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GB, 1965 : seudo documental
filmado para la TV Director
- Peter Watkins, Guión - Peter Watkins
TRAMA : Década del sesenta,
en el auge de la Guerra Fría. El documentalista
Peter Watkins se encarga de explorar todas las posibilidades
sobre la hipótesis de un ataque nuclear masivo
a Gran Bretaña, y en especial los pormenores
de las secuelas del holocausto en la población
inglesa.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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El Juego de la Guerra es un título seminal
dentro de la filmografía británica. Para
mediados de los años 60, el director Peter Watkins
había tenido mucho éxito filmando seudo
documentales sobre hechos históricos. La novedad
de Watkins era mezclar entrevistas a personajes reales
(historiadores, especialistas) con recreaciones de los
sucesos y supuestos "reportajes en vivo" a los
protagonistas, sólo que éstos estaban encarnados
por actores. Para tener una idea, es como si una cámara
estuviera presente en Waterloo y Napoleón le hiciera
declaraciones a la prensa de cómo le estaba yendo
en la batalla. Buena parte del estilo seudo realista de
Watkins transpira hoy en las series documentales que emiten
canales como Discovery Channel.
Pero Watkins estaba obsesionado con hacer un documental
sobre la posibilidad de una guerra atómica, y
estuvo suplicándole el visto bueno a los directivos
de la BBC durante meses hasta que consiguió
luz verde para el proyecto. La BBC aún
mantenía sus reservas - en 1954 quisieron hacer
algo similar, pero desde el gobierno de Churchill le
bajaron el pulgar -, pero quería tener material
apropiado para estrenar en vísperas del vigésimo
aniversario del lanzamiento de la bomba atómica
sobre Hiroshima y Nagasaki. Entonces Watkins se despachó
con El Juego de la Guerra - un documental que
ficcionalizaba un posible ataque nuclear masivo a Inglaterra
en la víspera del recrudecimiento de un conflicto
ficticio en Alemania Oriental entre la OTAN y
los soviéticos -, y la polémica se encendió.
El gobierno le quitó el apoyo a la BBC
ni bien vió el filme en una proyección
privada armada por la emisora. La BBC dió marcha
atrás, en parte por presión política
y en parte cometiendo un acto de auto censura - consideró
que la película era demasiado cruda para emitir
por TV -. Watkins empezaría una larga y fuerte
puja por liberar el filme, hasta conseguir su aprobación
para estrenarlo en cine. De allí en más
El Juego de la Guerra ganó numerosos premios,
incluyendo el Oscar al documental del año - algo
polémico si uno considera que en realidad se
trata de una ficción escenificada con actores
-.
En lo personal, me resultan fascinantes las cápsulas
del tiempo acerca de la paranoia de la Guerra Fría.
Y considerando la época en que fue filmado, El
Juego de la Guerra es una película estremecedora
- es el abuelo de otros filmes de shock masivo como El
Día Después y Threads -. En 48
minutos Watkins demuestra con lujo de detalles sus dos
tesis: lo devastador de un ataque nuclear y la idiotez
generalizada de los gobernantes así como de su
planeamiento para la contingencia. La película
arranca con que el Pacto de Varsovia ha invadido Berlín
Occidental en represalia a una amenaza atómica
americana en la Guerra de Vietnam (en el otro extremo
del mundo). Como las cosas están candentes, el
gobierno inglés decide hacer una movilización
masiva - evacuando de los posibles puntos de ataque (p.ej.
bases militares y aeropuertos de donde pueden despegar
bombarderos atómicos) a mujeres, niños y
discapacitados, y llevándolos a ciudades alejadas
de los blancos misilísticos - (lo cual no deja
de ser un hecho absurdo; en vista de la geografía
inglesa, todo parece un éxodo de ratas de laboratorio
al otro extremo de la jaula como para demorar unos segundos
más el imparable desenlace). Allí es donde
empiezan los problemas: el gobierno instala a la fuerza
a los exiliados en aquellos hogares que disponen de varias
habitaciones; obliga a los dueños de casa a alimentar
de su bolsillo a los recién llegados; el enorme
gentío provoca una baja de la producción
del país, la suba de precios, la escasez de alimentos
y otros menesteres (en especial, los materiales como bolsas
de arena y tablones requeridos para fortificar las casas
y convertirlas en endelebles refugios anti atómicos;
al parecer los ingleses tenían un poder adquisitivo
mucho menor que sus pares americanos, que construían
a mansalva refugios subterráneos de hormigón),
las cartillas de racionamientos y todo un descalabro económico
general del país (aún cuando fuera falsa
alarma, Inglaterra tardaría 4 años en recuperarse
económicamente de semejante éxodo).
Por si fuera poco, el ataque pasa de posible a real
y las cosas entran en una espiral de demencia. Los médicos
deben catalogar pacientes de acuerdo a su probabilidad
de recuperación... y si tienen más del
50% de su cuerpo con quemaduras, deben ser ejecutados
debido a la escasez de drogas y recursos sanitarios.
Hay revueltas populares por falta de alimentos. Fusilamientos
masivos para cumplir la ley marcial. Infinidad de niños
gravemente enfermos y locos por culpa de las atrocidades
que han visto. Y todo eso sin contar con la cantidad
interminable de incendios inextinguibles - el calor
y los vientos huracanados provocados por la temperatura
los convierten en letales -, el lento envenenamiento
por la radiación, etc. En medio de todo esto,
hay notas de extremo patetismo, basadas en citas de
políticos y líderes de la iglesia: desde
la postura del Vaticano de que la guerra atómica
"es limpia y honorable" hasta el caso de los
policías que reparten un folleto de supervivencia
para casos de ataques atómicos ... cuyo libro
estuvo en venta varios años antes y nadie pudo
comprar.
Watkins demuestra que ha hecho notablemente sus deberes,
ya que todas sus hipótesis se basan en conclusiones
científicas y hechos reales ocurridos después
de otros casos de bombardeos devastadores - además
de Hiroshima, Watkins considera escenarios como el ataque
masivo a Dresden durante la Segunda Guerra Mundial,
en donde surgió el concepto de las "tormentas
de fuego" -. Y aún así, son hipotesis
muy modestas, tomando en cuenta que los misiles utilizados
equivalen cada uno a una bomba de Hiroshima, cuando
para 1965 los misiles ya contaban con varias veces ese
poder en cada una de sus ojivas (o sea que el daño
sería aún mayor). Por todo ello es que
El Juego de la Guerra termina resultando compulsivamente
fascinante y estremecedora, dándonos un pantallazo
de la espada de Damocles pendiente sobre Gran Bretaña
durante la Guerra Fría. Y es una pieza de propaganda
brillante. |