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Alemania, 1922 : Rudolf Klein-Rogge
(Dr Mabuse), Bernhard Goetzke (fiscal Wenk), Aud Egede
Nissen (Cara Carozza), Paul Richter (Eddie Hull), Gertrud
Welcker (condesa Told) Director
- Fritz Lang, Guión - Fritz Lang & Thea von
Harbou, basados en la novela serializada homónima
de Norbert Jacques
TRAMA : Alemania en los tiempos
de la post guerra del primer conflicto mundial. En la
situación precaria en que vive la nación
alemana, el juego clandestino se ha convertido en la
principal fuente de entretenimiento para las clases
acomodadas. Pero súbitamente una serie de hombres
ricos han perdido gran parte de su fortuna en las mesas
de juego, aunque siempre los sospechosos resultan diferentes.
El fiscal Wenk se ha comprometido a investigar y cree
que en realidad se trata de una sola persona, la que
utiliza distintos disfraces. Y las sospechas de Wenk
no están erradas: el siniestro Dr. Mabuse ha
montado una organización criminal que se alimenta
financieramente de las estafas en los juegos de naipes.
Para ello Mabuse utiliza el poder de la hipnosis, dominando
a los individuos débiles para que hagan su voluntad.
Pero la irrupción de Wenk, junto con su aliada
la condesa Told, pondrán en peligro la operación
de Mabuse, y muy pronto el cerebro criminal buscará
desquitarse de sus perseguidores.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Uno no nace sabiendo todo lo que hay que saber del cine.
Es imposible el conocimiento total y, especialmente, el
conocimiento simultáneo. No siempre se puede ver
una saga en la sucesión cronológica como
fue filmada, y a veces para hacer referencias se toman
prestadas opiniones ajenas. Uno da por sentado que, si
más de cien personas coinciden en lo mismo, debe
ser verdadero.
Con lo cual uno termina por afirmar cosas sobre la
base de presunciones que, cuando enfrenta realmente
los hechos, resultan ser diferentes. El caso de Dr.
Mabuse, el Jugador es una de ellas. Admirada por
medio mundo, calificada de obra maestra, y asumida como
uno de los grandes modelos de villanos cinematográficos
de todos los tiempos.
Pero Dr. Mabuse, Der Spieler no resulta ser
lo que uno presupone. Sin dudas en su momento fue un
hito y marcó pautas, pero cae dentro de la categoría
de clásicos que han envejecido mal. En momentos
así es cuando uno debería reconsiderar
lo que se entiende por clásico - un film atemporal
que se disfruta por igual ahora, hace 50 años
o el siglo que viene, porque tiene ideas y técnicas
que lo hacen moderno y perenne -. Quizás haya
que inventar una nueva categoría, la de mojones
históricos de la cinematografía -
en su momento fueron importantes, pero que uno ya ha
dejado atrás y cuya revisión deja traslucir
un montón de fallas a los ojos del espectador
moderno -. Los filmes de la Hammer o el Drácula
de Bela Lugosi caben perfectamente en esa categoría.
Y Dr. Mabuse, el Jugador está en una posición
intermedia.
Ya hemos hablado del origen del personaje en la reseña
acerca de la última visita de Fritz Lang a la
saga - Los Crimenes del
Dr. Mabuse (1960) -. Norbert Jacques era un francés
nacionalizado alemán que comenzó a publicar
la novela de manera serial en un diario berlinense,
y prónto se convirtió en un suceso. Entra
el matrimonio de Fritz Lang y Thea Von Harbou - destacados
director y guionista respectivamente de la cinematografía
alemana -, y pusieron manos a la obra para adaptarla.
El resultado es este monstruo de tres horas y
media (cuatro horas y media en el metraje más
completo que se ha reconstruído) que obtuvo gran
repercusión a pesar de lo monumental de su duración.
Quien esto escribe es un convencido que Fritz Lang
es uno de los mejores directores de la historia. Pero
sería injusto también cargarle todas las
culpas de las fallas de Dr. Mabuse a Thea Von
Harbou. Francamente es un libreto que no entiende lo
que significa adaptar una obra. Pareciera que todos
los capitulos del serial de Norbert Jacques hubieran
sido incluídos con calzador, cuando en realidad
se precisaba una poda de subtramas y personajes para
que la historia quedara más compacta y efectiva.
Tampoco la dirección de Lang es muy concisa:
todas las escenas son excesivamente largas, y cualquier
rutina corriente demora cinco minutos más de
lo debido. Es cierto que hay que construir un clima,
pero con ese ritmo todo se vuelve tan moroso que termina
por sobrepasar al espectador.
Uno no puede negar que los puntos vitales de la obra son
inteligentes. El problema es el trajín diario de
los personajes que no resulta tan interesante y es demasiado
extendido. El comienzo del film es muy bueno, con Mabuse
robando un convenio comercial secreto cuya desaparición
hace temblar a la bolsa de valores... jugada que es aprovechada
por Mabuse en su propio beneficio. Pero lamentablemente
el ingenio de esas secuencias termina sepultado por el
sopor de la trama central, con escenas demasiado largas.
Los personajes son interesantes, los avances de capítulo
de la historia son buenos; pero hay demasiado relleno
(o demasiado tiempo dedicado al relleno) que la hacen
interminable.
En sí Mabuse toma algunas influencias de villanos
preexistentes a la época, como Fantomas
y Fu Manchú. Es un maestro del disfraz,
un hombre brillante, y posee poderes telepáticos
más poderosos que la simple hipnosis. Por ejemplo,
puede controlar mentalmente a alguien aún estando
de espaldas - como ocurre con el conde Told -. Allí
reside el elemento fantástico de la trama y nada
más. Pero las explicaciones sobre las motivaciones
de Mabuse son muy vagas. Sabemos que se cree un ser
superior y que disfruta de jugar con las mentes de los
más débiles. También sabemos que
acapara enormes fortunas de dinero con el juego, pero
desconocemos su propósito. Quizás ocurra
en filmes posteriores, pero al menos en esta película
no es un genio criminal en el sentido megalómano
de controlar o destruir el mundo. Funciona más
como un mafioso con poderes telepáticos que como
una amenaza pública o como un anarquista. En
todo caso sus motivaciones son narcisistas: controlar
débiles y explotarlos, demostrar su superioridad.
Pero no existe un ansia de poder sobre multitudes, sino
que sus motivos son más modestos.
En contrapartida tenemos al fiscal Wenk, que es un
personaje medianamente interesante. El filme amenaza
convertir la historia en un duelo de ingenios entre
él y Mabuse, pero a mitad de camino decide dejar
al héroe en un rol bastante pasivo. Mientras
que al principio Wenk recrea los mismos métodos
de Mabuse - se disfraza, olfatea los posibles escenarios
de los crímenes y las potenciales víctimas
-, después pierde protagonismo a manos de otros
papeles poco interesantes como es Cara Carozza y la
condesa Told. Sinceramente uno esperaba muchísimo
más de la condesa, pero termina por ser un elemento
decorativo para que, al final, Mabuse se transforme
en un villano típico de cine mudo con rehén
femenina de turno. Además el personaje de la
condesa Told entra dentro de las diletantes sociales
de Von Harbou - que siempre vió a la clase alta
como un parásito que vive en el ocio -, calificándola
como una niña rica que tiene tristeza, una mujer
totalmente apática con todos y con el mundo que
la rodea, que vive en el aburrimiento, y que se presta
a colaborar con Wenk, no por causas morales sino por
matar el tiempo.
Las actuaciones están bien, y se destaca Rudolf
Klein-Rogge (el Rotwang de Metropolis)
que, cuando sintoniza a Mabuse sobreactúa salvajemente
pero cuando se disfraza se transforma de un modo completamente
asombroso. La curiosidad para la trivia es que Klein-Rogge
fue el marido de Von Harbou hasta 1921, y después
la volátil guionista se casaría con Lang
en 1922 (el año de este filme) y seguirían
juntos hasta que Von Harbou decidiera abrazar el nazismo
mientras Lang huía para Norteamérica.
Dr. Mabuse, Der Spieler es una película
que resulta aceptable si se le tiene paciencia. Es muy
indulgente con los tiempos que maneja. El villano es
muy interesante y se comporta de manera implacable,
e incluso incorpora elementos modernos (propios del
serial o de otros villanos más actuales) como
la hipnosis y los dispositivos de última tecnología.
Si uno lo compara con los mejores villanos de la historia,
podría citar a Mabuse como una de las
más fuertes influencias del Joker de Heath Ledger
en The
Dark Knight. En algunos momentos del film, uno espera
que Klein-Rogge empiece algún discurso del estilo
"yo simplemente soy un agente del caos".
El problema es que el mejor personaje está muy
dosificado y queda diluído entre una troupe
de caracteres medianamente potables que viven entrando
y saliendo de habitaciones, hablando mucho, haciendo
pausas eternas y ejecutando muy poco.
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