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USA, 1996 : Bill Pullman (Presidente
Thomas Whitmore), Will Smith (Capitan Steven Hiller), Jeff Goldblum
(David Levinson), Judd Hirsch (Julius Levinson), Margaret Colin (Constance
Spano), Vivica A. Fox (Jasmine), James Rebhorn (Albert Nieske), Robert
Loggia (General William Grey), Randy Quaid (Russell Casse), Mary McDonnell
(Margaret Whitmore), Brent Spiner (Dr Okun), Harry Connick Jr (Capitan
Jimmy Wildman) Director - Roland Emmerich, Guión
- Roland Emmerich & Dean Devlin, Musica - David Arnold |
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Los años 90 fueron la era de los clones, algo que aún
continúa pero en mucho menor medida. Desde los años
50 que no sucedía tal cosa; cuando un estudio generaba un proyecto,
otro empezaba a desarrollar una idea similar. Así que tuvimos
dos versiones (o tres, si se considera la versión cómica
de Mel Brooks) de Robin Hood, dos proyectos con asteroides
chocando contra la Tierra... y tuvimos dos invasiones espaciales.
Ninguna de las historias resulta demasiado original; en realidad,
todo es un reciclado de viejas ideas pero con mejores efectos especiales
y algunos cambios de tono.
Y si Marte Ataca! es un reciclado en tono de sátira
de La Tierra vs Los Platillos
Volantes (encuentros con aliens mal interpretados, una reunión
con los líderes del mundo; la devastación de los símbolos
patrióticos americanos), Dia de la Independencia es
un seudo aggiornamiento de La
Guerra de los Mundos. Está el científico sabelotodo;
los ingenuos que le dan la bienvenida a los alienígenas;
la devastación imparable de las ciudades; el lanzamiento
de la bomba atómica como último recurso; y un largo
etcétera.
El problema es que Dia de la Independencia no intenta escapar
de sus orígenes - es un filme clase B con generoso presupuesto,
pero una película exploitation al final de cuentas
-. Sin dudas hay un gran virtuosismo en las escenas de acción
- sin dudas es lo que los americanos llaman un filme evento
-; todo lo visual está construído para el asombro.
Pero nada de eso debería sorprender: cualquier director con
dos dedos de frente que tomara semejante temática pensaría
en shockeantes términos visuales las secuencias claves de
la trama. El problema son los tiempos muertos; lo que transcurre
entre una escena de FX y otra va de lo medianamente entretenido
al simple ultraje de la lógica o coherencia cinematográficos
(ya no hablamos de la lógica del mundo real).
Y es que Dia de la Independencia resulta ser dos filmes
en uno; mientras que la película de Roland Emmerich es fascinante
en lo visual, el film que escribe Dean Devlin (y que trata acerca
de los personajes) va de lo mediocre a lo espantoso. Es el mismo
problema que, mucho más acentuado, se nota en la versión
americana de Godzilla generada por este dúo. Aquí
Emmerich termina por ganarle a la mediocridad de las líneas
que escribió Devlin; y Devlin, dentro de todo, no genera
un libreto lleno de personajes tan idiotas como Godzilla.
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Lo que sucede es Devlin - como guionista - se dedica a generar
una troupe de clisés como personajes, y lo que es
peor, intenta hacerlos graciosos sin sentido (son comic relief,
después de todo). Todo esto termina en que los caracteres
se porten como verdaderos autistas gran parte del tiempo. Fíjense
en la reacción inicial de Will Smith, que prefiere discutir
su futuro matrimonio con Vivica A. Fox antes de espantarse o asombrarse
con la aparición de un OVNI gigantesco sobre su ciudad. El
estereotipo del gay enloquecido o de la familia judía;
el científico sabelotodo... sumando a esto la mala dirección
de actores. Mientras que Smith y Goldblum salen airosos con las
pésimas líneas que le tocan en suerte, Bill Pulman
luce ridículo. Da el physique du rol con un neo John
F. Kennedy, pero el actor parece por momentos reírse de lo
absurdas que son sus líneas dramáticas. Es una perfomance
terrible.
Pero al menos Will Smith y Jeff Goldblum salvan el día;
esto permite sepultar a personajes tan terribles como el de Randy
Quaid (o el pétreo general de Robert Loggia) bajo un manto
de olvido. El otro aspecto dejado de lado es el de cierta coherencia
dentro de las reglas del mundo que han creado. Los personajes importantes
salvan sus vidas milagrosamente (como Vivica A. Fox) mientras millares
perecen como moscas; la primera dama se encuentra mal herida pero
no sangra, ni se queja, y está impresionantemente lúcida
hasta que la llevan al hospital y allí se acuerda que debe
morir; Goldblum de pronto sabe cómo se programa el sistema
operativo de los extraterrestres para generar un virus... los agujeros
de lógica del guión son enormes.
Y por supuesto está el tono patriotero del film (no patriótico).
Es una arenga tomada de los filmes de propaganda de la Segunda Guerra,
pero acá suena en falso. No tanto por sus palabras, sino por
los caracteres del film. En toda película épica que
funcione, los personajes deben importar; deben ser nobles y tener
fuertes lazos de amistad. Son caracteres sobrehumanos (como dicen
los americanos, larger than life) que se constituyen en héroes
porque viven abocados a la amenaza que los rodea. Esto sucede en Star
Wars y en El Señor
de los Anillos; pero no es lo que pasa aquí, ya que la
mitad del elenco son comic relief, el resto no se toma tan
a pecho la invasión (o no están obsesionados con la
amenaza de su propia extinción a manos de los alienígenas),
sino que viven en rencillas internas o protagonizando dramas de cuarta.
La muerte de la Primera Dama pasa desapercibida. La redención
de Randy Quaid es puro clisé. Por eso, el discurso a las tropas
no sirve como arenga para inflar los espíritus (de personajes
y espectadores, como eran las proclamas de Aragorn o Theoden en El
Señor de los Anillos), sino que dicho por personajes que
no nos interesan termina por sonar a mensaje político artificialmente
apasionado.
Es notable ver como ha cambiado el mundo; en el 96 el mundo se
extasiaba viendo ciudades destruídas (incluyendo a los mismos
americanos). Después del 11/9, sería imposible ver
lo mismo con los mismos ojos. Siguiendo con el paralelismo, hubiera
sido interesante que George Bush hubiera comandado en persona uno
de los aviones que arrasó Bagdad o Afganistán, pero
por lo visto esos supuestos heroísmos solo caben a los presidentes
de película.
Dramáticamente es un film muy mediocre; pero el nervio y
el virtuosismo visual de Emmerich levantan tan alto la barra de
calidad, que termina por resultar más que digerible, a pesar
de sus serios errores argumentales. |
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