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USA, 1984 : Zach Galligan (Billy
Peltzer), Phoebe Cates (Kate Berringer), Hoyt Axton (Rand
Peltzer), Frances Lee McCain (Lynn Peltzer), Polly Holliday
(Sra Deagle), Dick Miller (Futterman), Keye Luke (vendedor
chino), Corey Feldman (Pete) Director
- Joe Dante, Guión - Chris Columbus
TRAMA : El inventor Rand Peltzer
compra una extraña mascota en el barrio chino
y decide regalárse a su hijo Billy para las Navidades.
La criatura - a la que llaman Gizmo - pertenece
a una raza desconocida, y requiere cuidados especiales.
Pero hay tres reglas que jamás deben romper:
exponerlos a la luz del Sol, darles de comer luego de
medianoche y mojarlos con agua. Sin embargo Billy empapa
accidentalmente a Gizmo y la criatura se multiplica,
generando versiones más agresivas de la mascota.
Y las cosas se salen de control cuando los clones de
Gizmo logran devorar comida luego de medianoche, convirtiéndose
en una horda de pequeños demonios que comienzan
a depredar todo. Ahora Billy deberá detenerlos,
antes que las criaturas arrasen Kingston Falls y exterminen
a sus pobladores.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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En los 80 Spielberg había comenzado a cansarse
de los grandes estudios y decidió multiplicar sus
esfuerzos como productor, de manera de obtener así
la independencia económica y creativa de sus proyectos.
Esto se tradujo primero en la creación de su productora
Amblin (1981), y luego evolucionaría hasta
dar a luz su propio estudio, Dreamworks, a mediados
de los años 90.
Pero Dreamworks nunca hubiera sido posible de
no ser por la larga lista de éxitos que obtuvo
Spielberg en los 80. Seamos justos: lo de Spielberg
no ha sido suerte sino que es el fruto de su enorme
talento. El tipo es genial escribiendo y dirigiendo,
pero también tiene un fantástico ojo para
descubrir creativos y colaboradores, amén de
que él mismo estableció una clara línea
editorial respecto de sus proyectos. En los años
80 las producciones de Spielberg eran el equivalente
políticamente correcto de las novelas de Stephen
King (que también obtuvo su apogeo en aquella
época). Léase: adolescente que se cruza
con algún incidente sobrenatural y que lo lleva
a vivir fantásticas aventuras. Esos elementos
sobrenaturales tendían a ser extremadamente adorables
- marcianitos, monstruitos, demonios -, y no dejaban
de ser variantes fantásticas de la fórmula
que él mismo había creado con E.T.
El Extraterrestre en 1982.
En toda esa tanda de éxitos, una de las producciones
más destacadas de Spielberg es Gremlins
(Duendes) de Joe Dante. La gracia reside en que
es el más anárquico e incorrecto del grupo.
Aquí hay mucha comedia negra y mucho chiste nerd
y, si se quiere, es un filme mucho más influencial
de lo que uno puede imaginar. Hay una larga lista de
filmes fantásticos que comenzarían a incluir
elementos de referencia del género - como
los cameos de gente famosa, la mención a temas
y personajes de películas previas, o los fragmentos
de clásicos serie B que aparecen en los televisores
y que aluden a la trama -, y que nacieron a partir
del nerdismo cinematográfico de Joe Dante.
Acá las referencias pop proliferan en toda la
cinta: el padre del protagonista asiste a una convención
de inventores en donde aparece Robby el Robot
de Planeta Prohibido
o la máquina del tiempo del filme
de George Pal de 1960; hay cameos de todo tipo,
empezando por Steven Spielberg (manejando una extraña
bicicleta en dicha conferencia), Kenneth Tobey (el pelirrojo
de El
Enigma de Otro Mundo 1951), el veterano comediante
Edward Anderson y el dios de la animación
Chuck Jones; aparecen los habitués de los
filmes de Dante, Belinda Balaski y Dick Miller (mi teoría
sobre Miller es que, como tiene cierto parecido físico
con Dante, hace las veces de alter ego y por
ello figura en todos sus filmes); la TV muestra fragmentos
de cintas relacionadas con la trama, que van desde Qué
Bello es Vivir hasta La
Invasión de los Usurpadores de Cuerpos; y
decenas de detalles menores. El cine del pueblo exhibe
Watch the Skies! (que era el primer título
que habían elegido los productores para Encuentros
Cercanos del Tercer Tipo), hay un auto AMC Gremlin
enfrente del negocio chino en donde venden la criatura,
y todo el decorado de Kingston Falls no es ni más
ni menos que el set de Hill Valley, el pueblito en donde
Michael J. Fox correteaba con su DeLorean en
Volver al Futuro. Vean
sino: Phoebe Cates trabaja en la cantina a donde iba
Fox (y se peleaba con Biff Tannen), y Zach Galligan
va todos los días al banco, que está donde
estaba el cine de Hill Valley (¿recuerdan
el tiburón 3D de Volver
al Futuro II?). Por supuesto la cámara
esta puesta de espaldas al ayuntamiento con el reloj,
sino sería más que obvio identificar al
escenario.
Una de las cosas que más me sorprendió es
descubrir a Chris Columbus como autor de la idea. Columbus
(que haría su propio imperio a partir de Mi
Pobre Angelito, decenas de comedias noventosas y la
super franquicia de Harry
Potter) escribió el guión durante noches
de insomnio que pasó en un departamento alquilado
en Hollywood, en donde el ruido de las ratas tras las
paredes le impedían dormir. Así es como
empezó a elucubrar que los bichos en realidad eran
una horda de pequeños demonios dispuestos a asaltarlo
en el momento menos pensado. El guión original
de Columbus era bastante más sangriento y terminó
siendo sanitizado por órdenes del pope Spielberg,
amén de que Joe Dante improvisó muchísimo
en el set. De hecho Dante terminó por transformar
a la comedia negra en una especie de dibujo animado en
vivo, especialmente cuando los gremlins oscuros salen
a la luz y se apoderan del pueblo.
A decir verdad, no hay mucho de argumento en Gremlins.
El chico se cruza con algo sobrenatural, lo cual termina
por salirse de control y se dedica a combatirlo durante
el resto del filme. Si se quiere, es el mismo esquema
de La Mancha Voraz, con la diferencia
de que el alienígena malvado de turno ha sido
reemplazado por una horda de demonios de Tasmania (no
el animal real, sino el de los cartoons de la
Warner) en carne y hueso. Es cierto que los bichitos
son adorables y, cuando surge la versión malvada
(como si fueran una especie de Jeckyll y Hyde) son deliciosamente
anárquicos. Pero también es cierto que
el libreto tiene problemas para tratar la naturaleza
de la amenaza - algunas de las muertes de los bichos
son demasiado gráficas o violentas, y no todas
son tan cómicas como debieran ser -, amén
de que todo el concepto es, en el fondo, demasiado tonto.
Si Joe Dante no se hubiera dedicado a improvisar maldades
en el set, con los bichos coreando la canción
de los enanos de Blancanieves o bardeando a la
gente del pueblo, el resto del libreto de Gremlins
hubiera sido bastante pobre. Los personajes son muy
toscos, las perfomances son chatas (en especial Hoyt
Axton, que es malísimo actuando y parece estar
de visita en el set en vez de interpretar un papel en
la película), y el final es abrupto. Después
del caos, ¿qué pasó con estos personajes?.
Al guión no le interesa explorarlo.
En realidad Gremlins puede interpretarse como
una comedia de Frank Capra con elementos sobrenaturales
(de allí la referencia a Qué Bello
es Vivir!). Los villanos de turno son en realidad
petimetres mediocres que viven odiando a algo (o a alguien)
y terminan recibiendo su merecido. Los héroes
son tipos de corazón noble y sentimientos puros
que sobreviven a las contrariedades. El gran problema
con el guión de Chris Columbus es que no desarrolla
lo que han aprendido estos caracteres después
de la experiencia. Aquí lo lógico sería
mostrar que el pueblo era ahora un lugar mejor, y que
los protagonistas han redescubierto el valor de sus
relaciones familiares y sentimentales. Simplemente aparece
Keye Luke de la nada, se lleva a Gizmo y asunto concluído.
Nada de esto quita de que Gremlins sea una gozada
en sus propios términos. Es imposible no entretenerse
con la película. Pero, si uno analiza los hechos
bajo una lupa, verá que hay detalles que podrían
haberse mejorado. Nada de esto le impide ser un clásico,
pero son puntos que podrían haber realzado la
experiencia. |