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USA, 1974 : Gene
Wilder (Frederick Frankenstein), Peter Boyle (criatura), Teri Garr
(Inga), Marty Feldman (Igor), Madeleine Kahn (Elizabeth), Cloris Leachman
(Frau Blucher), Kenneth Mars (Inspector Kemp), Gene Hackman (ermitaño
ciego) Director - Mel Brooks, Guión - Mel Brooks
& Gene Wilder, Musica - John Morris |
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"Oh, dulce misterio de la vidaaa..." Los
70 fue una década brillante para Mel Brooks. Después
de algunas comedias medianas o del éxito televisivo de Get
Smart, obtendría toda la gloria en el celuloide con un
puñado de filmes que pueden catalogarse como obras maestras
de la comedia: Blazzing Saddles (1974), Young Frankenstein
(1974), Silent Movie (1976) y High Anxiety (1977).
Pero después su carrera entraría en una picada indetenible,
y nunca volvería al nivel de chispa y originalidad que había
obtenido en sus trabajos recién mencionados.
Lo que parece más probable es que Brooks solo fuera un buen
escritor de comedias y que su talento se potenciara al estar rodeado
de comediantes de calidad. Si uno examina su filmografía
en los 70, Brooks había armado un troupe de genios de la
talla de Gene Wilder, Marty Feldman, Cloris Leachman, Madeleine
Kahn, Harvey Korman, Dom DeLuise o Sid Caesar. En los 80, fuera
por desavenencias, ambiciones personales, fallecimientos, etc.,
ese grupo se desbandaría y los filmes de Brooks estarían
poblados con elencos televisivos de dudosa comicidad. Steve Weber
(de Dracula, Vivito y Coleando) no tiene ni el 10% de talento
de un Gene Wilder o un Marty Feldman. Además estos dos últimos
comediantes comenzaron a desarrollar sus carreras en solitario,
con tibios resultados (lo más parecido a la chispa de Brooks
fue la excelente y menospreciada comedia de Marty Feldman Las
Locas Aventuras de Beau Geste).
Pero cuando el grupo estaba reunido, filmaban cosas geniales. Y
El Joven Frankenstein es una de esas obras maestras. Sin
dudas Mel Brooks es un amante del cine - toda su carrera está
basada en parodias a filmes y géneros populares -. Y aquí
lo que hace es realizar un afectuoso homenaje a la saga de Frankenstein
que los estudios Universal filmaran en los años 30
- por ejemplo, Frankenstein, La Novia de Frankenstein
y El Hijo de Frankenstein -. Incluso Brooks se toma la molestia
de obtener las maquinarias originales del film de James Whale, reconstruyendo
el laboratorio del Barón a la perfección y siguiendo
plano a plano las tomas de aquél clásico.
Es interesante comparar a Young Frankenstein con otro experimento
de Brooks sobre clásicos de la Universal, como lo
es Dracula: Dead and Loving It. Aquí Brooks muestra
un grado de audacia increíble, eligiendo filmar el guión
en un atmosférico blanco y negro que resulta brillante. En
cambio, en Dracula: Dead and Loving It pareciera que Brooks
hubiera perdido la misma valentía, elige el color, y lo que
es peor - posiblemente presionado por toda la generación
post Airplane - inunda la trama de chistes
malos y sin gracia. En El Joven Frankenstein existe realmente
una historia y un desarrollo paulatino de la misma, con ocasionales
e inesperados chistes lo que potencia su gracia. Es preferible el
humor esporádico pero de calidad a inundar todo el tiempo
la pantalla con mala comedia.
Mucho del film funciona gracias a las continuas improvisaciones
que los actores realizan delante de cámaras. En especial
Wilder, que suele ser un actor irritante, pero su sobreactuación
a niveles siderales da el punto justo para crear un científico
loco memorable. La película se toma sus tiempos para darle
profundidad a la historia - el discurso de Wilder en el momento
de darle vida a la criatura es brillante -, y quizás donde
la película patine un poco sea cerca del final, con la mentada
transferencia de cerebros. Pero al menos sirve de excusa para brindar
un final optimista.
Donde la película descolla es en el nivel de las actuaciones.
Marty Feldman es un ladrón constante de escenas, Wilder brilla
y, en especial, está Peter Boyle que hace maravillas con
su monstruo tan sólo con el lenguaje corporal y sus tiernas
miradas. Es una criatura humana y querible. En el momento que se
descontrola y sale de ronda, sus escenas son memorables - como el
encuentro con el ciego (cameo de Gene Hackman) que es una de las
escenas más comicas de la historia del cine, o los contrapuntos
amorosos con la insoportable Madeleine Kahn -.
Después de 30 años es un film que sigue haciendo
reír. Su comicidad es fresca, y su timing es perfecto. Es
un clásico perenne que sólo mejora con el paso del
tiempo. |
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