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Japon, 1966 : Kojiro Hongo (Lord
Juro), Shiho Fujimura (Lady Sayuri), Riki Hashimoto (Majin)
Director - Kenji Misumi, Guión
- Tetsuro Yoshida
TRAMA : Lord Danjo de Mikoshiba
se encuentra asolando con sus tropas a los paisanos
que osan salir de su reino. Es que los aldeanos buscan
refugio en las prósperas provincias vecinas de
Chigusa y Nagoshi, que se encuentran al otro lado del
lago y donde sus señores tratan a la gente con
justicia. Danjo decide terminar con la situación
de una vez por todas y se lanza a la conquista de dichas
tierras. Pero Lord Juro de Chigusa ha logrado escapar
e intenta generar una revuelta para echar a los invasores
de su reino. Harto de la rebeldía de los lugareños,
Danjo decide castigarlos con la demolición de
la estatua del Dios Maijin, que reside en la isla ubicada
en el centro del lago. Pero después de destruir
la estatua, sucesos sobrenaturales comienzan a ocurrir.
Y es que la paciencia de Maijin parece haber llegado
al límite con el reinado de terror de Danjo sobre
sus fieles seguidores.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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La Furia de Daimajin es la última entrega
de la trilogía producida por la Daiei en
1966. Los tres filmes fueron rodados en seguidilla (lo
cual redujo costos, tipo El
Señor de los Anillos), y se estrenaron en 1966
con diferencia de tres meses cada uno. Este es un detalle
raro por un par de razones: primero, porque cada capítulo
es completamente unitario - no es que quedara un cliffhanger
entre una y otra película -; y segundo y más
importante, es que las tres películas son casi
idénticas. Es un rarísimo concepto de marketing
publicitar y estrenar 3 filmes en un año, de los
cuales dos, salvo algunos detalles cosméticos del
guión, son calcos del primero.
Esta confusión llega incluso a la Wikipedia
y a los sitios especializados en kaiju eiga.
A veces se nombra el argumento de Return of Daimajin
como si fuera el de Wrath of Daimajin; y para
uno que no entiende en absoluto el idioma japonés
- salvo que los textos estén traducidos -, es
imposible deducir cuál película es cuál
o si el nombre del film figura correctamente en los
subtítulos. El clonamiento de historias no ayuda
demasiado a diferenciarlos.
Y ése es precisamente el mayor defecto de La
Furia de Daimajin. Habiendo visto la película
original, la secuela tiene muy poco de substancia propia.
Ahora hay unos lords exiliados que intentan combatir al
invasor - otro señor feudal déspota -, una
dama real muy devota de la deidad, un montón de
infortunio para nuestros héroes y la llegada del
dios sobre la hora para castigar a los infieles. Al menos
la historia transcurre en unos pocos días y no
en varios años como la Daimajin
original. Hay buenos detalles - la llegada de los asesinos
de Danjo al palacio de Juro es en unos fardos de arroz,
al estilo del caballo de Troya; la estatua de Majin es
demolida pero el Dios sigue reservándose para el
final -, pero la estructura es tan idéntica que
uno puede anticipar todo lo que sigue. Incluso los héroes
llegan al patio de ejecución - o sea, están
en las últimas - como para que el guión
recién allí dispare al gigante de piedra
y empiece a dejar un tendal de japoneses masacrados.
Lo que es interesante notar es que la saga de Daimajin
vendría a ser la versión japonesa de Batman,
el Caballero de la Noche para lo que es el género
del kaiju eiga. Es una aventura mucho más
sombría y adulta que los habituales holocaustos
inofensivos de Godzilla.
El tema es que el molde es tan rígido, que le
resulta imposible evolucionar sin volver a contar la
misma historia una y otra vez. En ese sentido La
Furia de Daimajin es excelente si usted nunca vió
una película de la saga; pero si lo hizo, tendrá
una fuerte sensación de deja vu en cada
una de sus escenas.
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