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TRAMA : Varias historias paralelas transcurren
en una temporada de la Fórmula Uno en Europa.
El piloto francés Jean Pierre Sarti tiene un
romance con la fotógrafa Louise Frederickson
mientras se encuentra decidiendo si abandona su carrera
automovilística. El piloto americano Pete Aron,
luego de tener un desafortunado accidente que dejara
gravemente herido a Scott Stoddard - su compañero
de equipo en la escuadra B.R.M. -, es despedido de la
escudería, pero los japoneses del team Yamura
lo contratan como piloto líder. Y mientras tanto,
Stoddard se encuentra lidiando con sus propios demonios:
las profundas heridas fisicas y sentimentales que le
ha dejado su accidente en Mónaco - su esposa
le abandona y mantiene un affaire con Aron -. Los tres
hombres llegarán al límite de sus fuerzas
en la última carrera de la temporada en el circuito
de Monza, donde decidirán el futuro de sus vidas
y la obtención del título de campeón
del mundo.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Es imposible hablar de cualquier film de carreras sin
dejar de mencionar a Grand Prix (1966), que es
el epitome del género. Las películas de
carreras participan de todas las características
propias de los filmes deportivos : individuos anónimos
que pelean contra toda suerte de obstáculos, que
no son depositarios de la confianza pública, y
que terminan por vencer a pesar de la oposición
de las fuerzas del destino. En el medio, todo el trayecto
suele transcurrir como un camino de redención donde
el premio sólo es nominal y lo ganado va mucho
más allá de lo físico.
En definitiva los filmes de deportes son adaptaciones
de los clisés habituales del género épico,
sólo que en entornos menos sangrientos. No deja
de ser el camino del héroe, adaptado a pistas
y estadios, y donde el coach hace las veces de
Maestro Yoda, iluminando
al jugador / equipo para que obtenga el título
y una superación individual. Lamentablemente
es un género tan trillado, donde cualquier espectador
conoce todos los resortes y puede anticipar los giros
que puede tomar el guión.
Por suerte Grand Prix no sigue las líneas
de la formula literalmente; sólo toma algunos
elementos de ella, y decide experimentar en una onda
dramática más propia del best seller
(como los de Sidney Sheldon). Aquí están
las corporaciones, la lucha por el poder, las chicas
fáciles que se acuestan con todos, la tecnología
de punta, y los hombres insensibles que viven para su
carrera. No es precisamente el mejor enfoque que se
podría haber seguido, pero al menos por insistencia
termina por humanizar un poco a los personajes y hacerlos
más simpáticos a vista del público.
El tema está en que las historias son muy desparejas
y no siempre están desarrolladas (o acabadas) de
un modo muy prolijo. Aquí está Yves Montand
como el piloto caballero aunque insensible, que es humanizado
por Eva Marie Saint. Uno ya sabe 5 años antes de
que a Montand le va a pasar algo cuando comienza a decir
"... que se siente cansado". Lamentablemente
las escenas entre Montand y Saint suenan demasiado ideales,
y recién en el último tercio del film comienzan
a funcionar. La química entre ambos actores es
muy tibia, y a veces los diálogos suenan muy cursi.
Donde el film repunta es en el delineamiento del trío
de James Gardner - Jessica Walter - Brian Bedford, posiblemente
porque son personajes mucho más oscuros. En un
principio la esposa de Scott Stoddard parece la madre
de todas las perras - lo abandona el mismo día
del accidente; se acuesta con el piloto que provocó
la tragedia -, pero con el transcurso del relato va
ganando algo de humanidad. Al momento que Stoddard se
pasa de rosca con las drogas para mantenerse en carrera
(¿en esa época no había control
de dopping?) siente que su lugar es a su lado. Ve
a su marido renacer de las cenizas y, en cierto modo,
termina por transformarse en un hombre admirable, un
héroe. El tema es que el personaje de Scott Stoddard
tampoco es muy simpático que digamos - sólo
quiere equiparar la gloria de su hermano, un famoso
piloto muerto en un accidente de carreras -, y el personaje
de Aron sólo resulta digerible por James Gardner,
ya que es un individuo obsesionado con el éxito
- prácticamente un amoral al que sólo
le importa ganar - que exhibe ocasionales rasgos de
humanidad y que, eventualmente, termina por generar
un cambio en Jessica Walter. El final, con Aron y Stoddard
compartiendo el podio, suena algo bizarro - con métodos
poco prolijos, ambos han terminado por obtener lo que
querían -.
Pero mientras que el drama apenas llega a lo correcto
- quizás lo mejor desarrollado sean los personajes
de los coachs de Yamura, Ferrari
y BRM - , el gran mérito del film es sin
duda las escenas de las carreras. Son sencillamente
descomunales, aún cuando la película tenga
más de 40 años de antigüedad. El
director John Frankenheimer filma con una maestría
insuperable - no hay dos tomas iguales; cada carrera
es filmada de un modo único -. Este es realmente
una película donde ver los efectos especiales
son un placer. El espectador se siente dentro de la
carrera, y el rugido de los motores forma una banda
sonora maravillosa - un efecto que Frankenheimer repetiría
en las persecuciones de Ronin - . Además,
los primeros planos de los accidentes, la mezcla de
distintos estilos - pantalla dividida, tomas internas
desde el auto, tomas aéreas -, la música
... convierten a las secuencias en un festín
para los ojos. Sea mostrando la tensión entre
los participantes - el clímax en Monza, con Sarti
arrancando en último lugar y devorando posiciones,
es sencillamente descomunal - o bien escenificando la
carrera como un ballet en cámara lenta, el director
saca todo el jugo que puede a los recursos que le brinda
la producción, logrando tomas perfectas. No es
un aburrido show de autos rápidos corriendo sino
un verdadero espectáculo.
La película contó con el apoyo real de
todas las escuderías de la época; si bien
los modelos que corren son Formula 3 camuflados,
los pilotos son auténticos ases de la Formula
1. Además cuenta con cameos de figuras de
la década, desde el recordado Juan Manuel Fangio
hasta Graham Hill, y buena parte del expertise
de los pilotos se transfirió al guión
del film - los reportajes intercalados a los pilotos
de ficción contienen todo tipo de observaciones
sobre los autos y las pistas que sólo los pilotos
reales pueden conocer -. El único actor que condujo
todo el tiempo su auto fue James Gardner, que luego
terminaría probando suerte en las carreras, tal
como Paul Newman y Steve McQueen, aunque con menos éxito.
Es un drama genérico standard pero que al menos
funciona, atachado a un enorme y excelente videoclip
de la Formula 1 que termina por maravillar a
la audiencia. Sin cometer ningún pecado grave
logra entretener y sorprender, y eso es lo que la hace
memorable. |