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Japón, 1962 : Ryo Ikebe
(Dr. Tazawa), Yumi Shirakawa (Tomoko Sonoda), Akira Kubo
(astronauta Tatsuma Kanai), Kumi Mizuno (Takiko Nomura),
Hiroshi Tachikawa (Wakabayashi), Akihiko Hirata (capitán
Endo) Director - Ishiro
Honda, Guión - Takeshi Kimura, sobre una historia
de Jojiro Okami
TRAMA : La misión espacial
japonesa XJ1, en vuelo sobre Saturno, descubre un enorme
planetoide errante que se dirige en trayectoria de colisión
directa a la Tierra. El pánico cunde en nuestro
planeta, ya que la masa del cuerpo celeste - bautizada
como Gorath - es 6000 veces superior a la Tierra,
y su enorme gravedad absorbe todo a su paso. Las Naciones
Unidas han aprobado un desesperado plan de salvataje,
que consiste en instalar gigantescos motores atómicos
en el polo sur, y desplazar a la Tierra de su órbita.
Pero Gorath ha absorbido satélites y cometas,
y su masa se ha incrementado de tal manera que ni aún
los 400.000 km planeados inicialmente para el desplazamiento
de la Tierra podrían alcanzar para escapar de
su gravedad. Y ahora la humanidad se encuentra rezando
por un milagro que salve al planeta.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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A principios de los 60 la Toho había descubierto
que la ciencia ficción era un género popular
entre los japoneses y se encontraba experimentando con
el reciclado temático de la sci fi americana. Si
Los
Misterianos (de la Toho) era la versión
nipona de La Guerra de
los Mundos, la Daiei había hecho lo
mismo con su Advertencia
Desde el Espacio, que mezclaba El
Día que Paralizaron la Tierra con Cuando
los Mundos Chocan. Precisamente sobre esta última
película es que la Toho decidió realizar
una nueva apuesta de la mano del director Ishiro Honda
y el especialista de efectos especiales Eiji Tsuburaya.
Pero el mismo año aparecería King
Kong vs Godzilla, el kaiju
eiga dominaría en la taquilla, y la space
opera pasaría a un segundo plano, terminando
por fusionarse con el cine japonés de monstruos.
Como dijimos hace poco al comentar Latitud
Cero, Gorath es ciencia ficción
japonesa. Así que esperen ver muchos efectos
especiales (de excelentes a bizarros), terribles comic
reliefs, tramas disparatadas, y coloridas maquetas
y trajes espaciales. He aquí otro planeta errante
que viene a colisionar con la Tierra; mientras que en
el clásico Cuando
los Mundos Chocan la solución de turno era
construir arcas de Noe espaciales, a los japoneses
no se les ocurre mejor idea de montar gigantescos cohetes
nucleares en la Antártida y mover a la Tierra
de lugar (haciéndole oosooo! a Gorath).
Lo que nadie en ningún momento se plantea, es
como volver a ponerla en su sitio después de
que pase la emergencia (ni el problema de la temperatura,
el Sol, la atmósfera, la ausencia de Luna y su
influencia en las mareas... y dos millones de detalles
más).
El elenco está compuesto cien por ciento de
habitués de los filmes de Ishiro Honda, desde
Akihiko Hirata y Takashi Shimura de la Godzilla
original hasta Akira Kubo de Godzilla
vs Monster Zero, y la lista sigue. El comienzo está
ok, con espectaculares FX en el espacio mientras vemos
como la misión XJ1 es absorbida por la gravedad
del planetoide rojo. Pero lo que sigue ya es mucho más
flojo. En especial cuando tenemos una pandilla de ineptos
en estado permanente de vandalismo como es el grupo
de cadetes espaciales al cual le va a tocar en suerte
salvar al mundo. Cuando Akira Kubo y su banda de
chicos alegres se roban un helicóptero para ver
a la novia de éste y se van cantando una canción
patriótica, dan ganas de derribar el aparato
con un misil Stinger. Es una patota de irritantes
comic relief que arruinan el filme en cada una
de sus apariciones.
Por ahí es que el director Honda quiso dar a entender
de que todo el filme no se podía tomar muy en serio.
Motivos no le faltan. No sólo está el disparate
de correr a la Tierra mediante reactores en la Antártida,
sino que - mientras construían en ésta -
terminan por despertar a Maguma, la versión mutante
de Pablo Morsa que se viene a devorar media base
en el polo justo cuando Gorath se nos viene encima. Es
obvio que la aparición del monstruo gigante en
esta space opera está metida con calzador,
ya que es enteramente gratuita y la pusieron a pedido
del productor, quien no estaba muy seguro que la anécdota
espacial bastara para la taquilla y se prendió
al carro de Godzilla a último momento. La
morsa gigante dura exactamente cinco minutos antes de
que la conviertan en picadillo. Gracias a Dios desaparece,
ya que es un traje asombrosamente ridículo.
Por si planetas a punto de colisionar con la Tierra
y la aparición de morsas gigantes en el polo
fueran poco, el libreto sigue agregando verdura, incluyendo
la amnesia de nuestro pedante héroe Akira Kubo,
los problemas presupuestarios del gobierno japonés
que acepta reluctante participar en el emprendimiento
internacional, y toda la charlatanería pacifista
pro ONU que la sci fi japonesa se empeñaba en
comprar en los años 60. Cuando hay actores en
escena, Gorath va de lo lento a lo irritante;
por suerte, tenemos muchas tomas de FX de Eiji Tsuburaya,
lo que ameniza las cosas. Si bien el libreto no deja
ley de física sin violar, al menos el descerebre
en pantalla es entretenido. Cuando Gorath se acerca
a la Tierra, absorbe como una aspiradora los anillos
de Saturno (en un efecto realmente bueno), y se chupa
a la Luna aún a miles de kilómetros de
distancia. En el clímax, Tsuburaya tira la casa
por la ventana, con visiones dantescas de ciudades devoradas
por el mar y cataclismos de todo tipo y color.
Gorath es medianamente entretenida. En el fondo
uno ve estas películas como a las series de Gerry
Anderson (quien a su vez se inspiraba en los filmes
japoneses), en donde uno se deleita viendo maquetitas
coloridas viajando por el espacio o explotando. Es como
una especie de voyeurismo infantil donde sentimos placer
viendo como destrozan juguetes. El tema es que, cuando
no hay juguetes en pantalla, la trama se hace pesada
o absurda o irritante o las tres cosas al mismo tiempo.
Gorath es pasable pero seguramente no es el mejor
filme de la larguísima carrera de Ishiro Honda.
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