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USA, 1957 : Jeff Morrow (Mitch
MacAfee), Mara Corday (Sally Caldwell), Morris Ankrum (Teniente General
Edward Considine), Louis Merrill (Pierre Broussard), Edgar Barrier
(Dr. Karol Noymann), Robert Shayne (General Van Buskirk) Director
- Fred F. Sears, Guión - Paul Gangelin & Samuel Newman,
Musica - Mischa Bakaleinikoff |
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TRAMA
: Mitch MacAfee es un miembro del equipo técnico que
está probando un nuevo dispositivo de radar para el ejército.
En pleno test, mientras vuela un jet logra distinguir un enorme
OVNI que pasa a enorme velocidad varias veces alrededor de su avión.
Se emite la alerta y numerosos escuadrones salen a interceptar el
objeto sin éxito. Los militares creen que ha sido una falsa
alarma de Mitch, pero comienzan a llegar numerosos reportes de aviones
desaparecidos alrededor de la zona. Mientras los militares investigan,
Mitch y la hermosa matemática Sally Caldwell regresan a la
ciudad en un avión del ejército, pero son atacados
por el OVNI y se estrellan. Rescatados por un lugareño, el
mismo les habla de "La Cacanya", un ser alado mitológico
que está surcando los cielos de la zona. Cuando Mitch y Sally
regresan por fin a la ciudad, se enteran de más reportes
de aviones desaparecidos, y el ejército ha logrado fotografiar
al objeto. Se trata de una enorme ave alienígena, aparentemente
indestructible, que está atacando a la región con
un rumbo definido. Y de acuerdo a la trayectoria, no faltará
mucho para que el ave llegue a la poblada ciudad de Nueva York.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio
desde fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar
partes del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos
a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran
familiarizados con la historia. |
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Los americanos suelen tener el calificativo de turkey para
las películas malas (en español el término similar
es pavada). No estoy muy seguro de si el apelativo fue inventado
a raíz de este film, pero seguro debe pegar en el palo. Hay
filmes gloriosamente malos como Plan 9 del Espacio
Exterior, y hay películas mortalmente malas y aburridas
como L´Uomo Puma. La Garra Gigante
cae en una zona intermedia, donde la pifia colosal de los efectos
especiales no llega a compensar lo soberanamente serio de las escenas
con actores.
Es como dos filmes en una misma película. Por un lado tenemos
a los sufridos Jeff Morrow y Mara Corday, realizando sus mejores
actuaciones de stock - él, chico lindo, arriesgado
y valiente; ella, chica linda, inteligente y reacia a sus besos
- en una trama que sigue todos los clisés habidos y por haber
del cine de género de monstruos. Si hace poco hablábamos
de la incoherencia del personaje de James Whitmore en Them!
- policía de pueblo que termina en un operativo militar
a escala nacional para combatir a las hormigas gigantes -, aquí
sucede lo mismo con un técnico en radio y piloto civil. Este
es un ejemplo acabado de una de las reglas no escritas de la filmografía
de monstruos de los años 50: el personaje que primero divisa
el monstruo, es el encargado de llevar toda la investigación
adelante y quien lo combate al final. Mientras tanto, en el bando
de los buenos no hay ni uno que tenga la sagacidad de nuestro héroe.
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Hay largas - muy largas - escenas dialogadas - muy dialogadas
-. Y no particularmente interesantes. Pero donde el film comienza
a tener ritmo es cuando aparece por primera vez el monstruo en directo.
Y es cuando la platea se orina de la risa. No sé si
es simplemente un rumor malintencionado, pero hay versiones que
indican que los efectos especiales fueron hechos en un estudio mexicano.
Y se nota. El pájaro es un gigantesco mamotreto, mezcla de
pavo, muppet y Pablo Gallinazo (Buzz Buzzard, el buitre
matón de El Pajaro Loco), con unos ridículos
pelitos en la cabeza, una boca con dientes, y un par de ojos estrábicos
que van cada uno por su lado. Los ataques del ave son delirantemente
malos, con aviones colgando de piolines y que se mueven como si
el tirititero tuviera Parkinson. El colmo del absurdo es cuando
el ave ataca a un tren - una obvia maqueta - y se lo lleva cargado
en el aire (a la locomotora y los vagones) como si fuera un collar
de cuentas. Es una escena fantásticamente mala.
Pero cuando los FX no fallan demasiado, el filme puede generar
un par de buenas escenas. Claro está, no son originales,
sino tomadas de King Kong, con el pajarraco arriba del Empire
State (y destrozándolo), o en la cima del edificio de
las Naciones Unidas. Increíblemente estas secuencias
son icónicas y es por lejos lo más recordado de la
película.
Y mientras tanto los actores miran con cara de poker a la cámara,
ajenos a lo espantoso de los efectos especiales. Hay una anécdota
conocida acerca de Jeff Morrow, quien vivía en un pueblo y
era la figura del lugar. Un día decidieron hacer un festival
en su homenaje, y lo invitaron a la proyección de La Garra
Gigante. El pobre Morrow - que nunca había visto el film
hasta entonces - casi se muere cuando aparece el bicho en escena y
la platea estalló en carcajadas. Por el escarnio, abandonó
inmediatamente la proyección y tuvo que irse a escondidas con
su familia.
Pero salvo el mamotreto volador, no hay mucho más. La otra
secuencia disparatada es cuando comienzan a analizar científicamente
cómo destruir al bicho. Es otro craso ejemplo de sanata científica
cinematográfica, donde los protagonistas establecen que el
ave proviene de una galaxia de anti materia, posee un escudo anti
materia y se alimenta... de materia. Por si esto fuera poco, Sally
deduce (¿cómo?) que el pájaro ha atravesado
medio universo para depositar un huevo en la Tierra. Y Mitch, como
un MacGyver de los 50, elabora un dispositivo anti anti
materia (sí, está bien escrito) para anular el
escudo invisible al bicho.
El director de este engendro es Fred F. Sears, el que el año
anterior nos deleitara con La
Tierra Vs Los Platillos Volantes. Acá el presupuesto
de Sears es una lágrima, y se nota por los cuatro costados.
Hay un reciclado salvaje de secuencias de stock de filmes anteriores
(destrucciones, escenas de pánico masivo) tomados precisamente
tanto de Earth vs Flying
Saucers como The Beast of 20.000 Fathoms. Pero aparte
del aspecto técnico, el filme se toma en serio a sí
mismo (quizás demasiado), lo cual le quita locura y valor
camp. Vale la pena verla, aunque sea haciendo fast forward
hasta las apariciones del monstruo, que son de las cosas más
cómicas que uno ha visto en cine. |
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