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Canada, 2003, miniserie : Robert
Carlyle (Adolf Hitler), Stockard Channing (Klara Hitler),
Jena Malone (Geli Raubal), Julianna Margulies (Helene
Hanfstaengl), Matthew Modine (Fritz Gerlich), Liev Schreiber
(Ernst Hanfstaengl), Peter Stormare (Ernst Röhm),
Peter O'Toole (presidente Paul von Hindenburg)
Director - Christian Duguay, Guión
- John Pielmeier & G. Ross Parker, basados en la
biografía de Hitler escrita por Ian Kershaw
TRAMA : Esta es la crónica
de la vida de Adolf Hitler, la que abarca desde su infancia
en Austria, su paso como recluta en la Primera Guerra
Mundial, hasta sus primeros pasos en la política
y el meteórico ascenso del Partido Nacional Socialista
al poder, llegando hasta la nefasta Noche de los
Cuchillos Largos en donde el líder realizó
una sangrienta purga de enemigos del nazismo y se alzó
con la suma del poder en la Alemania de los años
30.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Hitler: El Reinado del Mal es una impresionante
bolsa de gatos. Hace muchas cosas de manera brillante,
y por el otro lado es un mediocre panfleto antinazi. Durante
el 80% de su duración la miniserie sigue fielmente
los sucesos históricos que llevaron a Hitler al
poder en la derruída Alemania de los años
30, pero cuando se dedica a la vida personal de semejante
personaje los guionistas empiezan a inventar idioteces,
creando culebrones absolutamente inconsistentes con la
realidad de los hechos. La miniserie se basa en la biografía
escrita por Sir Ian Kershaw, la cual ha sido celebrada
en círculos intelectuales de todo el mundo por
su extrema objetividad y abundante detalle de los sucesos
de la vida de Hitler; pero la gente de Alliance Atlantis
- productores de la tira - adquirieron los derechos
sobre el libro y después decidieron hacer lo que
se le cantaba. El mismo Kershaw renunció a su cargo
como consultor de la miniserie y empezó a hablar
pestes sobre la cantidad de cambios e inexactitudes que
estaban cometiendo los libretistas de la cinta. Sin ser
un especialista en la vida de Hitler, yo le doy la razón
a Kershaw: aquí hay escenas notablemente manipuladas
que parecen salidas de Hannibal Raising.
La principal bronca sobre la miniserie estriba en que
un puñado de guionistas mediocres creen que Hitler
era un loquito estúpido. Ya hemos hablado
en otras ocasiones sobre el tema, y hemos dicho que
Hitler era cualquier cosa menos loco o estúpido
(un individuo así jamás podría
haberse alzado con semejante suma del poder como tuvo
Hitler en vida). Los primeros quince minutos de la serie
son atroces, pintando a Hitler en su niñez como
una mala semilla, siendo un cobarde en la guerra, maltratando
a los animales o teniendo un odio natural hacia los
judíos, lo cual nada de eso es cierto. Pongamos
las cosas en su lugar: fue un héroe de guerra,
amó toda la vida a los perros, fue un buen chico,
e incluso llegó a trabajar para los judíos.
La transformación de Hitler viene en la postguerra,
cuando Alemania estaba pulverizada y sometida por los
aliados, y la gente compraba hogazas de pan por medio
millón de marcos. Si hay un culpable del nacimiento
de Hitler como animal político, ese honor
le corresponde sin duda alguna a los vencedores de la
Primera Guerra Mundial, quienes se encargaron de asfixiar
económicamente al pueblo alemán hasta
hambrearlo, sembraron las semillas del odio xenófobo
que los nazis aprovecharían de manera tan oportunista,
y se encargaron de darle una estacada mortal a la nación
alemana con la debacle financiera de Wall Street de
1929. Esas potencias extrajeras son las que dieron
de comer al monstruo que nació después.
Mientras Hitler: El Reinado del Mal se ciñe
a los hechos históricos, funciona de manera casi
perfecta. La interpretación de Robert Carlyle es
soberbia, destilando magnetismo y amenaza al mismo tiempo
(es particularmente fascinante la escena en que Liev Schreiber
descubre a Carlyle en la cervecería, ensayando
los gestos operísticos que luego utilizaría
para dar sus discursos). He aquí a un tipo mediocre
que se dedicó a arengar patriotismo en una época
en que el amor propio nacional estaba por los suelos.
A esto le sumó con posterioridad la creación
de culpables - reales y ficticios -, los que van
desde los paises firmantes del tratado de Versalles hasta
los judíos y su poder económico. En una
era caracterizada por la miseria, los discursos de Hitler
eran épicos; y considerando que los alemanes siempre
han sido imperiales, combativos y orgullosos, esas sanguíneas
palabras provocaban una carga de adrenalina que paliaba
la paupérrima visión de la realidad. Es
por eso que Hitler tenía una concurrencia cada
vez mayor en cada reunión que realizaba en las
cervecerías de Munich en 1919. Y este nacionalista
exarcebado llamó la atención de nacionalistas
potentados, los que quisieron financiar su causa. Súmese
a esto la impericia del resto del panorama político
- compuesta por burócratas y charlatanes -, y resultará
evidente que Hitler carecía de obstáculos
para su ascenso. Incluso en el fallido golpe de estado
el tipo logró dar vuelta a su favor al tribunal
que lo juzgaba por alta traición, y le impusieron
una pena leve en vez de fusilarlo. Es en esos momentos
en donde la miniserie se muestra brillante.
Pero a la hora de desarrollar la vida personal del
protagonista, Hitler: El Reinado del Mal destila
olor a podrido. A estas alturas yo ya tengo claro que
el 99% de los libretistas que tratan un tema relacionado
con Hitler - desde su biografía hasta filmes
de guerra en donde debe aparecer su persona - creen
que tienen la obligación moral de combatir a
los nazis (aunque sea intelectualmente y desde las líneas
del guión que escriben), y lo manipulan de una
manera muy torpe, pintándolo como un demente,
un idiota o un payaso. Esa es una visión intelectualmente
corta de un individuo que tuvo un peso enorme en la
historia por sus propios méritos (aunque sean
tristes), y que fuera brillante, amoral y siniestro.
Es cierto que la verdad sobre la situación personal
entre Hitler y su sobrina jamás se sabrá,
pero transformarlo en una especie de Atraccion Fatal
de tercera categoría suena estúpido. También
es cierto que los matrimonios entre tíos y sobrinas
en aquella época eran mucho más común
de lo que uno piensa (Hitler provenía de uno
de ellos precisamente). Del mismo modo de poner a Eva
Braun como un reemplazo de segunda mano de la sobrina
suena tonto. Son terrenos grises, en donde se sabe poco
y nada, y esta troupe de libretistas de medio
pelo aprovechan para inventar lo que se le ocurra. Hitler
era manipulador y amoral - sin lugar a dudas - y es
posible que su relación con las mujeres fuera
realmente retorcida; pero el material que aquí
entregan los guionistas es sencillamente amarillista.
El libreto pega un salto enorme de calidad cuando pasa
de la crónica de los sucesos políticos
a tratar los acontecimientos de la vida personal de
Hitler, los que parecen extractados de un culebrón
venezolano. Mi postura es: si va a mentir, hágalo
a lo grande y hágalo con calidad; si no, cállese
la boca.
Hitler: El Reinado del Mal es recomendable porque
entretiene y fascina, aunque posea una enorme cantidad
de inexactitudes (les recomiendo leer el artículo
de la Wikipedia sobre la miniserie, el que describe
una lista de las pifias históricas más
gruesas de la adaptación, comenzando por los
primeros años de Hitler, siguiendo por la fecha
del suicidio de la sobrina, y un larguísimo etcétera).
Cuando la miniserie acierta, nos provee un vistazo a
la intimidad de uno de los personajes más estremecedores
de la historia; pero cuando los guionistas se deciden
a ensayar sus propias ideas, pierden toda su objetividad
y lo transforman en melodrama barato. Quizás
el mayor problema de la miniserie sea que los libretistas
consideraron que la audiencia era una masa de discapacitados
mentales incapaces de juzgar por sus propios medios
los hechos de la historia, y decidieron convertir a
la trama en un relato tendencioso, con lo cual arruinaron
groseramente gran parte de los méritos de semejante
emprendimiento. |