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USA, 1956 : Leslie Nielsen (Comandante Adams), Walter
Pidgeon (Dr Edward Morbius), Anne Francis (Altaira Morbius),
Warren Stevens (Teniente 'Doc' Ostrow), Jack Kelly (Teniente
Farman), Earl Holliman (cocinero), Richard Anderson (Jefe
Quinn), Marvin Miller (Voz de Robbie) Director
- Fred McLeod Wilcox, Guión - Cyril Hume sobre
una historia de Allen Adler & Irving Block, Musica
- Bebe & Louis Barron
TRAMA : El crucero espacial C57D es enviado
al planeta Altair IV para investigar acerca de una misión
enviada hace más de 20 años. Pero la expedición
se topa con la reacción poco amistosa del Dr.
Morbius, quien se resiste a que desciendan en el planeta.
Una vez en la superficie, el comandante Adams y su tripulación
descubren que los miembros de la misión anterior
han perecido en su totalidad, con excepción del
Dr. Morbius, su hija Altaira, y un poderoso robot al
que llaman Robbie. Decidido a investigar lo sucedido
a pesar de las insistencias de Morbius, Adams comienza
a descubrir la existencia de un poderoso ente hecho
de energía que comienza a asesinar a la tripulación
y a dañar equipos técnicos de la nave.
Mientras Morbius le enseña sus descubrimientos;
los restos arqueológicos de la que fuera la civilización
Krell, reinante en Altair IV, y que se extinguiera de
la noche a la mañana hace 2000 siglos. Analizando
las increíbles maquinarias que los Krell han
legado, Adams no tardará en comprender que el
ente de energía y la tecnología alienígena
descubierta están íntimamente ligados.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Cuando el grueso del público piensa en un filme
de ciencia ficción de los 50, invariablemente se
remontan a La Guerra de
los Mundos de George Pal (1953). Pero hay una gema
muy brillante, un clásico escondido por las arenas
del tiempo y que sólo los cinéfilos recuerdan
(e idolatran), y es sin duda Forbidden Planet.
En la euforia encendida por el film de Pal muchos estudios
se lanzaron a probar suerte en el género de la
sci fi. Como era habitual, la ciencia ficción
era sinónimo de cine mediocre para ese entonces,
y el grueso de su producción caía en los
esquemas de la serie B y Z. Forbidden Planet es
un rarísimo caso de una producción clase
A, donde la Metro Goldwyn Mayer puso una enorme
cantidad de dinero para obtener un film de factura técnica
impecable.
Pero Forbidden Planet era un producto adelantado
a su tiempo, y no hubo manera de que pudiera recuperar
sus costos. Era obvio; en una época en donde
el género estaba tan subvalorado, no había
oportunidad de que pudiera destacarse del resto. Además
se agrega otro factor, y es que era demasiado intelectual
para la época. Es imposible que los adolescentes
que festejaban en la platea la devastación masiva
de las mantarrayas marcianas de Pal pudieran alegrarse
de igual modo (y concurrir en forma masiva al cine de
la misma forma) con un par de tipos sentados en una
roca y hablando de monstruos del subconsciente. Es demasiado
profundo para la mentalidad pochoclera norteamericana.
De más está decir, que ni la MGM
ni ningún otro estudio se aventuraría
a realizar una super producción millonaria de
sci fi, al menos hasta avanzados los 60.
Es claro que con semejante presupuesto los efectos
especiales son de primera calidad. En primer lugar el
C57D es un plato volador, con lo cual superan un montón
de problemas de FX de la época (los terribles
efectos de los motores, lanzando chispas y humo, por
ejemplo), además de dar señales de avanzada
en cuanto a creatividad, y por qué no, un poco
de oportunismo comercial con la reciente oleada de OVNIs
que se habían comenzado a ver sobre Estados Unidos
a partir de la Segunda Guerra Mundial (y del incidente
Roswell). En segundo lugar, los escenarios están
bellamente concebidos, y realmente dan una idea de atmósfera
alienígena. Y en tercer lugar, está la
experimental música electrónica, pionera
en su tiempo, que le dan un clima hipnótico a
la película. Ante los ojos descreídos
de un espectador del siglo XXI, es un filme que ha resistido
muy bien el tiempo, donde poco y nada hay para reprochar
en cuanto los efectos, los vestuarios, los ambientes,
los diseños, e incluso en el apartado científico,
donde el blablabla técnico suena bastante
coherente. Es obvio que los guionistas han hecho su
tarea de investigación previa, y han mamado de
toda la sci fi literaria. La presentación
de Robbie como "el robot" es memorable
(está introduciendo el término ante el
gran público), y dentro de su tosquedad Robbie
se muestra bastante práctico. Quizás haya
un par de manivelas y giroscopios de más, pero
resulta bastante plausible, e incluso hasta un seguidor
de las tres leyes de robótica de Asimov.
Pero si en el apartado técnico es encomiable,
donde reside el mayor valor de Planeta Prohibido
es en cualidad como molde del género. Es un film
vastamente influencial de todo lo que seguirá.
La definición de los personajes de la tripulación
del C57D podrá tener un par de torpezas en el
guión, pero uno no deja de reconocer ciertos
patrones característicos. Sin ir mas lejos, los
de Viaje a las Estrellas.
Adams es un hombre decidido, pero está acompañado
por el racionalista Doc, y termina por armar un triunvirato
con el teniente Farman a la hora de discutir lo que
sucede. Si éstas no son las raíces
de Kirk, Spock y McCoy... E incluso en la llegada
al planeta, cuando la nave desacelera de velocidad luz
y la tripulación se protege en columnas de energía
es posible ver los orígenes de los beams
de teletransportación del Enterprise.
Como menciona Richard Scheib en su site, es posible
convertir toda la trama de Forbidden Planet en
un capítulo de Star Trek con mínimos
cambios de vestuario y nombres de personajes.
Y precisamente sobre la trama, es donde reside su principal
virtud y defecto a la vez. Por más que los creativos
y guionistas pongan sus nombres, es obvio que la historia
es una adaptación de La Tempestad de Shakespeare.
Morbius es Próspero, Altaira es Miranda, el monstruo
del inconsciente (o ID) es Calibán, y la tripulación
del C57D es el símil de los náufragos
que llegan a la isla paradisíaca a perturbar
la armonía en que conviven. En el filme, las
tentativas de seducción por parte de la tripulación
son realmente toscas, e incluso cuando se dispara la
relación entre Adams y Altaira no hay demasiada
química entre Leslie Nilsen (el teniente Drebin!)
y Anne Francis. Lo que el guión pudo haber explorado
es que Altaira podría haber sido otro producto
de la mente de Morbius, punto que explicaremos más
adelante. Siendo un muchacha inocente en sus veinte,
bien el argumento podría haber explorado cierta
perversión en la violación de dicha inocencia
- no hay diferencia entre las secuencias de los besos
iniciales de Farman con quien podría ser una
niña -; pero esto sería un punto demasiado
fuerte para el puritanismo de los años 50. Tampoco
está tan bien desarrollado el súbito apasionamiento
adolescente de Altaira por Adams, cuando la reacción
correcta debería haber sido el rechazo por cualquiera
de estos hombres.
Sin duda el desarrollo de las interrelaciones no es el
fuerte del guión; los cambios de comportamiento
de Morbius no tienen demasiado sentido, especialmente
de quien debería ser un ermitaño y era reacio
a la llegada de las tropas al planeta. Pero donde el guión
se explaya muy bien, es en convertir a Morbius en el interlocutor
de un documental en vivo sobre los Krell. Allí
es donde el libreto florece en ideas brillantes; la idea
de una raza que ha llegado a su máximo punto de
perfección, con el dominio de todo a través
de máquinas que operan con la mente, y que terminan
por autodestruirse ya que las emociones enterradas en
el inconsciente también terminan por dominar a
dichas máquinas. El paseo de Morbius y Adams por
las instalaciones Krell es fabuloso, genera una verdadera
sensación de asombro, sea por lo visual o por lo
laborioso que los rudimentarios técnicos de la
época debieron aplicar para conseguir el efecto.
Hay todo un maravilloso discurso de Morbius que - mas
allá de su blabletería técnica
- tiene suficientes puntos de contacto con conocimientos
que el espectador posee y que, por lo tanto, puede seguir
el razonamiento. Pero a veces el filme se dispara demasiado
en tal sentido - es una catarata de conceptos que pretende
instruir, y los lanza casi todos en esa larga secuencia
- y aturde un poco.
Y si la teoría que concibe es fascinante y sólida,
no menos asombroso resulta la factura de lo que sería
la historia paralela, y que tiene que ver con el monstruo
de la ID. Lamentablemente Fred McLeod Wilcox filmaría
un drama más y fallecería en 1964, pero
demuestra en esta película que era un artesano
más que competente y que debería haber
rodado más sci fi. Los ataques furtivos
del monstruo Krell están hechos con suspenso,
y sigue conductas bastante lógicas. La reacción
de la tripulación es la de esperarse, y no es
la vulgar carne de cañón de los filmes
de monstruos. Y si bien la aparición del monstruo
tiene algo de risible - tanto el monstruo como los rayos
laser y el beam de descenso de la nave son "dibujos
animados" de un artesano prestado por la Disney
-, al menos en su accionar tiene el tino de liquidar
a un par de expedicionarios como para cortar la posible
risa del público. Pero por suerte el monstruo
aparece muy poco, y sobre el final, es su presencia
invisible la que acosa a la mansión de Morbius
(doblegando las planchas indestructibles de metal Krell).
Como siempre es más efectivo lo que no se ve,
que aquello que se sobreexpone y encima no está
tan bien diseñado.
Lo que falla también es en cierta medida su
final. Adams y Doc van a "mejorar su intelecto"
con la máquina Krell (Morbius lo hizo y por eso
es más inteligente que el resto de los humanos).
La prueba sale mal, Doc muere pero descubre que la máquina
tambien dispara el desarrollo del inconsciente, y eso
es lo que manipula el generador de energía Krell.
En todo su ataque de odio por la invasión de
Adams y su tripulación, Morbius termina por materializar
inconscientemente al monstruo, que viene a castigar
a Altaira y Adams. Allí es cuando Adams le transmite
sus deducciones a Morbius. En primer lugar no resulta
claro por qué Adams y Doc querían mejorar
su coeficiente intelectual - en todo caso es un truco
del guión para traerlos al mismo escenario que
el resto de los personajes -. Y en segundo lugar, tampoco
es claro por qué Morbius rechaza la partida de
Altaira. En realidad, y por todos los datos que tira
el libreto, Altaira puede dar para varios significados:
ya que su origen es misterioso - madre muerta junto
con el resto de la tripulación - es la protegida
de su padre y escapa a las iras de su inconsciente;
o, lo que podría haber resultado mejor, podría
haber sido una creación de la mente conjuntamente
con todo el "paraíso terrenal"
de animales salvajes inofensivos y fantásticos
paisajes, algo pergueñado por Morbius para transformarse
en un Dios en su planeta. Scheib en su sitio incluye
la posibilidad de repercusiones sexuales (e incluso
incestuosas), con los exagerados celos del padre por
los expedicionarios que cortejan a su hija. Esto se
basaría en la teoría que Morbius hubiera
matado a la madre de Altaira - a través del monstruo
-. Pero la teoría de que Altaira es una creación
de Morbius a través de la máquina Krell
me resulta aún más fascinante; lamentablemente
el filme no lo explora (uno espera que en la secuencia
final, cuando el planeta estalla, Altaira se desvanezca
junto con el mismo). Y termina por caer en ciertos designios
muy propios de la sci fi de los 50 y 60, en donde
la tecnología siempre es una caja de Pandora
y termina por llevar a las civilizaciones a su propia
destrucción (un paralelismo con la entonces recien
nacida era atómica y la guerra fría).
Es un realmente un gran filme, donde pequeños
puntos flojos no desmerecen la cantidad y calidad de
ideas que plantea. Cuando supera toda la ensalada inicial
de datos, comandos y demás clisés de los
filmes de ciencia ficción en cuanto al aterrizaje,
comienza lentamente a dispararse y no para hasta el
final. Realmente atrapa al espectador a pesar de los
prejuicios que, por estética o edad, pueda uno
tener (y que están basados en toneladas de filmes
malos de clase B o Z que hemos digerido). Y se mantiene
como un verdadero y sólido clásico del
género, que merecería un reconocimiento
popular mayor que el actual. |