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Japon, 2006 : (Toshio Onodera)
Tsuyoshi Kusanagi, (Reiko Abe) Kou Shibasaki, (Yusuke Tadokoro) Etsushi
Toyokawa, (Saori Takamori) Mao Daichi, (Shinji Yuki) Mitsuhiro Oikawa,
(Misaki Kuraki) Mayuko Fukuda, Tamae Tanokura (Hideko Yoshida), (Profesor
Fukuhara) Akira Emoto, (Kyosuke Nozaki) Jun Kunimura, (Primer ministro
Yamamoto) Koji Ishizaka Director - Shinji Higuchi, Guión
- Masato Kato sobre la novela homónima de Sakyo Komatsu,
Musica - Taro Iwashiro |
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A estas alturas hay que pensar seriamente en el Japón como
en un pueblo de masoquistas. Es cierto que su historia es amarga,
comenzando por el bombardeo del 45 sin ir mas lejos. Pero desde los
cincuentas hasta ahora, el pueblo japonés se ha regodeado con
miles de destrucciones masivas de su amada tierra... al menos en la
pantalla grande. Godzilla, robots gigantes, alienígenas
de todo tipo y color... ¿cuántas veces han reconstruído
al Japón en las últimas décadas?. Sin duda,
es un pueblo con empuje.
Pero salvo algún episodio perdido de la saga de Godzilla,
o bien algún animé o siquiera alguna entrega
de Akira Kurosawa, no han habido aproximaciones serias para reflexionar
sobre un desastre de la magnitud del bombardeo atómico. Hay
flirteos pero no enfoques directos. Y en vez de ir hacia el pasado,
los cineastas japoneses se han deleitado con presentar presentes
y futuros alternativos donde alguna amenaza de turno sea tanto o
más devastadora que el vuelo del Enola Gay
sobre Hiroshima.
Quizás de entre todos los intentos relativamente más
serios figure El Hundimiento del Japon (1973), donde cataclismos
marinos provocaban el derrumbe de todo el Archipiélago. Uno
no conoce el film original, aunque las críticas que abundan
en Internet no dicen nada bueno. Ahora nos llega esta remake,
con toda la parafernalia que Japón ha sabido desplegar en
sus últimas producciones de cine catástrofe.
Viendo la fecha del film original, uno piensa inmediatamente en
el auge del cine catástrofe en los años 70. Y para
el 2000, con el tibio resurgimiento del género (Volcano,
Dante´s Peek, Deep Impact, etc) pareciera lógico
hacer la remake. Si uno se ciñe al aspecto visual
es sencillamente impactante, con uno de los mejores filmes japoneses
en efectos especiales de los últimos años.
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Toda la lógica interna del film parece muy realista - sea
leyenda urbana o no, lo cierto es que desde hace años que
uno escucha que Japon está amenazado por un gran desastre
natural que surgirá en el futuro y que será descomunal
-, y la película sigue un ritmo documental muy bueno. Las
primeras alertas están filmadas con tensión, y el
proceso de desarrollo de los acontecimientos es bastante coherente.
Las movidas en el gobierno, la creación del ministerio de
desastres, incluso el film se da el lujo de realizar algunas observaciones
muy inteligentes - la cita entre el primer ministro y la ministra
de desastres es excelente, donde Yamamoto le dice a su oyente :
"he consultado muchas fuentes, y todas me han dicho lo mismo.
Quizás deberíamos quedarnos y hundirnos con el Japón.
Es nuestra tierra, aquí está todo lo que tenemos.
¡Ja!. Esto suena a una solución que sólo los
japoneses podrían pensar.".-. O el éxodo
masivo, donde se golpean las puertas de todos los países
y pronto comienzan a cerrarse los grifos para la inmigración
- podrían evacuarse 30 millones de personas sobre alrededor
de 130 millones que conforman la población japonesa -; las
traiciones americanas - que liquidan sus acciones en multinacionales
japonesas y terminan por desplomar la economía -, o las mentiras
gubernamentales - dando pronósticos para 5 años con
tal de poder controlar la histeria masiva -. En ese sentido es una
película realmente bien pensada, e incluso algunas ideas
parecen aggiornamientos de otros clásicos como Cuando
los Mundos Chocan.
El problema (grande y grave) del film es que, en vez de haber seguido
la trama tras los pasos de la ministra Takamori, o incluso del profesor
Tadokoro, decide plantar el romance de turno entre el científico
Onodera y Reiko Abe. Al menos el affaire podría haber
seguido los clisés de turno y sería relativamente digerible,
pero el drama es que resulta descomunalmente plomizo. Reiko ha perdido
a sus padres en otros desastres naturales, quiere socorrer al prójimo
hasta último momento, se hace cargo de un huérfana,
se hizo la promesa de no amar a nadie más en su vida... mientras
que Onodera es un pasmado sin sangre en el cuerpo que más que
seguir a Reiko, es arrastrado por ella. No sólo no hay química
entre los actores, sino que hay enormes silencios, huecos que quedan
sin rellenar y que resulta imposible sentir algo por ellos más
que deseo que desaparezcan de la pantalla (se los trague la tierra
o les caiga una bola de lava) y aparezcan inmediatamente algún
volcan explotando o bien la trama del profesor y su ex esposa que
es la primer ministro (¿no suena parecido a Dia
de la Independencia?). Como si el desarrollo dramático
y romántico de la pareja no fuera lo suficientemente malo,
le agregan a una niña que recogen en uno de los terremotos,
que tiene a la madre en coma, y que le avisan que recuperó
la lucidez... sólo para verla morir con las manos tomadas.
Es horrible.
El romance desencadena en un terrible final, donde pareciera que
los personajes recién se dieran cuenta que son humanos y
cuando se acerca la hora final. A la legua se ve que Onodera tiene
el cartel de mártir tatuado en la frente, pero la última
noche de él y Reiko está tan mal escrita que nuestro
héroe debe morir virgen por culpa de no sé
que prejuicio (posiblemente el del guionista, que amputa la escena
obligatoria de sexo con tal de permitir una calificación
apta para menores). A partir de allí la película se
descarrila hacia los típicos clisés del cine catástrofe,
con las soluciones de último minuto, la oportunidad única
de resolver todo pero queda una sola bala, etc, etc. Uno piensa
dos cosas : a) con toda la tecnología que hay, por qué
los detonadores en bombas sumergidas a miles de metros deben ser
puestos a mano; y b) si en vez del explosivo N2 fueran bombas atómicas
instaladas a lo largo de la placa tectónica japonesa, la
comunidad mundial habría estado de acuerdo en contaminar
radiactivamente a todo el oceáno Pacífico con tal
de salvar unos pocos millones de japoneses (¿120, 130
millones quizás?).
No es un mal film. Hay escenas excelentes, como el derrumbe final
en la montaña donde van los exiliados. Los japoneses no andan
con medias tintas a la hora de matar protagonistas, y por eso su
cine catástrofe es relativamente mejor que el americano.
El único problema es que cuando Onodera y Reiko están
en la pantalla, más vale que se duerma una siesta o pulse
fast forward furiosamente en la video. Y cuando llegue el
final, sólo piense en los gratos momentos que le ha dado
el film con lo cual puede perdonarle la vida (y toda la rutina al
estilo Armageddon). Los FX y los apuntes inteligentes del
principio salvan al film de ser un tremendo desastre, y lo redimen
del clímax rutinario y el pésimo romance. Por eso
nos resulta recomendable. |
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