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Cuando el grueso del público piensa en un filme de ciencia
ficción de los 50, invariablemente se remontan a La
Guerra de los Mundos de George Pal (1953). Pero hay una gema muy
brillante, un clásico escondido por las arenas del tiempo y
que sólo los cinéfilos recuerdan (e idolatran), y es
sin duda Forbidden Planet. En la euforia encendida por el film
de Pal muchos estudios se lanzaron a probar suerte en el género
de la sci fi. Como era habitual, la ciencia ficción
era sinónimo de cine mediocre para ese entonces, y el grueso
de su producción caía en los esquemas de la serie B
y Z. Forbidden Planet es un rarísimo caso de una producción
clase A, donde la Metro Goldwyn Mayer puso una enorme cantidad
de dinero para obtener un film de factura técnica impecable.
Pero Forbidden Planet era un producto adelantado a su tiempo,
y no hubo manera de que pudiera recuperar sus costos. Era obvio;
en una época en donde el género estaba tan subvalorado,
no había oportunidad de que pudiera destacarse del resto.
Además se agrega otro factor, y es que era demasiado intelectual
para la época. Es imposible que los adolescentes que festejaban
en la platea la devastación masiva de las mantarrayas marcianas
de Pal pudieran alegrarse de igual modo (y concurrir en forma masiva
al cine de la misma forma) con un par de tipos sentados en una roca
y hablando de monstruos del subconsciente. Es demasiado profundo
para la mentalidad pochoclera norteamericana. De más
está decir, que ni la MGM ni ningún otro estudio
se aventuraría a realizar una super producción millonaria
de sci fi, al menos hasta avanzados los 60.
Es claro que con semejante presupuesto los efectos especiales son
de primera calidad. En primer lugar el C57D es un plato volador,
con lo cual superan un montón de problemas de FX de la época
(los terribles efectos de los motores, lanzando chispas y humo,
por ejemplo), además de dar señales de avanzada en
cuanto a creatividad, y por qué no, un poco de oportunismo
comercial con la reciente oleada de OVNIs que se habían comenzado
a ver sobre Estados Unidos a partir de la Segunda Guerra Mundial
(y del incidente Roswell). En segundo lugar, los escenarios están
bellamente concebidos, y realmente dan una idea de atmósfera
alienígena. Y en tercer lugar, está la experimental
música electrónica, pionera en su tiempo, que le dan
un clima hipnótico a la película. Ante los ojos descreídos
de un espectador del siglo XXI, es un filme que ha resistido muy
bien el tiempo, donde poco y nada hay para reprochar en cuanto los
efectos, los vestuarios, los ambientes, los diseños, e incluso
en el apartado científico, donde el blablabla técnico
suena bastante coherente. Es obvio que los guionistas han hecho
su tarea de investigación previa, y han mamado de toda la
sci fi literaria. La presentación de Robbie como "el
robot" es memorable (está introduciendo el término
ante el gran público), y dentro de su tosquedad Robbie se
muestra bastante práctico. Quizás haya un par de manivelas
y giroscopios de más, pero resulta bastante plausible, e
incluso hasta un seguidor de las tres leyes de robótica de
Asimov.
Pero si en el apartado técnico es encomiable, donde reside
el mayor valor de Planeta Prohibido es en cualidad como molde
del género. Es un film vastamente influencial de todo lo
que seguirá. La definición de los personajes de la
tripulación del C57D podrá tener un par de torpezas
en el guión, pero uno no deja de reconocer ciertos patrones
característicos. Sin ir mas lejos, los de Viaje
a las Estrellas. Adams es un hombre decidido, pero está
acompañado por el racionalista Doc, y termina por armar un
triunvirato con el teniente Farman a la hora de discutir lo que
sucede. Si éstas no son las raíces de Kirk, Spock
y McCoy... E incluso en la llegada al planeta, cuando la nave
desacelera de velocidad luz y la tripulación se protege en
columnas de energía es posible ver los orígenes de
los beams de teletransportación del Enterprise.
Como menciona Richard Scheib en su site, es posible convertir
toda la trama de Forbidden Planet en un capítulo de
Star Trek con mínimos cambios de vestuario y nombres
de personajes.
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Y precisamente sobre la trama, es donde reside su principal virtud
y defecto a la vez. Por más que los creativos y guionistas
pongan sus nombres, es obvio que la historia es una adaptación
de La Tempestad de Shakespeare. Morbius es Próspero,
Altaira es Miranda, el monstruo del inconsciente (o ID) es Calibán,
y la tripulación del C57D es el símil de los náufragos
que llegan a la isla paradisíaca a perturbar la armonía
en que conviven. En el filme, las tentativas de seducción por
parte de la tripulación son realmente toscas, e incluso cuando
se dispara la relación entre Adams y Altaira no hay demasiada
química entre Leslie Nilsen (el teniente Drebin!) y
Anne Francis. Lo que el guión pudo haber explorado es que Altaira
podría haber sido otro producto de la mente de Morbius, punto
que explicaremos más adelante. Siendo un muchacha inocente
en sus veinte, bien el argumento podría haber explorado cierta
perversión en la violación de dicha inocencia - no hay
diferencia entre las secuencias de los besos iniciales de Farman con
quien podría ser una niña -; pero esto sería
un punto demasiado fuerte para el puritanismo de los años 50.
Tampoco está tan bien desarrollado el súbito apasionamiento
adolescente de Altaira por Adams, cuando la reacción correcta
debería haber sido el rechazo por cualquiera de estos hombres.
Sin duda el desarrollo de las interrelaciones no es el fuerte del
guión; los cambios de comportamiento de Morbius no tienen
demasiado sentido, especialmente de quien debería ser un
ermitaño y era reacio a la llegada de las tropas al planeta.
Pero donde el guión se explaya muy bien, es en convertir
a Morbius en el interlocutor de un documental en vivo sobre los
Krell. Allí es donde el libreto florece en ideas brillantes;
la idea de una raza que ha llegado a su máximo punto de perfección,
con el dominio de todo a través de máquinas que operan
con la mente, y que terminan por autodestruirse ya que las emociones
enterradas en el inconsciente también terminan por dominar
a dichas máquinas. El paseo de Morbius y Adams por las instalaciones
Krell es fabuloso, genera una verdadera sensación de asombro,
sea por lo visual o por lo laborioso que los rudimentarios técnicos
de la época debieron aplicar para conseguir el efecto. Hay
todo un maravilloso discurso de Morbius que - mas allá de
su blabletería técnica - tiene suficientes
puntos de contacto con conocimientos que el espectador posee y que,
por lo tanto, puede seguir el razonamiento. Pero a veces el filme
se dispara demasiado en tal sentido - es una catarata de conceptos
que pretende instruir, y los lanza casi todos en esa larga secuencia
- y aturde un poco.
Y si la teoría que concibe es fascinante y sólida,
no menos asombroso resulta la factura de lo que sería la
historia paralela, y que tiene que ver con el monstruo de la ID.
Lamentablemente Fred McLeod Wilcox filmaría un drama más
y fallecería en 1964, pero demuestra en esta película
que era un artesano más que competente y que debería
haber rodado más sci fi. Los ataques furtivos del
monstruo Krell están hechos con suspenso, y sigue conductas
bastante lógicas. La reacción de la tripulación
es la de esperarse, y no es la vulgar carne de cañón
de los filmes de monstruos. Y si bien la aparición del monstruo
tiene algo de risible - tanto el monstruo como los rayos laser y
el beam de descenso de la nave son "dibujos animados"
de un artesano prestado por la Disney -, al menos en su accionar
tiene el tino de liquidar a un par de expedicionarios como para
cortar la posible risa del público. Pero por suerte el monstruo
aparece muy poco, y sobre el final, es su presencia invisible la
que acosa a la mansión de Morbius (doblegando las planchas
indestructibles de metal Krell). Como siempre es más efectivo
lo que no se ve, que aquello que se sobreexpone y encima no está
tan bien diseñado.
Lo que falla también es en cierta medida su final. Adams
y Doc van a "mejorar su intelecto" con la máquina
Krell (Morbius lo hizo y por eso es más inteligente que el
resto de los humanos). La prueba sale mal, Doc muere pero descubre
que la máquina tambien dispara el desarrollo del inconsciente,
y eso es lo que manipula el generador de energía Krell. En
todo su ataque de odio por la invasión de Adams y su tripulación,
Morbius termina por materializar inconscientemente al monstruo,
que viene a castigar a Altaira y Adams. Allí es cuando Adams
le transmite sus deducciones a Morbius. En primer lugar no resulta
claro por qué Adams y Doc querían mejorar su coeficiente
intelectual - en todo caso es un truco del guión para traerlos
al mismo escenario que el resto de los personajes -. Y en segundo
lugar, tampoco es claro por qué Morbius rechaza la partida
de Altaira. En realidad, y por todos los datos que tira el libreto,
Altaira puede dar para varios significados: ya que su origen es
misterioso - madre muerta junto con el resto de la tripulación
- es la protegida de su padre y escapa a las iras de su inconsciente;
o, lo que podría haber resultado mejor, podría haber
sido una creación de la mente conjuntamente con todo el
"paraíso terrenal" de animales salvajes inofensivos
y fantásticos paisajes, algo pergueñado por Morbius
para transformarse en un Dios en su planeta. Scheib en su sitio
incluye la posibilidad de repercusiones sexuales (e incluso incestuosas),
con los exagerados celos del padre por los expedicionarios que cortejan
a su hija. Esto se basaría en la teoría que Morbius
hubiera matado a la madre de Altaira - a través del monstruo
-. Pero la teoría de que Altaira es una creación de
Morbius a través de la máquina Krell me resulta aún
más fascinante; lamentablemente el filme no lo explora (uno
espera que en la secuencia final, cuando el planeta estalla, Altaira
se desvanezca junto con el mismo). Y termina por caer en ciertos
designios muy propios de la sci fi de los 50 y 60, en donde
la tecnología siempre es una caja de Pandora y termina por
llevar a las civilizaciones a su propia destrucción (un paralelismo
con la entonces recien nacida era atómica y la guerra fría).
Es un realmente un gran filme, donde pequeños puntos flojos
no desmerecen la cantidad y calidad de ideas que plantea. Cuando
supera toda la ensalada inicial de datos, comandos y demás
clisés de los filmes de ciencia ficción en cuanto
al aterrizaje, comienza lentamente a dispararse y no para hasta
el final. Realmente atrapa al espectador a pesar de los prejuicios
que, por estética o edad, pueda uno tener (y que están
basados en toneladas de filmes malos de clase B o Z que hemos digerido).
Y se mantiene como un verdadero y sólido clásico del
género, que merecería un reconocimiento popular mayor
que el actual. |
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