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TRAMA : Maindrian Pace trabaja como investigador
de seguros durante el día, pero nadie conoce
que en realidad su verdadero oficio es robar autos de
lujo. Maindrian recibe un jugoso contrato por parte
de un narcotraficante sudamericano; le abonará
medio millón de dolares si le entrega un lote
seleccionado de deportivos, limusinas y autos especiales
para dentro de una semana. Aprovechando sus vínculos
dentro de la empresa de seguros en la cual trabaja,
Maindrian obtiene la mayoría de los datos necesarios
para ubicar los coches de la lista. Pero el más
difícil resulta ser un Mustang dorado 1973, al
que le llaman en clave Eleanor. Dejando el robo
del Mustang para el final, Maindrian y su equipo siguen
con la tarea de recolectar autos. Uno de ellos es un
Cadillac que debía haber pertenecido a un narcotraficante
y cuyo baúl se encuentra cargado con varios kilos
de heroína. Maindrian se deshace del coche pero
su mano derecha, Eugene, no le perdona la oportunidad
de haberse hecho millonario con la droga; y, por despecho,
terminará por alertar a la policía al
momento en que Maindrian se prepara para robar a Eleanor,
el ultimo coche de la lista.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Para quienes desconozcan el dato, Gone in 60 Seconds
(2000) - y protagonizada por Nicolas Cage - es la remake
de un pequeño filme independiente de 1974 que,
con el paso de los años, ganaría status
de culto. El film es tan curioso y extravagante como su
creador, H.B. Halicki, y terminaría por dejar su
huella en la historia del cine en cuanto a persecuciones
de autos.
H.B. Halicki era lo que se conoce como un self made
man; su familia estaba en el negocio de la construcción
pero él decidió a temprana edad que lo
suyo eran los autos. A los 16 años estaba trabajando
como dependiente de una gasolinera, y comenzó
a comprar coches en oferta. Para los 17 ya era gerente
de una concesionaria y trabajaba como mecánico
para una empresa de seguros; a los 18 ya tenía
un negocio de venta de neumáticos, y para los
21 administraba su propia concesionaria de autos. Mientras
tanto, había acumulado una importante colección
de coches, un hobby que lo fascinaría durante
el resto de su vida - con el tiempo, la colección
de Halicki sería una de las más importantes
de toda Norteamérica -.
A Halicki le apasionaba manejar y le encantaban los
autos; y aún viniendo desde afuera del sistema
hollywoodense, decidió rodar un film. En 1972
comenzó los preparativos de la película,
comprando coches en remates y reparándolos en
el patio trasero de su concesionario. Y durante dos
años acumuló cerca de 100 autos, hasta
que decidió que estaba listo para filmar. El
resultado fue Gone in 60 Seconds, una película
que costaría un millón de dolares y recaudaría
40. Un buen negocio que mezclaba placer y fama para
un fan del automovilismo.
Los datos curiosos sobre el film - aparte de la vida personal
de Halicki - es que, para mantener los costos bajos, el
director reclutó a amigos y familiares para los
papeles principales de la película. Para disfrazar
el evidente problema de tener un elenco lleno de gente
sin experiencia en la actuación, la mayoría
de las secuencias están rodadas con voces en off
- sólo un puñado de escenas requirieron
de la interacción entre los protagonistas en estudio
-. Ciertamente esto resuelve el problema de las perfomances
blandas de los elencos amateur propios del cine independiente,
pero a su vez provoca otro inconveniente nuevo, que es
la dificultad para seguir los diálogos. Los nombres
abundan, el espectador no está familiarizado con
los personajes, y al final no se sabe a ciencia cierta
quién es quién. Aunque la trama es simple
de seguir, los razonamientos de los caracteres no lo es
tanto, y eso termina por distraer.
La historia es muy sencilla; super ladrón de
autos acepta un gran contrato y debe robar cerca de
50 coches en menos de una semana. La lista es puntual
- incluye coches de famosos como corredores de carreras
y actores de cine -, y no hay tiempo que perder. En
general todo ese segmento es medianamente potable, sobre
todo si a usted le gustan los autos. Es como un inmenso
catálogo de la industria automotriz de los 70,
con rarezas de todo tipo.
A Halicki, como director, sólo le interesa llegar
al final que es la excusa de la película. En
el medio hay actuaciones amateur, situaciones de tensión
que no lo son tanto, y hasta cierta sofisticación
- especialmente cuando se explican los métodos
de cómo robar un auto, blanquearlo legalmente
y volver a ponerlo en circulación -. Ciertamente
la subtrama del robo del Cadillac del traficante (y
cargado de droga) daba para muchísimo más
(como, por ejemplo, que los narcotraficantes empezaran
a perseguir a los ladrones de autos), pero Halicki lo
usa simplemente como excusa para que uno de los miembros
de su banda lo traicione por despecho. El resultado
es una enorme persecución de 40 minutos de duración,
en donde medio departamento de policía se lanza
tras el Mustang recién robado por Maindrian.
Ese es el núcleo central del film, y es uno que
vale realmente la pena. El mismo H. B. Halicki conduce
el Mustang, y es una persecución con visos de
realidad - los autos se van deshaciendo a lo largo de
la carrera; no todas las piruetas le salen al ladrón,
e incluso se pega un par de choques ultraviolentos que
no estaban en el guión -. Por ejemplo, cuando
Eleanor - el Mustang dorado que conduce Maindrian
- se come un poste de teléfono es real, e incluso
Halicki estuvo postrado en cama semanas hasta recuperarse
y seguir la filmación. Y el famoso salto final
- que la remake del 2000 recrea - le produjo
un aplastamiento de vertebras que le trajo secuelas
durante el resto de su vida.
La persecución del clímax vale el resto
del film. La dirección es espectacular en todo
sentido, aunque es más obra del editor que del
director. Toma elementos de otras películas como
Bullit o Los
Diamantes Son Eternos (por decir dos secuencias
conocidas que, casualmente, involucran a Fords Mustang
Mach 1 como el del film) y los expande notablemente.
Es vertiginoso, violento y excitante, aunque al final
se hace un poco largo. Es un verdadero show de muscle
cars, con el rugido de los motores a toda potencia,
como si fuera un resumen de toda la acción de
Vanishing Point sin
intervalos en el medio. Uno imagina a otros seudo directores
de acción (o especializados en persecuciones
de autos) como Hal Needham, y puede apreciar que Halicki
tenía verdadero talento para hacer coreografías
y acrobacias.
Es un film realmente bueno cuando llega al clímax;
en el medio es aceptable y digerible. H. B. Halicki
prepararía una secuela que comenzaría
a rodar en 1989, hasta que un desgraciado accidente
- un cable de acero que sostenía una torre de
agua se guillotinaría, y voltearía un
poste telefónico que terminaría por caer
sobre el actor y director - terminaría con su
vida. Su esposa Denice seguiría con su legado
y vendería los derechos a la Disney, quienes
desarrollarían la remake en el año
2000. |