|
USA, 1957 : Grant Williams (Scott Carey), Randy Stuart
(Louise Carey), April Kent (Clarice Bruce), William Schallert
(Dr Arthur Bramson), Paul Langton (Charlie Carey)
Director - Jack Arnold, Guión - Richard Matheson,
basado en su novela The Shrinking Man, Musica
- Fred Carling & E. Lawrence |
|
TRAMA : Los Carey obtienen prestado un bote
y deciden tomar un fin de semana de descanso en medio
del mar. Pero mientras Louise se encuentra en el interior
preparando unos bocadillos, Scott es alcanzado en cubierta
por una extraña niebla que le deja el cuerpo
lleno de partículas plateadas. Meses más
tarde Scott empieza a notar cambios en su físico,
como prendas que le quedan grandes, disminución
acelerada de peso, etc. Pero después de varios
análisis médicos, los resultados son increíbles
pero reales: se está empequeñeciendo a
pasos agigantados. En cuestión de meses, Scott
posee la estatura de una muñeca, e incluso vive
en una casa de juguete. Pero un día Louise comete
un terrible error, dejando a la casa y Scott solos con
el gato. Escapando del acoso del felino, Scott cae en
las escaleras del sótano, y pronto todos lo dan
por muerto. Es en ese entonces cuando comenzará
la verdadera lucha de Scott por la supervivencia.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
 |
 |
Este formidable clásico de los años 50 es
el fruto de la unión creativa de dos maestros del
género: el escritor Richard Matheson - que adapta
aquí para la pantalla grande su segunda novela
- y Jack Arnold.
Los años cincuenta fueron prolíficos
en cuanto a la sci fi, con titulos tan sólidos
como The Thing From Another
World, The Day
The Earth Stood Still, y por supuesto War
of The Worlds. Pronto dispararía toda una
serie de clones y versiones de calidad mediocre o baja
que terminarían por saturar al género
y darle mala fama. En general la sci fi de esos
años se reducía a la Tierra versus los
Marcianos, sea en forma de invasiones masivas, o bien
por la silenciosa sustitución / clonación
de cuerpos humanos. Y en general los artesanos que han
bebido en las aguas del género rondan lo mediocre,
con excepción de Arnold, Hawks o Wise. El mérito
de Jack Arnold es que pudo contar historias diferentes,
y tuvo el privilegio de poder filmar numerosas historias
de ciencia ficción en una época en que
el género comenzaba a cobrar mala fama - debido
a los filmes baratos -. Arnold es un enemigo de los
clisés y un gran narrador de historias, pero
su carrera profesional coincide con las etapas que ha
sufrido la sci fi como género filmico
(y económicamente rentable): de formidable artesano
de clásicos como éste, Tarantula,
El Monstruo de La Laguna Negra, e It Came
from Outer Space, a terminar la década filmando
series de TV (algo que no podría escapar hasta
el fin de sus días).
El talento de Arnold terminó desperdiciado por
el prejuicio de los ejecutivos de Hollywood, y recién
la sci fi tendría su revancha a fines
de los 60 con 2001, El
Planeta de los Simios, hasta llegar a su explosión
en 1977 con Star Wars.
Pero en la época en que los estudios aún
apostaban a la sci fi, The Incredible Shrinking
Man es uno de los mejores filmes. No es más
que una reelaboración de La Metamorfosis
de Kafka, pero en vez de que el protagonista se transforme
en un insecto aquí simplemente se empequeñece.
Es una película muy prolija y lineal - no hay
argumentos secundarios, es el simple detalle de las
fases por las cuales pasa Scott Carey -, que semeja
más a un descriptivo documental científico
que a un film.
Si se quiere, toma un enfoque empírico similar
a Them! (1954), en donde
el análisis de los hechos es más que suficiente
para generar un libreto robusto, sin necesidad de desviarse
en subtramas dramáticas. A lo sumo, lo que Arnold
y Matheson exploran en la hora inicial son las paradojas
- Carey más pequeño pero más tiránico
con su esposa; el desprecio hacia los enanos que es con
quienes temporalmente Carey encuentra a sus pares -. Donde
el film realmente cobra vuelo (y Arnold tiene oportunidad
para desplegar todo su virtuosismo) es en la media hora
final, con Carey atrapado en el sótano, que es
donde la película alcanza niveles épicos.
No difiere mucho la pelea con la araña por un trozo
de torta de lo que sería la batalla épica
del héroe en la morada de un monstruo. La secuencia
está filmada con formidable calidad y un valor
de impacto que me resulta insuperable hoy en día,
aún cuando los FX de la época tengan sus
fallas.
Donde el film falla un poco es en darle el giro final
que precisa la temática. Posiblemente tenga que
ver esto con la potencia de la secuencia de la pelea
a muerte con la araña, que termina por sepultar
la efectividad que precisaba la otra sub trama - la
del redescubrimiento de Carey sobre su propósito
en la Tierra -. En definitiva, en lo que termina por
transformarse el protagonista es en un explorador de
mundos. Es un problema de tiempos - el discurso final
es impecable, pero todavía el espectador sigue
pensando en la batalla campal con Carey armado con un
par de alfileres contra el monstruo de ocho patas -
lo que le resta peso dramático.
Matheson tenía proyectada una secuela que nunca
pudo concretarse; a lo sumo, la idea terminó
por transformarse en La Increíble Mujer Menguante,
una comedia de 1981 con Lily Tomlin y dirigida por Joel
Schumacher que no le llega a los talones. Y existe un
proyecto fechado para el 2008 sobre una remake de este
film. |