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Este es otro film del gran Ishiro Honda. Al contrario de un montón
de críticos pedantes que proliferan en la web y se llenan la
boca de palabras altisonantes, considero que Honda es un director
mucho más valioso que su filmografía (o prontuario)
representa (y paso a justificar el por qué de mi afirmación).
Siempre se lo asocia como el padre de Godzilla, lo cual es
en cierto sentido denostar sus cualidades como cineasta. Mientras
que Godzilla (1954) es un gran film,
el resto de las colaboraciones de Honda en la saga rayan en lo bizarro
(aunque sean sumamente entretenidas). El tema es que el kaiju eiga
(o cine japonés de monstruos) comenzó a elaborar sus
propias reglas y mitologías, transformándose en un colorido
espectáculo pulp propio del comic. Honda dirigió
algunas películas entretenidas de la serie, pero ninguna que
alcanzara la estatura del original de 1954. Ya no dependía
de él sino del público, de la Toho y de la evolución
del género.
Sin embargo, cuando Ishiro Honda se aparta del kaiju eiga
es cuando lograr demostrar sus quilates como director. Es un artesano
sólido. Existe una trilogía de filmes en donde Honda
deja de lado la manía de destrozar maquetas de Tokio, y se
mete en ciencia ficción seria, cuando no rayando el género
del terror. Estas películas son The H-Man (1958),
The Human Vapor (1960) y Matango
(1963). En lo personal, creo que Matango es una pequeña
obra maestra, más allá de sus errores.
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Ahora comentamos The H-Man. No se precisa ser especialista
en el género para darse cuenta de que la Toho está
intentando explotar el mismo filón que diera a luz, en suelo
americano y en ese mismo año, al clásico La Mancha
Voraz (The Blob). En realidad los estudios
Toho terminarían por clonar, durante los cincuenta,
a la mayoría de producciones americanas de sci fi: The
Mysterians es un sucedáneo de La
Guerra de los Mundos; The Human Vapor es similar a The
4D Man; Godzilla es la respuesta
nipona a The Beast of 20.000 Fathoms,
y así sucesivamente.
Pero mientras que The Blob es una rutina
de sci fi pura y derecha, The H-Man es una mezcla de policial
negro y ciencia ficción. Y es un film decididamente orientado
al público adulto. Aquí hay muertes, el bajo mundo,
cantantes de cabaret y bailarinas exóticas ligeras de ropas.
Toda la primera mitad es pura investigación policial a cargo
del inspector Tominaga (Akihiko Hirata, el Dr. Serizawa de la Godzilla
original), con apriete de sospechosos, la chica buena que ha caído
en la mala vida y se ha enamorado de un hampón, criminales
que buscan revancha, etc.
A decir verdad, esa primera mitad es algo lenta. Pareciera que
Honda, cuando ve que las cosas van aburridas, decide intercalar
algún número musical con chicas en lentejuelas. Del
monstruo del título no hay ni señas, y todo se limita
a vigilar a la cantante del cabaret - por si el novio regresa -,
criminales traicionados que también andan tras el rastro
de Masaki, y pericias policiales de todo tipo.
En la segunda mitad del film las cosas empiezan a repuntar de a
poco, especialmente cuando el Dr. Masada logra abrir la boca y dar
su explicación científica del caso. No se trata, en
sí, de una historia demasiado coherente - las cenizas producto
de pruebas atómicas en el Pacífico han terminado por
contaminar a la tripulación de un barco y han mutado en una
criatura liquida que absorbe a la gente -. Siquiera tiene ni muchos
pies ni cabeza la supuesta investigación que hacen los científicos
- descubrir que un salvavidas del barco ha llegado a las costas
de Tokio, y que en él vino flotando el "liquido humano"
-. Pero donde Honda hunde el cuchillo es en los encuentros con el
líquido mutante: la escena en donde los sobrevivientes del
barco (que ha encontrado al pesquero contaminado) comienzan a narrar
las apariciones de la criatura es realmente buena. Y a diferencia
de The Blob, los ataques del liquido humano son bastante
shockeantes, cayendo sobre las personas y desintegrándolas
- muñecos que se desinflan, cubiertos de gelatina -, lo cual
es mucho más impresionante que la película americana
original. En particular, el ataque masivo al cabaret está
dirigido con tensión suficiente como para no resultar una
pavada mayúscula.
Obviamente hay agujeros en el libreto, en especial sobre la naturaleza
del liquido humano. Ya que asimila a las personas, no se explica
como la criatura conserva la mente del criminal Masaki (y cómo
ésta prevalece sobre un montón de individuos absorbidos
por dicho elemento). Tampoco por qué el ex-socio de Masaki,
Uchida, decide raptar a última hora a la novia de éste,
y terminan en los desagües del barrio de Tokio donde vive la
chica - dicho sea de paso, parece un barrio portuario, aislado por
canales, y de una apariencia extremadamente pobre; realmente muy
diferente al Tokio visto en otros filmes -. El final, si se quiere,
es algo expeditivo y blando. Pero toda la hora final (en donde la
película entra en los carriles propios del cine de monstruos,
con movilizaciones generales, conferencias de prensa de científicos
y el sentido de alarma generalizada) está más que
ok.
Es una película muy interesante y bien dirigida. El libreto
tiene sus huecos, pero Honda los compensa muy bien. No es una anécdota
redonda pero, para ser sci fi japonesa de aquella época,
bien que le pasa por encima a cualquier otro film americano similar
de los años cincuenta. |
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