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GB / USA, 1966 : Roddy McDowall (Arthur
Pimm), Jill Haworth (Ellen Grove), Paul Maxwell (Jim Perkins), Aubrey
Richards (profesor Weal), Ernest Clark (Harold Grove)
Director
- Herbert J. Leder, Guión - Herbert J. Leder
TRAMA : El joven Arthur Pimm se desempeña
como ayudante del curador de un museo londinense. Al incendiarse
un almacén del museo que contenía numerosas antigüedades,
ambos deciden ir al lugar para investigar los restos; pero el curador
aparece muerto a los pies de una enorme e impresionante estatua.
Las tragedias continúan cuando la figura es trasladada al
museo,y las víctimas siempre aparecen a sus pies. Pimm comienza
a investigar y descubre que la estatua es en realidad el famoso
Golem de Praga - una figura de arcilla que vuelve a la vida cuando
se le inserta un manuscrito mágico en la boca -. El joven
comenzará a explotar al Golem en provecho propio, eliminando
a las personas que lo molestan; pero muy pronto terminará
por darse cuenta que la estatua actúa por si cuenta y resulta
imparable.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio desde
fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar partes
del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos a
esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Quien reviva al Golem en el siglo XVII ha de saber que el fuego
no lo puede destruir;
Quien reviva al Golem en el siglo
XVIII ha de saber que ni el fuego ni el agua lo pueden destruir;
Quien reviva al Golem en el siglo XIX ha de saber que ni el
fuego ni el agua ni la electricidad lo pueden destruir;
Y quien reviva al Golem en el siglo XX ha de saber que ni el
fuego ni el agua ni la electricidad, ni los malos actores, terribles
directores y horrendos guionistas lo pueden destruir.
El mito del Golem es una pieza histórica fascinante
que pertenece al folklore judío. En las leyendas populares,
los Golems eran estatuas de arcilla que volvían a la vida
después que un hombre santo las bendecía y les ponía
un rollo con uno de los nombres secretos de Dios - Emeth
- en la boca. Desde ese entonces eran fuerzas imparables al servicio
del Rabí, creadas para la protección de la comunidad
hebrea, y sólo podían ser desactivadas quitándoles
el rollo de papel. La leyenda del Golem surgió a finales
de la edad media, y la más conocida es la de la estatua creada
por Judah Loew ben Bezalel en el siglo XVI. En sí el mito
se basa en el Antiguo Testamento, en el texto sobre la creación
de Adan a partir del barro; y el concepto sería una de las
fuentes en las que abrevaría Mary Shelley para la construcción
de Frankenstein.
Lamentablemente semejante premisa tuvo escasa acogida en el cine,
quizás porque el origen del mito es religioso y hubo un deseo
de no ofender la sensibilidad de la comunidad hebrea. Lo más
conocido que dió el séptimo arte fue El Golem
de 1921 de Paul Wegener, que recreaba la fábula de Judah Loew
ben Bezalel; y luego hubo un capítulo de la serie Los
Expedientes Secretos X sobre el tema. El otro ejemplo cinematográfico
que trataba el mito es el que nos ocupa, aunque le hace un flaco favor
a la popularización de la leyenda.
He aquí otra idea fascinante arruinada por un director
idiota. Aquí el diseño del Golem es espectacular
- parece una gárgola congelada en un gesto de grito eterno
-, y resulta tan implacable como figura en la leyenda. El problema
es que, dejando a la estatua de lado, el resto es una pavada. Comenzando
por una irritante perfomance de Roddy McDowall, al que parece imposible
tomarse algún papel en serio. Quizás la culpa no sea
tanto de McDowall, especialmente si uno considera el texto que debe
interpretar; en los cinco minutos iniciales nos enteramos que Arthur
Pimm es un demente que vive con su madre muerta al mismo estilo
que Norman Bates. ¿Para qué diablos incluyeron
semejante estupidez?. Como sea, es una mera excusa para que
McDowall sobreactúe el papel de loco hasta niveles más
allá de la Vía Láctea.
El resto es bastante rutinario; chico loco enamorado de su compañerita
de trabajo, presionado por sus jefes negreros y a los cuales empieza
a despachar limpiamente a medida que descubren el secreto del Golem.
En el medio McDowall hace dos millones de idioteces como para que
no nos olvidemos de que lo odiamos. Y al final las cosas llegan
a un climax lisérgico, con McDowall encerrándose en
un castillo con la chica, el Golem como portero, y las fuerzas militares
preparándose para lanzar una bomba atómica de bolsillo
contra el monstruo (wtf!?)
para rescatar a la muchacha. El Golem se salva pero, en vez de desatar
una oleada de destrucción contra toda la humanidad, decide
sumergirse en el mar y desaparecer. Chim, pún, este
cuento se ha terminado.
It!, La Estatua Viviente podría haber sido muchísimo
mejor con otro actor y con un guión más rutinario.
Pero el director y guionista Herbert J. Leder no sabe cómo
inyectar horror al relato y le agregó la sub historia de
McDowall loco como una cabra, que termina resultando pésima.
Leder solito se encarga de arruinar la película; bah,
McDowall lo ayuda bastante con la tarea, y terminan por desperdiciar
lo que podría haber sido un filme memorable.
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