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USA, 2004 : Jim Carrey (Conde
Olaf), Emily Browning (Violet Baudelaire), Liam Aiken (Klaus Baudelaire),
Kara & Shelby Hoffman (Sunny Baudelaire), Billy Connolly (Tío
Monty Montgomery), Meryl Streep (Tía Josephine), Timothy Spall
(Sr Poe), Jude Law (Voz de Lemony Snicket), Catherine O'Hara (Jueza
Strauss), Cedric the Entertainer (Condestable), Luiz Guzman (El hombre
calvo), Jamie Harris (El hombre de los brazos de garfio) Director
- Brad Silberling, Guión - Robert Gordon, basado en los libros
El Mal Comienzo, El Cuarto de los Reptiles y El Ventanal, escritos
por Lemony Snicket (seudónimo de Daniel Handler), Musica
- Thomas Newman |
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Los tiempos han cambiado en lo referente a la literatura infantil.
Mientras que en los 50 y 60 lo habitual era leer los libros clásicos
de Mark Twain (Tom Sawyer) o Julio Verne (20.000
leguas de viaje submarino), en los 70 y 80 nació una corriente
renovadora que intentó llevar versiones light de géneros
populares hacia el público infantil. Aparecieron pandillas
de jóvenes detectives o aventureros, cuyo tono era muy inofensivo
y no distaba demasiado de una versión escrita de un episodio
de Scooby Doo, con monstruos que no eran tales y muertos que
resultaban estar vivos y coleando.
Pero en toda esa nueva corriente de literatura infantil, venía
asomando Roald Dahl. En general, los libros de Dahl funcionan como
historias fantásticas con moraleja, pero dotadas de un fuerte
humor negro y hasta de cierto cinismo. Era un tono bastante más
adulto que las noñadas que se escribían hasta ese
entonces. Dahl hizo escuela, y el paso siguiente lo dió JK
Rowling con Harry Potter. Mas allá de lo fantástico
de la escuela de magos, las novelas de Harry Potter no desarrollaban
un universo amigable; por el contrario, habían personajes
amenazadores e incluso muertes. Uno podría discutir hasta
qué punto es adecuado introducir la muerte como tema en la
literatura infantil, pero sin duda es un golpe de efecto certero
desde el punto de vista comercial. Es cierto que un personaje amenazador
no resulta sino un villano de cartón pintado si no comete
algún acto que infunda miedo; y también es cierto
que la infancia del nuevo milenio madura antes y es mucho más
cínica que los niños de hace 50 años. Pero
las novelas de Rowling, de todos modos, tienen cierto tufillo exploitation
- acercando algún tema prohibido, desde un punto de vista
conservador, a los niños como puede ser la muerte -. La realidad
es que, por introducir lo siniestro en sus tramas, terminan por
resultar literatura digerible por públicos de todas edades;
los padres leen las mismas novelas que sus hijos.
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Entre otros tantos seguidores del mismo estilo, está el
autor estadounidense Daniel Handler. Handler comenzó con
su serie en 1999, publicando 13 libros hasta el presente, bajo el
seudónimo de Lemony Snicket. En sus novelas, Snicket
es el narrador de la historia, y es un personaje bastante misterioso,
que se oculta en una cueva subterránea bajo el mar, y dice
haber pertenecido a una organización secreta que lo raptó
desde que era niño, lo entrenó, y de la cual terminó
por escapar. Snicket narra con abundante humor negro las desventuras
de un trío de hermanos, los Baudelaire (cuyo apellido coincide
con el del reconocido poeta francés, famoso por por sus obras
deprimentes), quienes se encuentra huérfanos a temprana edad,
y comienzan a pasar por un desfile de tutores mientras son perseguidos
por el ruin Conde Olaf, un pariente lejano que desea matarlos para
quedarse con su herencia. Lo que destaca a la serie de libros de
Snicket de otras obras infantiles del nuevo milenio, es el uso de
cierta sicología inversa y del armado de cliffhangers
(situaciones de peligro en que los protagonistas quedan al borde
de la muerte hasta el próximo capítulo) que son enfáticamente
advertidos por el autor. En algunos libros, el autor advierte al
lector que deje inmediatamente el presente libro en la estantería
de la librería, so pena de asistir a la lectura de terribles
eventos que pueden espantarlo; así como distintas clases
de avisos que incluye en la narración ("esto pudo
haber sido hermoso... pero no fué así, ya que algo
terrible sucedió después, con lo cual advierto al
lector que cierre ya esta novela si no desea perder su sueño
por las noches, a causa de las pesadillas que pueden producirle
los espantosos hechos que narraré a continuación").
Lemony Snicket : Una Serie de Eventos Desafortunados es
la adaptación al cine de la saga, comprimiendo tres de los
primeros libros (Un Mal Principio, La Habitación
de las Serpientes, y El Ventanal); y sin duda es una
producción cuidada, pensada por los productores (Paramount
y Dreamworks) de sacar una saga que rivalice con Harry
Potter. La estética está tomada de las ilustraciones
de los libros, realzada por ideas de Rick Heinrichs, quien fuera
diseñador de producción de los films de Tim Burton,
y es impresionante. De algún modo la ambientación
se sitúa en una pseudo Inglaterra bizarra y fantástica,
donde conviven tecnologías de los 50 con novedosos artefactos
del nuevo milenio, y donde las construcciones resultan barrocas
y deprimentes. En cuanto a atmósfera, el film resulta irreprochable.
Lo que no es tan brillante es el guión. Snicket es ciertamente
protagonista en sus libros, actuando como las veces de un relato paralelo
brindando tips de su bizarra vida de aventuras y plagado de
detalles absurdos, pero sin duda el libreto optó por podar
este aspecto y dejarlo en el rol de un simple narrador mientras se
dedica a expandir las desventuras de los hermanos Baudelaire. Uno
puede cuestionarse, en cierto punto, qué tiene que ver Snicket
con los hermanos - el relato original suele dar pistas diciendo que
posee tatuajes como el del conde Olaf, que fue víctima de incendios,
y que quizás sea uno de los chicos Bauldelaire -. El film lanza
algunas pistas que no desarrolla (y los libros, sí), como cuando
habla de que el relato trata, entre otras cosas, de sociedades secretas,
o el dichoso enigma de los catalejos. Y así mismo la película
tiene una marcha algo entrecortada, resultando un tanto episódica.
Ciertamente unir tres libros no posee la misma fluidez narrativa que
una novela de Harry Potter, amén de que cada capítulo
resulta bastante breve como para desarrollar los personajes nuevos
que se introducen (el tío Monty, la tía Josephine).
Sin duda el relato tiene su gracia, ya que los chicos que interpretan
a los hermanos cuentan con un gran carisma, y las interlocuciones
de Snicket (Jude Law) son bastante sabrosas. Pero uno fantasea con
lo que pudo haber hecho un director con mayor talento (un Tim Burton,
por ejemplo) con el mismo material. Mientras que un Burton hubiera
sacado más lustre al aspecto siniestro y lo dotaría
de mayor humor negro, el director Silberling deja que ciertos acontecimientos
oscurezcan al film. Como el caso de la muerte de los padres, que
le da un peso dramático que lastra a la cinta. Además
de que la estructura en sí termina de caer en cierta rutina
de los planes malévolos de Pierre Nodoyuna en Los Autos
Locos. Todos los intentos de asesinato de los chicos por el
Conde Olaf resultan bizarros y se desbaratan por su propia impericia.
Pero sin ninguna duda, lo que salva a la película de ser
una adaptación algo chata de las novelas es Jim Carrey. Carrey
es un comediante dotado de un gran talento, lo que no significa
que sea para todos los gustos. Pero ha ido creciendo como actor
a lo largo de los años, puliendo su comicidad histérica
hasta hacerla mucho más potable y eficaz, amén de
que se ha probado como intérprete fiable en papeles dramáticos,
y eso le ha dado un rango mucho mayor (y lo ha salvado de ser una
moda pasajera). Pero mientras que sus cualidades histriónicas
en dramas son reconocidas por todos exceptuando a los miembros de
la Academia, Carrey regresa ocasionalmente a papeles cómicos.
Olaf es una creación brillante de Carrey, que se alterna
entre un Boris Karloff algo sobreactuado, y un camaleón que
desaparece en los múltiples disfraces que practica el Conde
para acercarse a los niños. Posiblemente los primeros minutos
de escena de Carrey sean algo terribles, pero después termina
por hacer puntería en el tono que requiere Olaf, y culmina
por obtener las mejores carcajadas. Es un impresionante ladrón
de escenas y termina por poner a la sombra al resto de los intérpretes,
en especial a Billy Connolly y Meryl Streep, que resultan totalmente
desperdiciados por un guión que no les da el peso ni dignidad
que merecían en el relato. |
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