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TRAMA : La estrella de cine del estudio Warner,
Damien Drake, ha desaparecido. Lo que nadie sabe es
que Drake tras su fachada como actor es en realidad
el más prestigioso de los agentes secretos que
se encontraba investigando una conspiración relacionada
con la corporación Acme. Su hijo D.J. Drake -
que trabajaba como vigilante en los estudios - recibe
el llamado de ayuda de su padre y decide socorrerlo
con la ayuda del Pato Lucas, quien también ha
sido despedido de la Warner. Mientras tanto la encargada
de contenidos del estudio, Kate Hutton, es reprendida
por los ejecutivos (por el despido de Lucas) y junto
con Bugs Bunny salen en busca del irascible Pato para
volver a contratarlo. Pronto los cuatro se verán
envueltos en la siniestra operación que trama
la corporación Acme, que planea lanzar un rayo
especial a todo el planeta para convertir a los seres
humanos en monos y ponerlos a trabajar en sus fábricas
para generar sus productos con costo cero.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Si hay figuras que revolucionaron el ambiente de los dibujos
animados, sin dudas es el equipo de creativos de la Warner
que trajo al mundo las series Looney Tunes y Merrie
Melodies. Salvo algunas diferencias estéticas,
son sagas de caricaturas ideadas originalmente para promocionar
productos de la Warner, en especial las canciones
de su departamento musical. Pero con el paso de los años
los Looney Tunes dejaron de ser una simple herramienta
de marketing para pasar a tener peso propio y convertirse
en una de las franquicias más rentables del estudio.
El equipo legendario que guiara a los Looney Tunes
(que significaría algo así como tonadas
locas) durante casi 50 años estaba conformado
por íconos de la animación como Tex Avery
y Chuck Jones, junto con Ben "Bugs" Hardaway,
Bob Clampett, Robert McKimson, Friz Freleng, y con el
aporte en voces de Mel Blanc. De sus mentes nacerían
Porky (en 1935), Bugs Bunny en 1940, y el Pato Lucas
en 1937. Con el tiempo Bugs Bunny se convertiría
en la estrella de la nueva constelación de personajes
de la Warner.
Tanto los Looney Tunes como las Merrie Melodies
fueron pensadas para cine durante la segunda guerra
mundial, pero la explosión de popularidad vino
con la llegada a la televisión en los años
50. El estudio produjo con regularidad cortos hasta
1969, pero para ese entonces la Warner ya había
cerrado su estudio de animación y tercerizaba
los trabajos a los independientes DePatie-Freleng (los
mismos creadores de La Pantera Rosa). Después
de eso, esporádicamente se produjeron nuevas
animaciones hasta 1987, donde se volvió con regularidad
a generar cortos hasta el 2004.
El éxito de los Looney Tunes se basa
en el humor disparatado y en el gag físico,
revolucionando el género y creando su propio
estilo. Nunca las caricaturas habían sido tan
salvajes como con los dibujos de la Warner. No
sólo su humor es totalmente atemporal - un adulto
y un chico pueden disfrutar hoy de animaciones del año
50 y divertirse enormemente con ellas - sino que ya
se ha convertido en una marca de fábrica. Cualquier
dibujo animado disparatado de hoy en día termina
siempre por ser comparado con Bugs Bunny y compañía.
El problema de los Looney Tunes (y de muchísimos
dibujos animados legendarios, como Tom y Jerry
o Los Picapiedras) es que no han sido incapaces
de evolucionar en nuevos carrilles o generar nuevos personajes
cuando los creativos originales han desaparecido. Mientras
que otros personajes animados se han hundido con la aparición
de sus versiones aggiornadas - Tom y Jerry
es el ejemplo más terrible, donde después
de los 60 terminó por desbarrancarse hasta su extinción,
con chistes sin gracia, cambios hacia actitudes políticamente
correctas (y desastrosas), y amputación masiva
de toda la locura que hiciera célebre a la serie
-, al menos los Looney Tunes han conservado gran
parte de su frescura - la Warner ha puesto gran
empeño en el cuidado de su producto -, pero no
han podido crear rumbos o personajes nuevos. Un ejemplo
de decadencia es la serie Tiny Toons; cuando personajes
populares pasan a ser versiones infantiles - el pequeño
Lucas, los sobrinos de Bugs, etc - es porque las ideas
se agotan. Parece que la chispa y la magia hubiera desaparecido
simplemente porque no hay un nuevo Tex Avery o un Chuck
Jones. Los que quedaron son excelentes imitadores, pero
incapaces de lanzar nuevos personajes que valgan la pena
(o que hagan historia).
Los Looney Tunes había sufrido un relanzamiento
en 1996 con Space Jam, que tuvo un tibio éxito.
Space Jam no es un film enteramente satisfactorio
- está bien la idea, pero hay algo de gracia
que se pierde, especialmente por el protagonismo de
la estrella de basquetball Michael Jordan -. En el 2003
llega esta suerte de secuela, que apunta a un mayor
destaque de los Looney Tunes pero que lamentablemente
se convirtió en un horrendo fracaso.
El problema de Looney Tunes Back in Action no
es el argumento - traído de los pelos, pero a
final de cuentas lo que precisa el film es una excusa
para mostrar secuencias disparatadas con Bugs, Lucas
& Co. -, sino que es desparejo en tono. Las escenas
con humanos no siempre tienen gracia. Mientras que Steve
Martin y su comité directivo de Acme resultan
graciosos, las volteretas de Brendan Fraser y Jenna
Elfman suelen fracasar. Por ahí anda Timothy
Dalton como otro ex 007 dando lástima - actor
sin gracia, que siempre renegó de ser James Bond,
y que termina parodiando su propia imagen por unos dólares
-, pero a uno le cabría preguntarse si no hubiera
valido la pena hacer el film completamente animado.
Las escenas que funcionan siempre (como mínimo
bien, y de allí hasta excelente) tienen que ver
con Bugs Bunny, Lucas, Sam Coyote... los personajes
de la Warner. Pero el casting humano es
muy desparejo y no puede competir con toda la gracia
desatada de los dibujos animados. Otra de los que se
salva de la quema es Joan Cusack, pero luego paren de
contar.
Es triste ver que la película se haya hundido
en la taquilla. Joe Dante le pone mucha garra al film,
con momentos realmente desquiciados como la persecución
en los cuadros del Louvre, o la secuencia en el Area
52 en el desierto - donde están desde los
Daleks del Dr. Who hasta Kevin McCarthy y una
vaina alienígena de La
Invasión de los Usurpadores de Cuerpos -,
y por momentos parece un festival del nerd cinematográfico,
con toneladas de referencias a películas conocidas
de todo tipo y color. Son escenas descolgadas, es cierto,
y el hilado central para unirlas es muy fino, pero valen
la pena. Pero el tema es que uno se desespera cuando
los actores intentan recitar diálogos que intenten
mantener cierta coherencia con la ilógica trama
- crear el clima romántico entre Fraser y Elfman,
descubrir las pistas hasta Acme -, ya que no
nos interesan. Queremos ver ya la próxima maldad
de Bugs Bunny. Por todo esto es que la película
es muy entretenida pero tiene algunos tiempos lentos
en el medio - los actores... actuando - que bien
podrían haberse suprimido. Lo que uno mas lamenta
es que esto sea un fracaso para Joe Dante, un director
que ahora debe estar en las listas negras de todos los
estudios - fallando con un producto probado como los
Looney Tunes -, ya que merecía una mejor
respuesta del público. Al menos es un film mejor
que Space Jam. |