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Este es el debut como director
para la pantalla grande de Brad Bird, un creativo
de la hostia que dio a luz algunos de los mejores
capítulos de Los Simpson y la excelente
Los Increibles para
la Pixar. Pero en 1999 Bird aún era
un desconocido, siendo su único antecedente
un capítulo de la serie Amazing Stories
y el libreto de Milagro
en la Calle 8, todos ellos, productos de Steven
Spielberg. Aquí Bird se despacha con un sentido
homenaje a la cultura de la familia atómica
norteamericana de los 50, a la vez que consigue
tocar las fibras emocionales de la platea con un
relato realmente conmovedor.
En realidad pareciera que Bird tiene una vena
especial por la cultura retro. Acá realiza
una adaptación tan liberal que tiene muy
poco que ver con la historia original de Ted Hughes
- en donde había un robot alienígena
que se hacía amigo de un niño terricola...
pero todo pasaba en Inglaterra, el robot se transformaba
en una celebridad local, y pronto tenía
que ir a combatir a una criatura gigante (Godzilla?)
en Australia -, y pareciera más emparentada
con la propia infancia de Bird. Hay referencias
a los comics viejos de Superman,
a The Spirit de Will
Eisner, al "agacharse y cubrirse" (la
enseñanza básica que daban en las
escuelas norteamericanas para el caso de un ataque
atómico, y cuyos cortos forman parte del
documental The Atomic
Cafe), y a toda la paranoia extendida de principios
de la Guerra Fria. Pero si uno aparta esos detalles,
lo que termina por encontrar es un reciclado de
E.T.
El Extraterrestre, en donde el alien de turno
es ahora un androide de 30 metros de altura.
Las semejanzas con el filme de Spielberg no terminan
allí. Hay otra alegoría cristiana,
con las autoridades persiguiendo un inocente para
matarlo y el sacrificio final del héroe...
resurrección incluída. Lo que salva
a la historia de ser una regurgitación
mecánica de E.T. es que Bird lo
adorna con numerosos detalles de época,
personajes realmente simpáticos, y una
animación soberbia. Estos son dibujos animados
hechos a mano, pero realzados mediante el uso
de computadoras, lo que permite algunos detalles
y planos excepcionales.
Ciertamente El Gigante de Hierro es previsible,
pero no por ello deja de ser entretenida. Hay
muchos toques simpáticos y algún
que otro gag hilarante, y que tiene que ver más
con lo delicioso que son los personajes que con
la gracia real de la escena. No es dificil encariñarse
con el personaje - interpretado guturalmente
por Vin Diesel en uno de sus primeros papeles
-, aunque uno echa de menos alguna explicación
adicional de por qué llegó a la
Tierra y cual es su propósito.
El Gigante de Hierro es diversión
sana para toda la familia. Es entretenimiento
sólido que funciona en varios niveles,
y tiene su subtexto nerd ideal para nosotros
que somos fans del cine fantástico. Y desde
ya, es un filme definitivamente recomendable.
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