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GHOST
RIDER |
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una crítica
del film, por Alejandro Franco |
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USA, 2007 : Nicolas Cage (Johnny Blaze),
Eva Mendes (Roxanne Simpson), Peter Fonda (Mefistófeles), Wes Bentley (Blackheart),
Sam Elliott (El cuidador), Donal Logue (Mack), Matt Long (joven Johnny Blaze),
Brett Cullen (Barton Blaze), Gibson Nolte (Stuart) Director - Mark Steven
Johnson, Guión - Mark Steven Johnson, basado en el comic de la Marcel creado
por Gary Friedrich, Mike Ploog & Roy Thomas, Musica - Christopher Young |
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TRAMA : Hace muchos años el joven Johnny Blaze
hizo un pacto con el Diablo, donde le entregaba su alma a cambio de salvar la
vida de su padre, enfermo terminal de cáncer. Pero su padre muere en un
accidente, y Johnny debe cargar con el peso del contrato, en donde Mefistófeles
le indica que un día volverá para utilizar de sus servicios. En
el tiempo presente, Johnny Blaze es un magistral acróbata de motos, practicando
proezas sobrehumanas sin el menor rasguño. Pero Mefistófeles se
le presenta y le advierte sobre la llegada a la Tierra de Blackheart, su hijo
renegado, quien se encuentra tras el pacto de San Venganza, el que contiene mil
almas y le dará poder para reinar sobre el planeta. Así es que Mefistófeles
transforma a Johnny Blaze en el Motorista Fantasma, un ser demoníaco dotado
de super poderes, el que realiza encargues para el diablo y que, en esta ocasión,
debe acabar con Blackheart y recuperar el contrato de San Venganza. |
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| NOTA :
como siempre, desarrollamos este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden develar el final (spoilers),
pero asumimos a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran
familiarizados con la historia. |
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La noción de ridículo va intrínsecamente ligada a la noción
de la "suspensión de la credibilidad". Si uno piensa en ciertas
premisas básicas de las historias particulares de los super héroes,
no cabe la menor duda que son infantiles, cursis o decididamente idiotas.
Decir que un tipo se disfraza todas las noches de murciélago para pelear
con criminales en vez de disfrutar los millones de su fortuna personal, o que
un hombre calzado con mallita azul y capa roja puede levantar edificios enteros
y volar son ideas absurdas que sólo el público termina por comprar
cuando se les da cierta carnadura. Y eso sólo se logra creando cierta mitología
acerca del personaje, donde los particulares usos y costumbres de cada historia
le dan visos de credibilidad y rasgos de aceptación en el público.
Todo lo cual no significa que haya superhéroes idiotas. Hay conceptos
mal pergueñados de nacimiento, y que precisan directores y creativos de
mucho talento para que resulten medianamente potables. Quizás será
que en el panteón de los superhéroes todas las ideas buenas y posibles
acerca de sus orígenes y características ya están tomadas,
con lo cual los héroes de los últimos años empiezan a tener
historias de background realmente bizarras.
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Ghost Rider es un comic nacido en 1972, en una época en
que la Marvel estaba en veda de ideas, y simplemente explotaba un filón
exploitation tomando prestados conceptos del cine. Si Shaft era
un héroe negro, Blade era un cazavampiros
negro. Y si hubo un Easy Rider, debía haber un Ghost Rider.
En realidad la Marvel reciclaba un viejo comic de los 40 llamado
Phantom Rider, con una idea similar pero desarrollada en el Oeste (y cuyo
ejemplo en el film es el personaje de Sam Elliott). Lo que hizo en los setentas
es adaptarlo de modo fashion al gusto del público adolescente que
había tomado de modelo a las aventuras motoqueras de Peter Fonda en el
film clásico de Dennis Hopper.
Pero Ghost Rider, tal como se ve en el film, demuestra ser un concepto
ridículo. Es una imagen genial para los posters que los adolescentes cuelgan
en las paredes de sus dormitorios, pero como historia carece de profundidad, y
ni siquiera tiene los toques personales que la Marvel suele dar a sus personajes.
En general todos los superhéroes envueltos en luchas metafísicas
entre el cielo y el infierno no tienen historias muy inteligentes detrás.
Quizás tenga que ver esto con que lo único que hacen los guionistas
es armar un pastiche para insertar un héroe en una mitología religiosa
preexistente, antes de crear una propia totalmente desde cero. Con lo cual se
plantean varias incoherencias como, por ejemplo, que los héroes se queden
con los poderes que les han dado el cielo (o el infierno) para combatir a éstos,
algo ridículo que se resuelve directamente quitando los mismos al poseedor
ya que son prestados. El otro tema es que el campo de batalla es enorme (todo
el planeta) pero el Diablo / Dios insiste en combatir a su agente renegado en
un pueblito o ciudad determinados.
Si bien Ghost Rider es una historieta relativamente vieja, es la última
en llegar con esta idea a la pantalla grande - antes tuvieron su oportunidad Spawn
y Constantine -, y lo que hace el filme de Mark Steven Johnson (el mismo
director blando detrás de Daredevil) no es más que reciclar
clisés de estas películas, que ya de por sí eran mediocres.
Sólo hay tres personajes que funcionan: el Motorista Fantasma (en acción),
el viejo Jinete Fantasma, y el Diablo. Mientras que Ghost Rider es un CGI,
el Jinete y Mefistófeles están encarnados por veteranos en su género
como Sam Elliott (Western) y Peter Fonda, que a esta altura ha mamado hasta el
hartazgo todo lo que su figura de culto pudo haberle dado en 40 años desde
Easy Rider. Son los únicos actores que parecen vivos en pantalla.
Pero el resto es soporífero. Nicolas Cage con una peluca a lo Moe Howard
y un look bulímico es risible, sin carisma y sin misterio, y todo su asunto
romántico con Eva Mendez es una pérdida descomunal de tiempo. Blackheart
es un vulgar villano de stock, y toda la trama es pura rutina. Por supuesto
cuando el Motorista aparece prendido fuego, volando por los edificios y arrasando
calles enteras con su moto las cosas se animan, pero uno hubiera deseado que el
personaje hubiera resultado más interesante - sin ir más lejos,
si la historia hubiera sido en el Oeste y con Sam Elliott como protagonista, podría
haber funcionado mejor -. Pero salvo esas escenas de acción, el film tiene
menos consistencia que una hamburguesa. |
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