y por haber. Pero vale la pena verla, especialmente
por la perfomance de John Reynolds como Torgo. Definitivamente
es una película clásica del cine Z, tan
mala que resulta formidablemente cómica. |