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Sería interesante debatir si una remake de alta calidad
de un clásico monumental puede opacar a la versión original
de la misma historia. En general las nuevas versiones que superan
a sus orígenes lo hacen simplemente porque la calidad del original
es inferior. Los casos de comparación aproximadamente similar
son realmente escasos; sucede en El Cartero Llama Dos Veces,
donde ambos filmes (el de 1946 y 1981) son clásicos menores,
pero la versión moderna es más pulida. En un caso diferente,
tampoco se puede comparar la trilogía de El
Señor de los Anillos con las versiones animadas de los
70 y 80, ya que éstas últimas no eran clásicos
y sería como comparar dos mundos diferentes (una visión
adulta contra otra infantil). Y si bien La
Guerra de los Mundos 1953 posee sus fallas, tiene el mérito
de fundar un género, mientras que su versión
2005 - notablemente superior técnica y argumentalmente
- utiliza la historia como borrador para reflejar los temores de su
propia época. Como se puede ver, cada filme puede coexistir
con su antecesor. Fuera de discusión queda la versión
de Gus Van Saint de Psicosis, porque una fotocopia color de
un original pierde definición en el momento mismo de la copia.
Pero el caso de King Kong - versión 2005 versus versión
1933 - es un caso realmente extraño, y posiblemente único
hasta el momento. La versión de Peter Jackson expande considerablemente
el mundo y las ideas del original y es, aún con su enorme
cantidad de similitudes, un filme totalmente diferente.
Repasemos un poco la historia de King Kong. La producción
original es una creación de Merian C. Cooper y Ernest B.
Schoedsak, que tomaba ciertos elementos de la fábula La
Bella y La Bestia, y los combinaba con cierta ficción
utópica de moda en los años 30 que es la fantasía
de los mundos perdidos (género al cual contribuyeron Edgar
Rice Burroughs y Arthur Conan Doyle entre otros). En el fondo no
dejaba de ser una incursión en lo desconocido, del mismo
modo que películas posteriores retratarían variantes
parecidas como la exploración de los misterios africanos
y de otros lugares exóticos. Tarzán, sin ir
mas lejos, es un ejemplo paradigmático de ello; en algunas
de las obras de Burroughs existen las leyendas de ciudades, tesoros
y razas perdidas u ocultas en medio de la selva. Lo que agregan
aquí Cooper y Schoedsak es el monstruo.
Pero la historia que pergueñaron Cooper y Schoedsak podría
haber caído simplemente en las mismas rutinas que desarrollaría
Godzilla años más
tarde; descubrimiento del monstruo, la llegada de éste a
la civilización, la vorágine de destrucción
a su paso. Lo que distingue a King Kong del resto de monstruos
cinematográficos es la relación entre la bestia y
la chica, y el darle una personalidad definida a la creatura. Obviamente
los recursos técnicos de 1933 eran más que limitados
y artesanales (y a ojos de hoy se ven muy esquemáticos, sin
posibilidad de sutilezas), pero el esfuerzo puesto en la producción
dejaba traslucir el mensaje de Cooper y Schoedsak. El King Kong
de 1933 es villano y, a su vez, víctima de las circunstancias;
es un animal salvaje obsesionado ciegamente con la bella, y la defensa
de la posesión de la chica - junto con su llegada a un mundo
nuevo, desconocido, que no puede dominar - es lo que termina por
matarlo. Uno puede establecer ciertos paralelismos con la historia
de Drácula, en donde otra creatura se obsesiona por
una mujer, sale de los territorios que realmente puede controlar
y, por caso inverso a King Kong, termina por atraer a sus
victimarios a sus dominios.
Mientras que la versión ´33 es un Kong enloquecido
por tener a Ann Darrow en su poder (que subliminalmente transmite
mensajes de algún tipo de vínculo sentimental entre
bella y bestia), la muy criticada remake de 1976 termina
por explicitar todos los significados posibles de dicha relación,
aunque lo hace de la peor manera posible. A pesar de todos los gruesos
errores que pueda cometer, la versión de John Guillermin
tiene un par de ideas interesantes. Y la versión 2005 termina
por fusionar cosas de ambos filmes, aunque con mucho mejor gusto
y con una factura técnica impecable.
El responsable es sin duda Peter Jackson, ya que la remake de King
Kong fue el proyecto de sus sueños antes que desembarcara
en Tierra Media. Años de desarrollo del guión y numerosas
puertas que se cerraron lo obligaron a postergarlo. Recién
con el éxito crítico de Heavenly Creatures
en 1994 comenzaría a obtener apoyo financiero, pero para
su segundo proyecto soñado que era la adaptación de
la obra de J.R.R.Tolkien y que era comercialmente más viable.
Y con el atronador suceso de la trilogía de El
Señor de los Anillos, Jackson consiguió el camino
libre para poder desarrollar a Kong.
Pero este King Kong tiene un espíritu más
cercano a la versión 76 que al original, al menos en cuanto
al desarrollo del personaje central. Está todo el esquema
clásico, los preparativos y la llegada a la isla; pero este
Kong, a diferencia del muñeco de Wills O´Brien y del
terrible traje de Rick Baker, realmente es un actor virtual, un
ser capaz de transmitir emociones con sutilezas sin dejar su esencia
animal en ningún momento. Si Kong 33 era un villano
demente que raptaba a la chica y perecía por no entregar
el botín; y el Kong 76 es un enamorado que muere trágicamente
a causa de un sentimiento prohibido, el Kong 05 es un héroe
solitario y salvaje que aprende a encariñarse con quien le
pone límites y termina asesinado por obsesionarse con el
único ser que lo entiende. La chica originalmente era una
posesión, en el 76 fue un amor; y para Jackson es la joya
que ilumina el corazón solitario del último de su
especie. Esto resulta claro en la llegada de Driscoll a la morada
del simio, donde podemos ver el enorme esqueleto de otro primate
similar. Y si bien este Kong es tan brutal como los anteriores,
toda la espectacular secuencia de la lucha con los tiranosaurios
no sirve más que para darle altura épica al personaje
y obtener la simpatía del público. Cada aparición
de este King Kong es emocionante; sencillamente es un héroe,
y uno muy carismático.
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Y la virtud de ello pasa por los guiones impecables que suele facturar
Jackson y su equipo, y por el talento inconmesurable (y no reconocido)
de Andy Serkis, que por captura computarizada de movimientos diera
vida al Gollum en su momento, y ahora a Kong. Este Kong actúa,
transmite cosas con los gestos y las miradas; es caprichoso, ególatra,
violento y tierno a la vez. Es un intérprete formidable que
se roba a la película.
El tema está en que la relación de Kong - Darrow
tiene una química descomunal, basada en emociones y mensajes
simples. Es curioso como el personaje de Jack Driscoll resulta totalmente
opacado desde que Kong entra en escena. El guión es impecable,
y se encarga laboriosamente de darle profundidad a una enorme cantidad
de personajes - entre ellos el escritor -; y hay una delicada química
entre Naomi Watts y Adrien Brody, que no pasa por lo pasional sino
por cierta intelectualización de los sentimientos. Quizás
eso sea lo que falle, posiblemente porque el libreto se empeña
en mostrar los contrastes entre los "dos" romances. Y
es que a pesar de el buen desempeño de Brody y de que el
guión le imponga circunstancias realmente sacrificadas y
heroicas (la escena en el abismo con los insectos, el rescate de
la chica, la persecución en taxi por Nueva York), el personaje
pierde toda la presencia que había ganado en la primera mitad
del filme. El intercambio de miradas entre Driscoll y Darrow es
muy expresivo: no comprende cómo todos los lazos sentimentales
de la chica son más profundos con el monstruo que con él.
Además de esto, uno ya empieza a descubrir ciertos puntos
esenciales que se reiteran en la filmografía de Jackson.
La larga duración del filme se debe a una profundización
de los personajes, empeñándose el libreto en establecer
relaciones de sólida amistad y respeto. Allí es donde
Jackson construye el caracter heroico de los personajes : el cuidado
por el prójimo, la enseñanza al aprendiz, el acto
de sacrificio por los demás. No se trata de dos o tres protagonistas
centrales sino de toda una troupe de caracteres que resultan
interesantes. También encontramos a una minoría que
debe enfrentar a un poder desconocido que han liberado. Este es
un relato tan épico como El Señor de los Anillos.
Lo que suma Jackson, además del histrionismo de Kong y de
un sentido espectacular de la aventura, es la sensación de
peligro del mundo de la Isla Craneo. A cada paso hay una amenaza
que puede liquidar la vida de cualquiera, incluso la de Kong. La
versión 1933 contiene la misma referencia; y si bien
era inusualmente violenta para la época, carecía del
caracter explícito de esta version moderna. Este es un universo
implacable y hostil, y esa atmósfera se respira todo el tiempo
que la película se centra en la isla.No en vano la cinta
usa la imagen de El Corazón de las Tinieblas (el libro
que lee el novato Jimmy) para expresar sus intenciones: este es
un viaje de descubrimiento, pero es una travesía hacia el
terror donde ninguno de los sobrevivientes volverá a ser
el mismo.
La película contiene algunas bellas referencias para cinéfilos;
desde la opción de usar a Fay Wray (la actriz original de
la versión 1933) para rodar en la isla ("pero ahora
está filmando otra cosa con RKO"... o sea el King
Kong de Cooper y Schoedsak), hasta el uso del grito original
para doblar la voz de Naomi Watts. En el apartado técnico,
la factura es excelente, y tanto los nativos como la isla Craneo
se ven sobrenaturales (aunque hay alguna influencia de los orcos
en los habitantes del lugar). Las actuaciones son excelentes, a
pesar que el único en discordia sea Jack Black (que por peinado
y apariencia es un seudo clon de Peter Jackson) que tarda
cinco minutos de proyección en meterse en el personaje y
no ser irritante. Y la música es formidable, aún con
el cambio sobre la marcha (por diferencias creativas) del habitual
compositor de Jackson, Howard Shore, por James Newton Howard.
Es un clásico firme, impecable, deslumbrante. Tuvo buena
taquilla aunque no fuera el super blockbuster que todos esperaban,
en parte por los gustos terribles de los americanos (no ver un filme
tan largo que, además, se basa en una historia triste y ya
conocida). Pero es una delicia de espectáculo. Las escenas
quedan en la retina : la corrida con los dinosaurios en la isla,
la batalla campal de Kong con los tiranosaurios, el ballet en el
lago congelado de Nueva York, o Kong y Darrow, contemplando el amanecer
en silencio, transmitiéndose todo con la mirada. Es un filme
profundamente bello. |
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