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A esta altura del
partido estoy convencido de que los más dementes,
ególatras y delirantes son los que más
triunfan. Tipos sin prejuicios ni límites
de ninguna clase, y personas que viven exclusivamente
para su propio reflejo en el espejo. Es por eso
que, si uno lee biografías de artistas y
personalidades destacadas, verá que el 99%
de ellos son unos reverendos malnacidos capaces
de cometer atrocidades de todo tipo sin que se les
mueva un pelo. También creo que se tratan
de personas disfuncionales cuya anormalidad le da
talento y desinhibición y que, cuando consiguen
fama y fortuna, el dinero termina por potenciar
sus patologias. Un puñado se mantiene en
la cresta de la ola debido a que aprendieron cómo
pilotear su propia locura, mientras que la mayoría
se desbarranca y terminan en el olvido o en alguna
clínica de rehabilitación, desintoxicándose
de sus propios vicios.
Aunque a primera vista lo parezca, no soy un
sellerófilo. Me gustan algunos filmes
de Peter Sellers, aunque sería incapaz
de soportar una maratón de La Pantera
Rosa (en especial, sus últimas
entregas). Sin embargo siempre me pareció
una personalidad intrigante y, de vez en cuando,
me asomo a sondear alguna rareza de su filmografía.
En el caso que nos ocupa, se trata de una biopic
producida por la HBO y en donde
Geoffrey Rush se calza la piel de Sellers con
una facilidad pasmosa. Es tan brillante su interpretación
- así como la cuidada puesta en escena
-, que uno termina por perdonarle al filme cierta
falta de profundidad y de filo con el personaje
que debe analizar.
Es probable que Peter Sellers haya sido más
un caso de siquiátrico sin tratar que un
individuo excéntrico y talentoso. Aquí
se relatan sus comienzos en The Goon Show
- el programa radial que lo hizo famoso
- y sus primeros escarceos en el cine. Sellers
es un individuo carismático pero egocéntrico
y, sobre todo, absorbente. La responsable de su
personalidad es su sobreprotectora madre, quien
le adoctrinó unos valores tan superficiales
como amorales - que todos deben vivir para
él, y que la fama debe obtenerse a cualquier
precio -. Cuando a Sellers le comienzan a
ir las cosas bien, empieza a flirtear con su suerte
y su carrera, y allí es cuando entra en
una espiral de descontrol. Cree, por ejemplo,
que su co protagonista Sofía Loren (durante
el rodaje de The Millionairess)
está interesada en él y decide divorciarse
para llegar sin ataduras a la primera cita con
la diva italiana (!). Y a partir de allí
se sucederán otras necedades y divismos,
desde destrozar el cuarto de su hijo al descubrir
que éste le hizo un rayón a su amado
Bentley, hasta acercarle un apuesto
decorador de interiores a su mujer, pretendiendo
que el hombre la seduzca y eso le deje el camino
libre para hacer sus propias conquistas.
La conclusión que uno saca luego de ver
Llámame Peter: La Vida y Muerte
de Peter Sellers es que un enorme talento
no sirve para redimir a un individuo despreciable.
Es una máxima que uno podría aplicar
a una enorme cantidad de personalidades vigentes
hoy en día (¿alguien dijo Dieg...?).
Toda esa gente pudo haber utilizado su fortuna
y poder para pulirse, rehabilitarse y convertirse
en mejor persona, pero sólo la han usado
para desmerecer y explotar a otros. Parte del
problema pasa también por el tedio, que
es un concepto mucho más importante de
lo que aparenta en un principio. Cuando la
gente se aburre de todo, empieza a hacer cualquier
cosa para entretenerse. Uno no puede disfrutar
una vida de placeres de por sí; primero
hay que trabajar y luego disfrutar en proporción
a lo trabajado. Cuando uno posee de todo - y
en cantidades obscenas -, el ocio se convierte
en un imán de la locura y el vicio (ups!;
me salió el pastor evangélico que
llevo dentro). ¿Qué
limite existe cuando uno tiene de todo y no posee
ningún tabú?.
Quizás el problema del filme pase por
la falta de una visión crítica o
reflexiva sobre Sellers. Hay desmanes, hay escenas
muy elaboradas en lo creativo (como cuando entra
en coma y sueña que flota en el universo,
rodeado por sus personajes más famosos),
y hay muchos pasos de comedia. El filme intenta
denodadamente lanzar un manto de simpatía
(y hasta de piedad) sobre un individuo que es
un ególatra desquiciado y que carece de
límites. Por cada locura de Sellers hay
un momento fascinante - cómo elaboraba
determinados personajes, o la recreación
de algunas de sus escenas más famosas
- que intenta compensarlo; pero en todo ello no
hay una mirada interna. Es cierto que Peter Sellers
siempre se autodefinió como un recipiente
vacío que sólo se llenaba cuando
interpretaba a algún carácter -
un individuo carente de personalidad -; pero
eso no es cierto. Un individuo despótico,
indiferente a sus hijos (dejándole a su
muerte una pensión de 2.000 dolares mensuales)
y obsesionado con sí mismo no es la masa
inerte que pretende vender. En todo caso, lo que
uno debe preguntarse es por qué este individuo
no contrató a los mejores siquiatras del
mundo para ayudarse a sí mismo. Y
la única respuesta que se me ocurre es
que debía estar conforme consigo mismo.
Llámame Peter: La Vida y Muerte
de Peter Sellers es un gran filme en
lo formal. La perfomance de Geoffrey Rush es de
lo mejor que he visto en mi vida - es sencillamente
camaleónica - y hay una producción
cuidada. Pero también hay cierto tufillo
a que todo ha sido trivializado con tal de no
lastimar a los fans de Sellers, que seguramente
serán seguidores de su trabajo pero no
de él como persona. |