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En 1987 Clive Barker se anotó
un poroto con Hellraiser,
un filme de terror que mezclaba fantasias lovecraftianas
- con seres demoníacos que vivian en
otras dimensiones paralelas a la nuestra, y que
esperaban la oportunidad para abalanzarse sobre
nuestro mundo - con toda una imagineria sado
masoquista extrema. El filme es un clásico
y disparó la carrera cinematográfica
de Barker por un instante, antes de fracasar estrepitosamente
con su siguiente película, Razas
de Noche (1990).
Como es de esperar, cuando se da un éxito
inmediatamente se suceden las secuelas, y las
mismas se reproducen de manera enfermiza, superando
la capacidad de potabilidad que puede tener una
idea estirada hasta el hartazgo. A veces ocurre
que esas franquicias cambian de mano y los nuevos
compradores se encuentran decididos a todo con
tal de recuperar costos. Es por eso que las sagas
se degeneran en productos cada vez mas malos y
baratos, y los numerales de dos dígitos
comienzan a aparecer al lado del nombre del filme.
En el caso que nos ocupa, ésta es la novena
película de la serie. Y un dato no menor
es que la figura central de este circo - Doug
Bradley, quien encarnó al villano Pinhead
desde el origen - se encuentra ausente sin
aviso. Lo sustituye otro calvo, peor actor y de
presencia mucho menos intimidante.
Durante los primeros minutos da la impresión
que Hellraiser: Revelations va
a seguir la moda de los filmes en primera persona
- tipo El Proyecto
Blair Witch o Actividad
Paranormal - que tanto rédito
viene dando en taquilla, y en donde hay un idiota
rodando todo el tiempo, pase lo que pase en escena.
Si la película hubiera seguido con ese
estilo todo el tiempo, quizás el resultado
final hubiera sido mejor. Hay dos muchachos que
se van a vivir la vida loca a México,
prueban de todo y llegan a acceder a la cajita
dichosa que todos conocemos y que sirve para abrir
los portales dimensionales que liberan a los chicos
malos de turno. Luego viene un corte, fast
forward, y nos encontramos en una cena familiar.
Los chicos desaparecieron, pero la familia de
uno de ellos aún tiene la caja misteriosa
y la cámara de video con la filmación
(¿cómo diablos llegó
todo eso a su poder?). Algún cráneo
decide activar la cajita feliz y la casa entra
en un limbo dimensional, en donde desaparecen
los coches y los teléfonos no funcionan
(porque eso es lo que pasa cuando saltás
a otra dimensión, ¿no?). Lo
que sigue es una horda de personajes estúpidos
haciendo preguntas estúpidas, llorando
y gritando por los rincones. Uno de los chicos
reaparece, nadie se pregunta cómo hizo
este flaco - débil y malherido
- para venirse caminando desde México,
y pronto se revela que nada es lo que parece.
El portal está abierto, y Pinhead y sus
huestes están esperando el momento para
irrumpir en la casa... en donde hay alguien que
desea llamarlos para hacerle una propuesta inquietante.
La figura más conocida del cast es Steven
Brand, el que hacía de villano en El Rey
Escorpión y que, comparado con el resto
del elenco, parece tener la estatura actoral de
Sir Ian McKellen; pero en general todo el mundo
actúa de manera mediocre y disparan sus
líneas sin demasiada convicción.
Todo en el filme se ve amateur y flojo, como si
fuera un show montado por incompetentes. Ciertamente
hay algunas ideas interesantes - el tema de
la familia atrapada en la casa me hace acordar
a El Angel Exterminador de Luis
Buñuel; el enfoque de la cámara
en primera persona está bastante bien pero
se usa demasiado poco - pero da la impresión
de que se trataba una historia pasable que cayó
en manos de un guionista mediocre y que terminó
siendo montada en cámara por un director
mediocre. El nuevo Pinhead se ve vulgar, un impostor
del original que carece de presencia; no hay un
solo susto y, cuando la historia se aproxima al
final, se vuelve cada vez más ridícula.
El final se desploma por lo absurdo que es.
En vista de ello uno puede afirmar - sin
cargo de conciencia - que Hellraiser:
Revelations es el clavo final en el ataúd
que se ha construído a sí mismo
la saga debido a su bajísima calidad. Hace
rato largo que deberían haber jubilado
a Pinhead y a sus huestes, o al menos deberian
haberse tomado la molestia de contratar a alguien
con talento para revitalizar la franquicia. Pero,
mientras existan amorales generando este tipo
de engendros - con presupuesto y talento cero
-, las secuelas seguirán inundando los
estantes de los videoclubes, insultando la memoria
de los filmes originales que le dieron vida y
que no merecían semejante tratamiento. |