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USA, 2007 : Nicole
Kidman (Dra Carol Bennell), Daniel Craig (Dr Ben Driscoll), Jeremy
Northam (Tucker Kaufman), Jackson Bond (Oliver Bennell), Jeffrey Wright
(Dr Stephen Galeano), Josef Sommer (Dr Henryk Belicec), Veronica Cartwright
(Wendy Lenk) Director - Oliver Hirschbiegel, Guión
- David Kajganich, basado en la novela The Body Snatchers de Jack
Finney, Musica - John Ottman |
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Esta es la cuarta versión de la novela Los Usurpadores de
Cuerpos de Jack Finney. El libro de Finney, en sus anteriores
adaptaciones de 1956, 1978 y 1993, ha recibido respetuosos tratamientos
cinematográficos y cada una de las versiones puede ser considerada
un clásico. La Invasión
de los Usurpadores de Cuerpos de 1956 es la más popular
y trata sobre la paranoia de la caza de brujas del Maccartismo; la
versión 1978 de Philip Kaufman funciona como metáfora
sobre la alienación urbana; e incluso la menos conocida adaptación
de Abel Ferrara de 1993 funciona como alegoría sobre el sueño
americano.
Ahora llega esta nueva versión para el milenio de la mano
de Oliver Hirschbiegel. El pedigree del director alemán
debería asegurar un mínimo de calidad, teniendo en
su haber filmes como El Experimento (2001) y la aclamada
El Hundimiento (2004) sobre los últimos
días de Hitler. Con esos antecedentes uno piensa que la nueva
versión de The Body Snatchers - que siempre ha funcionado
en términos de alegoría política y social -
bien podría ser conducida como un ensayo sobre el mundo posterior
al 11 de Setiembre de 2001 y la paranoia terrorista que ha infectado
a la sociedad norteamericana desde entonces hasta hoy.
Pero esa es una ilusión que se desvanece rápidamente.
No es difícil saber el por qué: desde el momento en
que los estudios vieron el corte de Hirschbiegel - que aparentemente
transformó a la trama en un film de terror sicológico
y con escasos FX - y lo consideraron demasiado estático,
y decidieron traer a los hermanos Wachowski y a su asociado Lewis
Teague (Matrix, V
de Vendetta) para retocar el guión e inyectarle adrenalina
a la historia mediante el rodaje de nuevas escenas. Todo esto terminó
por generar un desastre millonario, donde crítica y público
detestaron al film que rápidamente se hundió en las
taquillas.
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Es difícil saber qué hubiera pasado con el corte
original de Hirschbiegel, pero sin dudas hubiera resultado en un
mejor film que éste. Aquí es un desastre de tonos
mezclados - el thriller subliminal versus la orgía
de explosiones propia de Hollywood -, con lo cual uno termina por
inferir que los estudios de cine norteamericanos deberían
quebrar económicamente más seguido si siguen tomando
decisiones estúpidas como éstas. Si uno le da una
obra a un artista, después no puede terminar mutilando el
film porque siempre resulta en un producto aún muy inferior.
Pasó con la precuela de El Exorcista,
y sucede lo mismo aquí.
Es un film que no entiende lo que significa la palabra sutileza.
En todas las versiones previas de Los Usurpadores de Cuerpos
existe una verdad oculta que empieza a revelarse gradualmente. Al
principio aparentan ser coincidencias, después se elabora
una teoría disparatada e increíble, hasta que termina
por descubrirse la conspiración. Aquí en cambio vemos
al transbordador espacial explotando y lanzando miles de piezas
contaminadas con un virus espacial hacia la Tierra. No hay ningún
tipo de sorpresa en que los acontecimientos que ocurren tienen un
origen antinatural. Y está tan pésimamente desarrollado
el guión, que en poco tiempo la Dra Bennell obtiene pruebas
de que se trata de un virus alienígena. Lo que es peor, la
dupla de Daniel Craig y Jeffrey Wright (viejos conocidos de Casino
Royale) inmediatamente llegan a conclusiones descomunales sobre
la base de unas pocas evidencias.
El clima de paranoia que suele precisar todo film de conspiraciones
aquí es diluído a cero. No existen descubrimientos
graduales, y ya en mitad del film tenemos a la sicóloga corriendo
por su vida. Como si todo esto fuera poco, el único trasfondo
que se le ocurre dar al guionista es que los conflictos políticos
y militares del planeta comienzan a solucionarse simplemente porque
los líderes del mundo han sido infectados. Como dice un personaje,
la naturaleza humana es destructiva; en un mundo de paz, dejaríamos
de ser humanos. Pero se trata de un concepto tan radicalmente idiota,
que uno piensa que sería mucho mejor un mundo dominado por
seres infectados con el virus y viviendo en armonía, a conservar
nuestras individualidades autodestructivas. Comparando esto con
la excelente atmósfera y las profundas reflexiones que generaban
las versiones anteriores, sin dudas Invasión es la
peor adaptación de la novela de Jack Finney hasta ahora.
Y en medio de todo esto están los infectados que escupen
una baba para contagiar al resto, las torpes coreografías
de multitudes observando a Carol Bennell sin pestañear, y
las persecuciones totalmente descolgadas de la trama (sin mencionar
el enfrentamiento final en la farmacia entre Carol, su hijo y varios
infectados), lo que termina por convertir a la película en
algo absolutamente mediocre. Existen algunas ideas buenas - Bennell
es ahora mujer y sicóloga; la invasión se produce
por un virus y se puede contagiar - pero un montón abrumador
de errores de tono y concepto terminan por sepultar a Invasion
y transformarlo en un film sin pena ni gloria.
La novela The Body Snatchers de Jack Finney
ha sido llevada al cine en cuatro ocasiones: Invasion
of the Body Snatchers (1956) de Don Siegel, Invasion
of the Body Snatchers (1978) de Phillip Kaufman, Body
Snatchers (1993) de Abel Ferrara, e Invasion
(2007) de Oliver Hirschbiegel |
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