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USA, 1968 : Rod Steiger (Carl),
Robert Drivas (Willie), Claire Bloom (Felicia), Tim Weldon
(John), Christie Matchet (Anna) Director
- Jack Smight, Guión - Howard B. Kreitsek, basado
en la recopilación homónima de cuentos
de Ray Bradbury
TRAMA : Norteamérica,
época de la Gran Depresión. Willie es
un adolescente que se encuentra cruzando el país
en busca de trabajo cuando se topa con Carl, un perturbado
hombre cuyo cuerpo se encuentra cubierto de tatuajes.
Carl comienza a contarle que las ilustraciones se las
hizo una hechicera - de la cual se había enamorado
- y que los tatuajes cobran vida frente a los ojos de
quienes lo ven. Pero Willie no puede despegar la mirada
de los dibujos, los cuales le ilustran tres historias:
una familia del futuro cuyos chicos se encuentran obsesionados
con su último juguete - una sala de realidad
virtual -; una expedición espacial que ha caído
accidentalmente en un planeta donde llueve continuamente
- y el ruido de la lluvia termina por desquiciarlos
-; y la terrible decisión que deben tomar una
pareja de padres sobre sus hijos ante la inminencia
del fin del mundo.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Hay autores que funcionan mejor en el papel que en el
cine. Por ejemplo Raymond Chandler, que era un estupendo
narrador pero que no era tan bueno a la hora de crear
argumentos - o eran demasiado complejos o excesivamente
simples -. El otro ejemplo es Ray Bradbury. En los años
en que me dedico a paladear cine fantástico, nunca
vi una adaptación de algún trabajo suyo
que me impresionara, sino mas bien todo lo contrario.
Su serie El Teatro de Ray Bradbury - basada en
sus obras - me parecía tonta y poco atractiva;
la versión televisiva de Crónicas Marcianas
me resultó despareja, y lo último que llegó
a la pantalla - El Sonido
del Trueno - bordeaba lo horrible.
Es posible que lo de Bradbury sea más la prosa
que las ideas. Digamos: no es un individuo de conceptos
fascinantemente delirantes como Isaac Asimov, Arthur
C. Clarke o Philip K. Dick. En el papel la cadencia
de su narración combina bien con sus conceptos,
que son relativamente modestos comparados con otras
luminarias de la ciencia ficción. En su blog,
Richard Scheib lo compara como el Walt Whitman de
la sci fi, con una narración poética
y alegórica. Cuando a relatos de ese tipo se
les quita el estilo y se los transforma en imágenes,
pierden toda su gracia.
En el caso de El Hombre Ilustrado quedan patentes
las deficiencias de Bradbury como escritor. Aquí
la prosa la maneja el director, y quedan del autor sólo
los conceptos básicos de las historias... pero
ninguno es demasiado interesante, y ni siquiera están
redondeados como corresponde. El comienzo de la película
es realmente muy bueno, con Rod Steiger como un tipo agresivo
y bruto que se topa con el muchacho que viaja a través
del país. Es una situación dramáticamente
tensa - uno no sabe qué es lo que puede hacer Steiger
-, y la narración del origen de sus tatuajes es
fascinante. Ahora el desquiciado Carl recorre los pueblos,
intentando ubicar la casa de la mujer que le grabó
las ilustraciones mágicas en la piel... ya que
la misma se ha desvanecido en el aire. Pero el gravísimo
problema que tiene la película es que, tras semejante
comienzo potente - en una onda de realismo mágico;
imaginen depresión y hechiceras -, el tono del
filme se va al diablo cuando abruptamente saltamos a la
primera historia que proyectan los tatuajes. No sólo
porque queda descolgada sino porque también es
una historia muy boba - los chicos que tienen una sala
de realidad virtual, y generan un escenario en Africa
(lleno de leones) para deshacerse de sus padres -. A esas
alturas uno no sabe si es la historia de Carl y la hechicera
en el futuro, además de resultar irritante ya que
cae como un balde de agua helada cuando toda nuestra atención
estaba puesta en la escena de la Gran Depresión.
Lo mismo ocurre con las otras dos historias, que son insulsas
a más no poder y surgen cuando algo realmente interesante
está pasando entre Rod Steiger y el muchacho en
la década del treinta.
Sinceramente no sé por qué Jack Smight
no adoptó una estructura por capítulos
mucho más tradicional. Filmes con segmentos han
existido siempre, y cuando hay un hilo conductor - en
este caso, el hombre ilustrado que es la excusa para
narrar los cuentos -, hay un corte y quizás unos
títulos que identifican que estamos pasando a
otra historia. Pero aquí no hay esas transiciones
y para colmo los mismos actores - Steiger, Claire Bloom,
el joven Robert Drivas - aparecen en todos los capítulos,
lo que resulta confuso. Además, es chocante que
las historias se ambienten en un futuro espacial, ya
que estábamos inmersos en los años treinta.
Y eso sería excusable si las anécdotas
de los capítulos fueran buenas pero no lo son.
En el episodio de la sala de realidad virtual - un hallazgo
de Bradbury, siglos antes que uno viera el Holodeck
de Viaje a las Estrellas
y que siquiera existiera ese concepto -, el espectador
sabe de antemano cómo va a terminar el relato;
en el caso de Las Lluvias de Venus, hay una situación
interesante - llueve todo el tiempo y el ruido es tan
atronador que vuelve loca a la gente - pero la resolución
es muy tonta; y en La Ultima Noche del Mundo,
la anécdota está muy mal filmada: el mundo
se termina esta noche consumido en una oleada de fuego,
y dos padres deciden envenenar a sus hijos para evitarles
el sufrimiento ... pero a la mañana siguiente
las predicciones fallan y los chicos están muertos.
¿Qué tiene de interesante esto cuando
está filmado en menos de cinco minutos?.
Y ni siquiera la resolución
de la historia principal - la suerte del hombre tatuado
- logra redimir a la película, ya que es igual
de inepta. El problema con estos relatos - y con Bradbury
-, es que no entiende el concepto de por qué
funcionaba La Dimensión
Desconocida. Rod Serling hacía unos geniales
chistes de humor negro, reservando enormes sorpresas
para el final de la historia - donde todo lo que habíamos
percibido terminaba por volverse en nuestra contra -.
Acá todas las tramas arrancan muy bien (con un
concepto interesante) y terminan por convertirse en
sopas frías. No hay giro de tuerca - si la hay,
no es sorpresiva -, y de ninguna manera terminan en
alguna revelación shockeante. Parte es problema
del director Smight, pero gran parte de la culpa es
el original de Bradbury.
El Hombre Ilustrado es inepta y mediocre; actualmente
Zack Snyder - el mismo director de 300
y Watchmen - tiene en carpeta
dirigir una remake para el 2010. Y yo creo que
si Snyder no hace una reimaginación profunda
de los relatos, no va a poder lidiar con este puñado
de historias castradas que ha concebido Bradbury, simplemente
porque tienen finales bobos y no son en absoluto interesantes. |