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Japon, 1968 : Teruo Yoshida
(co piloto Sugisaka), Tomomi Sato (azafata), Eizo Kitamura
(senador Mano), Hideo Ko (asesino), Kathy Horan (Sra.
Neal) Director - Hajime
Sato, Guión - Kyuzo Kobayashi & Susumu Takaku
TRAMA : Un avión de
pasajeros se topa con una extraña interferencia
atmosférica que daña sus instrumentos
y lo obliga a hacer un aterrizaje de emergencia en una
desolada isla. Allí descubren que uno de los
pasajeros resulta ser un peligroso asesino profesional
y, tras una feroz pelea, éste logra huir. Pero
en su fuga el individuo se topa con una nave espacial,
de cuyo interior surge una criatura alienígena
que se apodera de su mente y lo obliga a beber sangre.
Ahora el sicario ha comenzado a acosar al resto de los
tripulantes, quienes se ven obligados a montar una improvisada
defensa ... pero la criatura es más fuerte que
ellos, y todos los intentos de combatirla han resultado
estériles hasta el momento.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Hay películas espantosas. Pero espantosas en
un sentido bíblico, de esas que te dejan petrificado
y convertido en sal. Filmes en los cuales hubieran podido
reemplazar al director por un orangután y el resultado
hubiera sido mejor de lo que quedó en pantalla.
En general mi concepto de espantoso equivale a bodrio
sideral, como cuando uno se pasa una hora y media
sintiendo cómo le crecen las hemorroides, lo
cual resulta más entretenido que lo que aparece
en pantalla. En pocos casos me he topado con especímenes
de ese estilo - y eso que mis gustos son amplios
y bizarros -, con lo cual suelo perdonar vidas y
me divierto con cosas indigeribles. Pero también
mi concepto de espantoso recae sobre películas
que tenían un par de ideas con potencial - para
las cuales uno mentalmente anticipó un par de
desarrollos posibles e interesantes - ... y que
termina por descubrir cómo el idiota sentado
en la silla del director se encargó de arruinarlas
de la peor manera posible. No hay nada más
indignante que ver cómo asesinan una buena premisa.
Goke, Body Snatcher From Hell (Goke: el Usurpador
de Cuerpos del Infierno) entra en mi lista negra.
Este es un filme del auteur Hajime Sato, responsable
de El Murciélago Dorado
(Ogon Batto). Sí, sí; esa
en donde el malo era un tipo con una funda de almohada
en la cabeza y reflectantes de bicicleta como ojos.
Esa es una clara muestra del vuelo creativo del cineasta,
y en este filme vuelve a ratificar sus kilates artísticos
(o la ausencia de ellos).
No se precisaba mucho para que Goke, Body Snatcher
From Hell alcanzara a ser una película medianamente
competente. Con algunos diálogos razonables y
un par de perfomances medidas por parte del cast se
podría haber llegado a algo potable. Pero el
libreto parece que lo hubiera escrito un ejército
de monos (y con sus colas), y la dirección le
va en saga. Imaginen la siguiente situación:
un avión comercial se mete en una zona que parece
salida de un capítulo de La
Dimensión Desconocida - con cielos sangrientos,
pájaros que se estrellan contra las ventanillas
del aeroplano, etc - y casi es atropellado por un
OVNI. Como las dimensiones alteradas, los alienígenas
y los pájaros desquiciados fueran poco, tenemos
a) un asesino profesional gay; b)
un idiota que fabrica bombas por hobby y que
las lleva a a bordo. Toda esta gente se enloquece y
se pelea arriba del avión, lo que hace que se
venga a pique y aterrice de emergencia en una isla desconocida.
Los pibes del OVNI también los han seguido
y han aterrizado cerca. La tripulación se compone
de nueve tipos, todos ellos estereotipos irritantes
y sobreactuados, y que van desde: un sicólogo
que parece más loco y siniestro que el asesino
y el fabricante de bombas; un hombre de negocios que
no duda en entregarle su mujer al despreciable senador
que lo acompaña, con tal de que le autorice un
proyecto de negocios; una viuda yanqui que se la pasa
chapurreando en inglés sin que nadie la entienda;
y la lista sigue hasta el superhonesto héroe
del día, al cual todo el mundo lo bardea mal,
y la azafata que hace de damisela en apuros de turno.
Goke, Body Snatcher From Hell es una película
escrita de una manera terrible. La tripulación
prefiere trompearse con el héroe - porque no
les dice en dónde han caído -, antes
que aporrear al asesino que tiene de rehén a la
azafata y que quiere fugarse a quién sabe dónde
(ya le dijeron varias veces que están en una isla
abandonada, pero no lo entiende). Hay una larguísima
escena de quince minutos en donde el senador se transa
a la mujer del ejecutivo mientras se la pasa reclamando
por whisky y agua. La yanqui habla y habla y, cuando
debe disparar, apunta hacia el cielo. Hay un científico
de pacotilla que se despacha con la teoría de que
los aliens están aquí para aprovechar las
numerosas guerras que padece la humanidad (excusa que
sirve para que el director meta unos inserts en
rojo y veamos que ésta es una película con
mensaje anti belicista). Los ataques del vampiro espacial
son patéticos, y lo único shockeante es
que el tipo infectado anda con un tajo profundo en medio
de la frente. Pero hay suspenso cero, los personajes son
irritantes, y las escenas intermedias son estiradas hasta
el hartazgo, como si el libreto se hubiera quedado corto
de ideas y le hubieran pedido a los actores que improvisen
en el set. Hasta el clímax (del cual Tim Burton
habrá tomado alguna idea para Marcianos al Ataque)
es demasiado largo.
Y todo esto resulta ser una lástima, ya que
los valores de producción son prolijos y habían
algunas ideas interesantes en Goke, Body Snatcher
From Hell. Si uno puede establecer algún
paralelismo, Hajime Sato no es Ishiro Honda y lo que
hace aquí no llega ni al 5% de efectividad que
había logrado el maestro en Matango,
el Ataque de los Hombres Hongo. Este era un escenario
con gran potencial, arruinado por una sarta de ladrones
con patente. Así como está termina
siendo una curiosidad, pero una que no resulta recomendable
en absoluto. |