|
USA, 2005 : Patrick Wilson (Jeff
Kohlver), Ellen Page (Hayley Stark), Sandra Oh (Judy Tokuda),
Jennifer Holmes (Janelle Rogers) Director
- David Slade, Guión - Brian Nelson
TRAMA : El treintañero
fotógrafo Jeff Kohlver se encuentra en una cafetería
con Hayley Stark, una chica de 14 años con la
cual ha estado flirteando por chat durante tres semanas.
La atracción sexual es intensa pero latente,
aún conociendo de que se trata de algo ilegal,
pero la química entre ambos es tan fuerte que
Hayley accede a acompañar a Jeff a su casa para
que le tome fotos. Pero al llegar al lugar y comenzar
a tomar unos tragos, Jeff comienza a sentirse mareado
y se desvanece. Al recuperar el conocimiento se encuentra
fuertemente maniatado a una silla, donde descubre -
para su horror - que Hayley sospecha que él es
el asesino pedófilo que recientemente matara
a una chica en la zona. Y Hayley parece estar dispuesta
a llegar hasta el límite del dolor de Jeff para
que confiese sus crímenes.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
|
Hard Candy (que en algunos casos se ha traducido
como Caramelo Amargo) fue la sensación del
festival Sundance del 2005, y terminaría
por lanzar a la fama a todos los involucrados. David Slade
- director de videoclips - rodaría 30
Días de Oscuridad, y el mismo guionista Brian
Nelson proveería el script; Patrick Wilson
terminaría en varios papeles importantes, el más
esperado es el de Nite Owl II en la inminente adaptación
a la pantalla grande de Watchmen; y sin dudas el
talento más conocido y popular sería Ellen
Page, con una carrera impresionante que la llevaría
a la nominación al Oscar en Juno.
Pero el suceso de Hard Candy se debe fundamentalmente
a su tema central, que es el de una chica de 14 años
que se encuentra con un pedófilo, y decide dar
vuelta la partida, transformándose en un ángel
de venganza. Uno puede encontrar en obras previas de
la cinematografía, posibles influencias en el
film: por ejemplo, como Sleuth (1972 y su remake
del 2007), Audition o La Muerte y La Doncella.
Mientras que Sleuth era un duelo de ingenios
donde los protagonistas (Lawrence Olivier y Michael
Caine) alternaban sus roles entre victima y victimario,
no dejaba de ser un juego intelectual; en La Muerte
y La Doncella, la víctima de un torturador
decidía desquitarse de su verdugo a la vez que
había un choque de mentalidades; y en Audition,
una chica termina por destrozar de la peor manera posible
a un hombre veinte años mayor y que se encuentra
enamorado de ella. Todas ellas son construcciones intelectuales
de los guionistas, en algún caso con mayor pie
en la realidad que otro; son duelos violentos de personajes,
tanto en lo físico como en lo mental; y en todos
los casos, quien creemos que es más débil
termina por ser el sometedor del restante. Lo aquí
sorprende es que, quien lleva la batuta, es una chica
tímida de 14 años que termina siendo una
mente brillante (y siniestra) que maneja la simulación
a la perfección para terminar por hacer caer
a su despreciable víctima: un pedófilo
sospechado de asesinato.
Aquí las cosas no funcionan de manera tan extrema
como Audition, aunque Slade no precisa mostrar
sangre para que el espectador se encuentre al borde
de la butaca. La larga escena de la castración
es sugerida por planos indirectos; no existe ninguna
mutilación en primer plano y, de hecho, la sangre
casi no existe en todo el film. Pero lo que ocurre es
que, para cuando llegamos a esa parte de la película,
el espectador ha entrado en una situación de
incomodidad creciente y a esa altura ya es extrema.
Ciertamente el libreto ha puesto un enorme empeño
en hacer a estos personajes creíbles y agradables.
Los diálogos de seducción en la cafetería
y en la casa del fotógrafo son propios de un
par de adultos con buena química sexual, con
un par de salvedades: la enorme diferencia de edades,
y el hecho de que Hayley es la que acelera la marcha
de a ratos. Uno sabe que Jeff es un pedófilo
desde el vamos, pero no puede anticipar cuál
es su grado de violencia. Por el momento es sólo
un tipo agradable intentando seducir a una chica de
14 años que tiene aires de ser madura para su
edad. Es un aceitado mecanismo de engatusamiento que
Hayley lo acelera cada tanto - mostrándole su
busto, invitándose a ir a su casa, preparando
tragos -. Cuando el juego se da vuelta, resulta ser
una mente brillante. En realidad, diríamos que
es una sicópata brillante.
Como en algunos de los filmes antes mencionados, aquí
entramos en un plano estrictamente intelectual. Es un
punto de presión sicológica, con el choque
entre las cuestiones y las verdades / mentiras que salen
de la boca de Jeff. Pero es un juego completamente dominado
por Ellen Page - no sólo en perfomance, sino en
peso del personaje -, que prácticamente anticipa
todos los movimientos de Jeff. Los diálogos están
brillantemente escritos, y es una disección de
la vida y obra de un pedófilo. Cómo escoge
a sus víctimas, los recuerdos que toma, el placer
que obtiene. El tema es que Hayley es una construcción
intelectual del guionista para confrontar al pedófilo,
y allí es donde pierde la posibilidad de ser real;
el otro punto es que tampoco termina por ser de nuestra
simpatía porque - por más de que su causa
sea justa - resulta mucho más border de
lo esperado. Todo ello pasa por la cuestión de
que no hemos visto el crimen de Jeff. En los filmes de
venganza - como El Vengador Anónimo - el
castigo sangriento es vitoreado por el público
porque hemos visto el crímen deleznable que ha
impulsado la tragedia. Aquí Jeff es dejado en una
zona gris, y la verdad sólo se revelará
al final. Pero mientras tanto, tenemos la duda de si es
culpable o no, o si Hayley es una sicópata que
cree que el fotógrafo es el pedófilo asesino
que está buscando.
El filme funciona prácticamente como una aceitada
obra de teatro (no sería difícil adaptarla
a tal medio). Pero, mientras que la primera mitad es
brillante, la segunda presenta ocasionales fallas. Como
debería pasar en un escenario así, resulta
obligatorio que empiece a jugar la Ley de Murphy
- algo no sale como lo esperado -, y es cuando el libreto
flaquea un poco, ya que mete un par de coincidencias
poco creíbles. Así mismo la revelación
final sobre Jeff - y la réplica de Hayley - tiene
algo que termina por desacreditar un poco todo lo visto
anteriormente. El filme intenta compensarlo con la explicación
de Hayley como gran sorpresa, pero a uno le queda cierta
duda de si el fotógrafo es merecedor de todo
el castigo.
Pero aún con esos detalles, Hard Candy
no deja de ser brillante y compensa sus errores. Es
una experiencia cinematográfica sólida,
un thriller sicológico de alto nivel. Y la visión
de Ellen Page, envuelta en una capa roja como una Caperucita
transformada en una exterminadora de lobos, es digna
del aplauso. |