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USA, 2006 : Aaron
Stanford (Doug Petrowski), Ted Levine (Bob Carter), Kathleen Quinlan (Ethel Carter),
Emilie de Ravin (Brenda Carter), Dan Byrd (Bobby Carter), Vinessa Shaw (Lin Carter),
Tom Bower (dependiente de estación de servicio), Robert Joy (Lizard), Laura
Ortiz (Ruby), Michael Bailey Smith (Pluto), Desmond Askew (Gran Cerebro), Billy
Drago (Papa Jupiter), Ezra Buzzington (Goggle) Director - Alexandre
Aja, Guión - Alexandre Aja & Gregory Levasseur, basados en el film
homónimo de 1977 escrito por Wes Craven, Musica - tomandandy |
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The Hills Have Eyes (1977) es uno de los primeros pininos de Wes
Craven en su extenso curriculum de terror. Es también uno de los primeros
del sub género llamado backwoods brutality; esto es, grupo de citadinos
se pierden en un paraje extraño y son atacados por la población
del lugar. Sin dudas el epitome del sub genero es el clásico Deliverance
(1972) de John Boorman, donde un grupo de ricachones se extravía en la
montaña y es atacado y violentado por campesinos. Si el film de Boorman
era un thriller que funcionaba más en una óptica sicológica,
el tema pronto sería adaptado al género del terror con suma facilidad,
y daría pie a infinidades de variantes, desde Leatherface de
The Texas Chainsaw Massacre hasta Jason de Friday the 13th.
Pero salvo el film de Boorman, el resto es basura mejor o peor camuflada. La
temática básica de Deliverance es mostrar a los citadinos
superficiales totalmente ajenos a la brutalidad escondida en lo que los yanquis
denominan la America Secreta: el campesinado bruto y salvaje, omnipotente
y alienado (un tema que le gusta mucho a Stephen King). Ciertamente es una visión
un tanto absurda de la lucha de clases, pero en Deliverance era realmente
efectiva, simplemente porque el atacante no era más que un catalizador
del argumento; el propósito real era demostrar que el hombre, en condiciones
extremas, puede abandonar todo tipo de ataduras culturales y morales, y volverse
el más salvaje asesino sediento de venganza. Deliverance es un viaje
de transformación y hasta de involución; el individuo regresa a
su estado más primitivo e instintivo, donde sólo prima la ley del
más fuerte.
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El problema con esta temática es que cuando pasa al género de
terror, los resultados del viaje no importan y sólo se pone el empeño
en hacerlo lo más efectista posible. The Last House on the Left
(1972) es el primer film de Craven (y del mismo año que Deliverance),
y toma la misma temática, solo para exponerlo en los términos más
brutales posibles. En el fondo todo se emparenta con otro clásico como
Death Wish (1974), en donde el ultraje debe ser bestial y la venganza,
aún peor. Lo único que uno asiste es a un despliegue de sadismo
recíproco entre víctimas y victimarios, pero no hay ninguna reflexión
o análisis de lo que queda después, o el proceso de transformación
intermedio. Si se quiere, termina por ser pornografía violenta donde el
espectador se relame con el cruel castigo que Charles Bronson (o el vengador de
turno) aplica a los violentos.
Lamentablemente sería un género muy popular y copiado hasta la
saciedad. De hecho la primera The Hills Have Eyes es una especie de transplante
de The Last House on the Left a otro escenario y con algún matiz
diferente. Ahora en el 2006 viene esta remake, siguiendo la oleada de nuevas
versiones de títulos populares del terror del 70 y los 80, desde el aggiornamiento
de Halloween hasta The Texas Chainsaw Massacre, pasando por The
Fog, The Amityville Horror y numerosos films. Wes Craven sólo
produce, y el mando queda en manos de Alexandre Aja (Haute Tension).
Pero es un film muy desparejo. Por un lado se esfuerza en darle más
carnadura a los personajes, que sin ser un libreto para el Oscar, lo logra. Aquí
está la típica familia ultraconservadora americana, amante de la
bandera y de las armas. El único descolgado es Doug, que es un individuo
tranquilo, liberal y pacifista. El resto de los personajes podrían calzar
bien en un drama televisivo. No es Shakespeare, pero al menos dentro de los canones
del terror están mejor perfilados que en cientos de otros filmes.
El problema comienza con la aparición de los mutantes. El ataque inicial
es realmente muy desigual; Aja exhibe tensión en algunas escenas, e incluso
sorprende con algunas muertes imprevistas, pero por el otro lado la troupe de
mutantes es realmente patética. No es una masa de asesinos inteligentes
sino que se comportan como los idiotas del pueblo - un clisé de todo el
sub género de backwoods brutality -, aún cuando están
organizados y se comunican por walkie talkie. Después viene la represalia
de las victimas, especialmente en la figura de Doug - el pacifista que debe vengar
y rescatar a sus seres queridos -, pero todos los clisés del género
se despachan uno tras otro, y no hay demasiada tensión simplemente porque
uno sabe como van a pasar las cosas. El asesino deforme que le da una paliza al
héroe en vez de matarlo directamente; la captura del héroe sin que
sea asesinado; la transformación del héroe en un asesino implacable
(sobre el final); los errores de confianza del héroe, que son aprovechados
por los violentos; y el espantoso clisé de los asesinos que nunca terminan
de morir.
El tema es que para filmar temas viejos en versiones nuevas, hay que agregarle
más inteligencia a todo el asunto. Victimas y victimarios deben jugar al
gato y al ratón desde su propia astucia. No es lo que pasa aquí,
no hay acoso mutuo, los mutantes pasan - en la segunda mitad del film - a ser
blancos inmóviles y no verdaderas máquinas de matar. Y si bien Doug
realiza algunas cosas interesantes, no es tampoco un personaje que cobre la real
estatura heroica que debería tomar sobre el final de su jornada de venganza.
A lo sumo es un individuo que comete varios actos violentos y que termina por
triunfar más por suerte que por la fuerza de su odio. Es bastante anodino.
Es una película que se deja ver, pero no aterroriza ni impresiona -
además toda su temática es excesivamente rebuscada -. Ni siquiera
como vehículo de acción es memorable. Tiene algunas buenas ideas
sobre cómo crear el escenario pero, una vez comenzada la matanza, es pura
rutina. |
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